¿Será que quedamos atrapados en una infernal màquina del tiempo? ¿Quizás alguna maldición cronológica ha revertido el pasado hacia nosotros? La luz es un lujo en nuestras ciudades principales. Nueva York y Caracas tuvieron luz eléctrica al mismo tiempo por allá por el siglo XIX. Ahora tener agua por acueducto es cada vez más una función de la suerte, o del milagro de un sistema en agónico deterioro. No más información independiente. Ni televisión, ni telefonía, ni Internet libre. Solo se tendrá la opción que venga del narcoestado. Del combustible algo queda diésel, y nada de gasolina. Esta solo se consigue a precio de guerra, mediante las corruptelas, las colas y el tráfico de influencias con el narcopoder. A cocinar “ecológicamente” con leña.

Sobre la crisis de la pandemia, en el país se oculta la realidad de las cifras de casos. La verdad murió mucho antes que el virus chino llegara a Venezuela en auxilio del régimen del títere, para terminar de liquidarla. Solo cabría que un Ejército Libertador, valiente y decidido, salvase a su pueblo. Tendría que tomar control del país, y formando con las mejores mentes un gobierno de salvación nacional, sin pensarlo dos veces, asumir la captura y entrega de los traidores a la justicia internacional, procediendo así a la liberación de la nación.

El sistema de salud pública de Venezuela está demolido. La crisis terminal apenas empieza. Aún podemos evitar un genocidio más profundo. No solo son los hospitales. Cuando digo sistema de salud ello incluye varios subsistemas como el de abastecimiento de alimentos, medicinas, atención medica primaria, preventiva, vacunación, agua potable y transporte oportuno. Todo ello va conformando bombas que explotan cada día, a cada instante. Es una guerra sórdida que va matando de mengua a la nación que permanece en el territorio, pero también a aquella que dejó sus viviendas para hacinarse en el extranjero al partir a un exilio en precarias condiciones. En la huida en búsqueda de soluciones e ingresos para alimentar a los familiares que se quedaron en el país secuestrado por los Castro ahora, echados a la calle sin trabajo, no puede ni ayudarse a ellos mismos

Hace cien años habíamos comenzado a vivir principalmente del petróleo. Para 1920 Venezuela lo exportaba con valor de un dólar el barril, y se convertía en nuestra principal fuente de divisas. Aquel país rural, agrícola y de un solo caudillo había comenzado realmente la integración territorial para la vertebración de un Estado republicano.

Desde que Cipriano Castro logró entrar a Caracas, con su Revolución Restauradora iniciada en 1898, luego de diez años (1898-1908) junto a su compadre Juan Vicente Gómez, este, quien fue un verdadero jefe de Ejército en Venezuela, tomó control del país hasta su muerte. Gómez tuvo la capacidad de dominio para imponer un orden territorial interno, un orden en las finanzas públicas, que Cipriano Castro había descuidado, y generar orden desde un gabinete de hombres instruidos para una naciente Administración Pública.

A pesar del avance de un orden republicano producto de aquellas dictaduras, la generación de jóvenes con ideales y pensamiento crítico universitario lucharon con valores de honestidad intelectual y amor patriótico desde cada una de sus trincheras, de formaciones socialdemócratas, socialcristianas o romanticismo pro comunista.

Como creo haberles comentado antes, nací en democracia. A ella me siento inseparablemente unido. Aprendí que desde que Colón puso sus pies en nuestra hoy mancillada Venezuela bautizada entonces por él “Tierra de gracia” , de 1498 y hasta 1998 cuando llegó al poder el traidor a la democracia Hugo Chávez, de esos quinientos años solo cuarenta (1958-1998) tuvo aquella continuidad de ensayo democrático una oportunidad. Como es necesario reiterar, esa Constitución de 1961 fue la más duradera de las 27 constituciones de nuestra historia. Solo durante 8% de tiempo pudimos acordar, y casi defender una Constitución para una democracia perfectible, que luego dejamos perder.

Hoy toda esa edificación republicana, y el esfuerzo de creación del Estado democrático está destruido. Corroído está el acero de las columnas que yacen demolidas. Las bases de aquellas fundaciones están prostituidas.

Es preciso comprender que nuestro país fue intervenido por el afán de poder de un extemporáneo caudillismo demencial. La corrupción que arropó la sociedad de cómplices que hasta hoy se ha fortalecido cada vez más, y que le dio oportunidad a Hugo Chávez de llegar al poder. Esa que escogió puso en posición al “canciller Maduro” y luego lo convirtió en seudolíder “caudillo del siglo XXI” de “Cubazuela”.  Fue todo aquello, y más, lo permitió que se le manejara luego como un títere de intereses mundiales que desde Cuba con la maestría de Castro para hacerse parte de un orden mundial de supuestos intelectuales y buscadores del “mar de la felicidad para todos”, mientras hacían sus negocios y se manoseaban entre reyes, grandes banqueros lavadores de dinero sucio, mafiosos, religiosos, narcotraficantes, drogadictos, dipsómanos y proxenetas. Cuba, la isla donde desde esa “proxenetería de altura” se constituyó en base geoestratégica comunista, de perturbación e infección de los Estados Unidos de América, y de toda América, hasta nuestros días.

¡Hay que recomenzar de nuevo! Sobre nuestro mismo territorio, que es necesario primero liberar. Con nuevo rumbo y dirección. No se trata de sabios sino de hombres buenos y valientes. No se trata de caudillos sino de dirección con claridad de propósitos y sentido de trascendencia. El coraje de nuestro pueblo bien guiado no fracasará. Es hora de hablar con claridad meridiana. ¡Nótese que las letras aunque sean las mismas colocadas de modo diferente dicen otra cosa!

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@gonzalezdelcas


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