Iosif Stalin

A propósito del 70 aniversario de la muerte de Stalin, desde la Federación Rusa se propaga el culto al georgiano en los Partidos Comunistas sobrevivientes en el mundo entero, tratando de conectar el curso imperialista de la URSS con la guerra que inició el Kremlin contra Ucrania, encabezada por Putin.

En realidad, así sería la performance del llamado “Padre de los Pueblos”, cuyo desarrollo representa a un personaje de limitadas condiciones como político hasta pocos meses antes de la Revolución de Octubre, que ni siquiera era miembro del CC del partido bolchevique. De allí su andar rastrero, conspirador, especialista en tramar emboscadas en función de alcanzar el poder. Como vemos, una “cualidad típica” de los de su estirpe

De esta manera, aprovechó las consecuencias de la guerra civil (1917-1924) y los inicios precarios de la Revolución rusa para ascender y desplazar primero a la oposición de izquierda,  entre ellos los más prominentes Karl Radek y Evgenii Preobrazhensky, a quienes hostigó y asesinó, como el caso relevante de León Trotsky en 1940. Luego, en los procesos de Moscú en 1936 condenó a pena de muerte a los reformistas calificados por él como oposición de derecha, Lev Kamenev , Gregory Zinoviev y Nicoali Bujarin, para de esta forma borrar la historia del partido bolchevique a cuya dirigencia por su intelecto él despreciaba.

Ese curso criminal de imponer sus diktaks lo conllevó a desatar el Holodomor ucraniano en 1933, iniciado en 1929 por el dictador soviético al imponer una enorme colectivización del campo. Ese proceso obligó a millones de campesinos a entregar sus tierras, siendo el resultado una hambruna de dimensiones nunca vistas que registró la muerte de aproximadamente 5 millones de personas.

En la tradición rusa el culto a la personalidad no solo pasó por Stalin, también por los zares la cultivaron tras siglos de dominación, una de sus principale ciudades de 1703 a 1924 se llamó San Petersburgo De 1914 a 1924 se llamó Petrogrado De 1924 a 1991 se llamó Leningrado, de 1991 a la actualidad se llama San Petersburgo. San Petersburgo fue la capital de Rusia de 1712 a 1918.

El curso de la II Guerra Mundial afianzó el curso del culto a la personalidad hacia el dictador soviético, hasta que el 10 de noviembre de 1961, la administración de Nikita Khrushchev cambió el nombre de la ciudad a Volgogrado («Ciudad del Volga») como parte de su programa de destalinización tras la muerte de Stalin. los dirigentes soviéticos tardaron tres años en distanciarse del «culto a la personalidad de Stalin», en febrero de 1956, y no fue sino hasta la década de 1960 que se expuso públicamente por primera vez lo que realmente era Stalin: un asesino de masas con el informe Khrushchev.

En resumen, los historiadores calculan que hasta 40 millones de personas fueron víctimas del terror: se las ejecutó, se las hizo morir de hambre, se las asesinó o se las dejó lisiadas. Hubo deportaciones masivas -la punta de lanza de la cultura rusa- y destacados escritores, poetas, actores, científicos, directores, fueron denunciados como «enemigos del pueblo», para luego ser torturados y asesinados.

Por si fuera poco, en febrero de 2023, para conmemorar el aniversario de la batalla, Volgogrado incluso pasó a llamarse Stalingrado por un día. «Podrían haber rebautizado la ciudad con el nombre de Putingrado ya mismo», dice Rastorgueva. Para ella, la inauguración del monumento a Stalin es «una prueba de la nueva forma oficialista de interpretar la historia».

La lógica detrás de esto es la siguiente, indica la periodista: «La victoria en la Segunda Guerra Mundial es el último denominador común, la última baza de la propaganda rusa, porque ahora mismo todo parece bastante triste en Ucrania. ¿Y quién ganó la guerra? Stalin. ¿Y quién es el Stalin de hoy? Pues, ¡Vladimir Vladimirovich! Putin es nuestro Stalin, ¡con él ganaremos!».

En definitiva es el culto a la personalidad y la propagación de un modelo contrario a la democracia, asumido por China igualmente y otras regiones de Asia. Resulta tragicómico para nuestro país, Venezuela, la actitud de Superbigote, que se ufana de parecerse a Stalin, incluso con el método de aplastar rebeliones y no entregar el poder con elecciones democráticas.


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