Dedico este artículo, con sumo orgullo, y a la vez humildad, a uno de los catedráticos más brillantes que a nivel internacional he tenido el privilegio de conocer: al profesor venezolano Dr. Miguel Rodríguez Fandeo.

Todo cuanto existe en el Estado venezolano de hoy ha sido impregnado con el maloliente aroma narcocriminal del Estado castromadurista. Así no solo se asfixió la esfera pública, para manipularla y robar a sus anchas de todas las empresas estatales, sino también, con su intervención en las empresas privadas venezolanas, demoler la economía nacional junto al aún inacabado modelo constitucional de 1961.

¿Por que no terminó de ponerse los pantalones largos aquel prometedor, y aún hasta entonces rescatable sistema político-económico y social? Les invito a compartir la siguiente reflexión.

El enfrentamiento fratricida por el poder político, desde y fuera de las esferas partidistas hace parte, sin dudas, de la respuesta a la anterior interrogante. Pero no fue solo eso del consabido manoseo al incompleto Estado democrático para lucrarse. No solo fueron los grupos de poder que antepusieron sus privilegios por encima de las libertades económicas, políticas y sociales del país.

Pienso en verdad que no se comprendió que aceptando renunciar a ciertos privilegios grupales, y de conductas personales ventajosas sobre las normas de un Estado moderno para todos, y de fehaciente igualdad de todos frente a la ley, ganábamos todos.

Hoy, de hecho, prácticamente todos los actores realmente democráticos aceptan, dentro del diagnóstico, que hubo mala praxis política del cómo y lo tardío del cuándo se debieron acometer las reformas económico-políticas indispensables al sistema venezolano. También, sobre cómo debieron salvarse diferencias respecto de naturales desacuerdos en perspectivas y otras concreciones, al tiempo de acometer tales reformas.

Grave factura nos ha pasado el “por ahora” de la traición chavista; que no ha terminado aún, después de la gran farsa de hablarnos inicialmente de una suerte de “tercera vía”. Aplicando la vieja idea comunista del engaño y del reinventar la historia como mecanismo de confundir continúa dividiéndose permanentemente para seguir gobernando. Nos derrumba próceres como José Antonio Páez, cuando sin él probablemente no hubiera habido patria en Carabobo. Eleva a la categoría de héroe al bandolero Zamora. Mientras tanto, nosotros actuamos sin siquiera respetar los aprendizajes y logros en nuestro anterior modelo de democracia.  No practicamos una básica y buena discusión interna en los partidos existentes. Solo suertes de neocaudillos se expresan cual poseedores de verdades absolutas. Aquel sistema de partidos arrancó con limitaciones importantes, no lo desconocemos, pero se decidió a avanzar bajo el respeto a los propios mecanismos y garantías establecidos en su Constitución de 1961, que resistió casi cuatro décadas. Luego la abandonamos por el oportunismo.

El sistema al lanzarse a ejecutar en 1989 reformas efectivas y eficaces, para dar respuestas a las demandas de mayor libertad y prosperidad al alcance de todos los ciudadanos, enfrentó la manipulación, acompañada de la traición por intereses subalternos y personalistas, más que partidistas. Ello sin duda dio al traste con lo que pudo ser una real oportunidad de cambio hacia el progreso en libertad económica, social y política de la nación venezolana.

Lo que debe ocuparnos ahora es la claridad de nuestros futuros programas venezolanos, con un grado de consenso necesario, con nuestros profesionales y nuestro pueblo. Con la indispensable cooperación internacional, por supuesto, para construir nuestro nuevo modelo democrático libertario.

La idea del mercado como suerte de  vacuna eficaz contra el Estado concebido como letal coronavirus, fue, y es una distorsión interesadamente creada para obstaculizar la comprensión, y por tanto correcto manejo del concepto de la relación vital entre dos instituciones fundamentales para el desarrollo continuo de una sociedad civilizada y próspera: Estado y mercado.

A través de los siglos de discusiones de economistas y filósofos, desde Adam Smith (1723-1790); Karl Marx (1818-1883); Carl Menger (1840-1921); Keynes (1883- 1946), Hayek (1899-1992); Friedman (1912-2006) y hasta hoy día con el profesor bengalí Amartya Sen o el venezolano Miguel Rodríguez Fandeo, por mencionar algunos notables que se me vienen a la mente, nos han permitido comprender, y se da por descontado, que la construcción de la sociedad próspera se realiza a través del trabajo y el conocimiento. La suma de talentos y esfuerzos productivos que hacemos  todos los seres humanos mediante conocimiento y tecnología nos distinguen como agentes de transformación de nuestro entorno y realidad. Sin embargo, solo una sana relación entre adecuadas instituciones civilizadoras creadas por el propio ser humano para dirimir sus complejas relaciones, pueden llevarnos a la salud, a la prosperidad y al bienestar compartido.

La libertad individual, como principio originario consustancial con la vida misma, basado en el “derecho al libre albedrío”, nos debe impulsar ahora a retomar las riendas de una suma de voluntades libertarias para movernos hacia el fortalecimiento de una nueva alianza internacional de mayor y mejor promoción del cambio. A través del conocimiento y la capacitación de ciudadanos, dentro de su propia realidad y vivencias, construir soluciones específicas para cada cultura. Para  su propio entorno socioeconómico y ambiental. Para obtener su particular desarrollo libertario.

No debemos aceptar la permanente propagación del virus de dominación totalitario en nuestras vidas, en nuestras sociedades. Ni de gobiernos impuestos por políticos corruptos, ni desde más cercanos territorios o culturas como la cubana, ni en las aparentemente más lejanas como la china o la iraní. Esa técnica ya empleada en Venezuela de derrumbar la estatua de Colón, luego el desenterrar a Franco en España, y hasta el ataque de estatuas de auténticos próceres de la libertad como fueron Washington y Jefferson en los Estados Unidos de América, nos dejan ver las costuras de un violento y deliberado intento de avance del sistema de dominación totalitario que pretende derrumbar realmente nuestros valores y principios libertarios para la justicia y la felicidad de nuestra naciones.

[email protected]/@gonzalezdelcas


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