Si nos preguntan, diríamos que toda esta locura que en los últimos días se ha desatado en el país parte del cambio de estrategia de la dirigencia opositora liderada por Guaidó y el G4. Ha sido alto el costo político por haber dejado de lado el cese de la usurpación a cambio de llegar a entendimientos con el régimen para que se realizaran elecciones parlamentarias y no presidenciales. Así se abrió la caja de Pandora y desde entonces salió el mal de la locura para hacer de las suyas.

Ese trueque táctico, que incluía hasta la conformación de un inimaginable cogobierno, comenzó a materializarse con: a) El reconocimiento e incorporación de la banca oficialista a la AN. b) La designación conjunta del Comité de Postulaciones Electorales. c) La designación conjunta de un nuevo CNE; y d) El pronunciamiento de esa oposición (Guaidó y G4) para participar en las parlamentarias, dejando de lado al cese a la usurpación, tácitamente renunciando así a las presidenciales. Todos hechos muy públicos y notorios que no dejaban lugar a dudas.

A la par de esos pasos iba quedando a la vera del camino el apoyo popular a esa dirigencia opositora; se terminó de vaciar la calle, dejando a muchos escépticos y desengañados en sus casas. Poco importó esta consecuencia, y ya para comienzo de año la mayoría de las organizaciones políticas opositoras habían decidido participar. Ya venían “aceitando” sus maquinarias electorales y se dejó clara que esa era la vía; incluso, en los actos en los cuales se exhibía esa fortaleza electoral, se llegó a contar con la participación y visto bueno del presidente interino. Hubo declaraciones muy explícitas y contundentes de representantes de partidos que se rasgaron las vestiduras por la participación en el evento parlamentario porque “no había de otra”, ya que era lo que estaba establecido en la Constitución. Otros jefes políticos guardaron discreto silencio y muy pocos -en aquel entonces- se pronunciaron en contra de esa participación.

Así quedó inoculado el mal, esa locura no ha logrado curarse con la contramarcha de decisiones tomadas y no cumplidas. Se especula que en ello privó la presión internacional con sus sanciones. El apoyo de los aliados -por ahora- se mantiene quién sabe hasta cuándo, pero adentro ya el daño estaba hecho y sigue causando efectos nefastos.

¿Cuáles son?: a) La desconfianza en la dirigencia opositora ante su cambio de estrategia de no participar cuando ya lo habían decidido. – b) El incremento de esa desconfianza por la decisión de consultar la “ratificación” de la estrategia del cese de la usurpación y la no participación en un fraude. Esa ruta pareciera no estar tan clara cuando, en condiciones menos viables, se señala que la consulta es para preguntar cómo lograrla, después que han pasado 19 meses de haberla propuesto.- c) Un mayor debilitamiento de las ya precarias organizaciones políticas, que no se fortalecieron por sí mismas, erradicando hegemonías y restituyendo su democracia interna.- d) La migración de partidarios que están montando tienda aparte para participar, justificándose en que esta participación había sido la decisión de toda la oposición y que los ahora abstencionistas no la han honrado.- e) El aumento de la incertidumbre por el “día después”, con sus muchas interrogantes sin respuestas claras sobre el futuro de la actual AN, sus diputados y el presidente interino, si estarán aquí o en el exilio; o si seguiremos con dos asambleas y dos mandatarios. Una más, ¿Hasta cuándo esta situación?

Se ven venir muchas otras cosas que pondrían a una mayor prueba a la oposición de Guaidó y el G4. Guste o no, lo de María Corina Machado ha calado hondo y debe llamar a reflexión, como también la posición firme y condicionada de Ledezma a la hora de contar los cañones de un “pacto unitario” que pierde terreno por el escepticismo de gran parte del país. En estos se encuentra representada la oposición radical, genuinamente abstencionista.

En medio de esta situación, el inminente pronunciamiento de Capriles en participar tendría una gran connotación. Ha sido dos veces candidato presidencial único de la oposición unida. Pudiéramos decir que entraría al club de los ex candidatos presidenciales participantes que integran: Claudio, Eduardo, Falcón y el minúsculo Bertucci. Seguramente se apoyarán en algunas señales que este régimen usurpador ha venido enviando, entre ellas: la disolución engañosa de la ANC, puntuales medidas humanitarias a presos políticos y la discrecional liberación de otros mediante un “indulto” que se extendió a otros procesados no sentenciados; así como a algunos investigados, perseguidos y no perseguidos.

Desafortunadamente, la participación de esa oposición electoralista le daría a Maduro el indeseado chance a que termine su mandato, pero es el mismo chance que desde el principio le dieron los ahora no participantes que desataron la locura electoral. A esta oposición  no participante la lideran algunos que hoy esgrimen la falta de condiciones electorales, que antes poco les importó, para tapar el temor a las sanciones. Da para pensar, en esta situación, que dentro de ambas oposiciones hay quienes no están libres de pecado y puedan lanzar la primera piedra.

Debemos ser conscientes de que esta es la fotografía de lo que hoy es esta nuestra cruda y demencial realidad. Con tres oposiciones no saldremos de este régimen, salvo que suceda un evento casi milagroso que nos saque de tamaño manicomio y nos regrese a la cordura, con la honestidad, coraje, coherencia y desprendimiento que los padres de la democracia venezolana tuvieron en su lucha contra Gómez, Pérez Jiménez y la guerrilla castrocomunista. Así lo desea la mayoría de los venezolanos.


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