Dedico este artículo, agradeciendo la oportunidad a El Nacional, a todos aquellos quienes, dentro y fuera del país, han luchado colocando primero a nuestra nación venezolana, y su sufrimiento, por encima de subalternos intereses particulares. A todos los países de nuestra América, en especial a Estados Unidos, y a su actual gobierno, bajo la presidencia de Donald Trump, por sus esfuerzos en encontrar salidas a la tragedia humanitaria que se sigue agravando hoy en Venezuela, y junto a la de los hermanos países vecinos que han estado recibiendo a cientos de miles de nuestros inmigrantes, día a día.

Venezuela no admite más demoras en la implementación de una, más que muy importante, vital agenda de asistencia humanitaria al pueblo venezolano. La reparación a las víctimas, y el inicio de la construcción de confianza en la justicia, para el regreso progresivo de decenas de miles de ciudadanos a sus hogares, junto al proceso integral de reinstitucionalización democrática ¡debe producirse ya!

La cesación inmediata de la usurpación, mediante el establecimiento por parte de la Asamblea Nacional de un “gobierno transitorio de unión nacional” que allane el camino para la reconstrucción económica, con un plan de inversiones y empleos, tendrá necesidad de una indispensable fase de fuertes subsidios en programas sociales de atención a preescolares, niños y adolescentes, para un importante regreso a la mejor educación posible, junto a la asistencia preferente a maestros y trabajadores todos del sistema educativo público y privado, así como a la salud pública, preventiva y curativa.

La reconstrucción de las infraestructuras y de los servicios públicos del país tendrán que tener un exitoso e inmediato reemprendimiento. El proceso de normalización y de atención de las necesidades básicas insatisfechas descansará sobre el supuesto de un rápido acometimiento de tales acciones de mejoramiento continuo de lo existente ((acueductos, electricidad, vías y sistemas de  transportes, saneamientos) en tanto que se activen inversiones de sustitución y modernización con nuevos actores para un distinto modo de concebir y adelantar programas de desarrollo mediante asociaciones público-privadas, creando nuevas realidades en obras públicas y servicios, en una suerte de huida hacia adelante desde un Estado todopoderoso (remador) y concentrador de procesos, hacia un Estado concertador (timonel) del “plan de promoción y desarrollo de una economía libre con sociedad independentista”.

La reedificación de la estructura completa del Estado tendrá que esperar otra fase posterior, luego de la realización de elecciones libres. Esto tendría que ocurrir después de prepararse cabalmente los mecanismos que garanticen el efectivo cumplimiento de condiciones de transparencia y apego a la verdad de los resultados; tales como contraloría y actualización del registro electoral existente, dentro y fuera del territorio. Esto implicará el establecimiento de todo un sistema que asegure la protección del derecho del legítimo votante a elegir libremente, sin coacción, amenaza o temor a fraude.

No nos es ajena la realidad del entorno de conspiración criminal que nos rodea en Venezuela y en el mundo. No nos es incomprensible los temores que anidan en muchos de nuestros buenos ciudadanos, dentro y fuera del país, sobre la cuasi imposibilidad de crear condiciones de legitimidad democrática a partir de una transición en la que algunos actores criminales aspirarían a la impunidad total para pactar y permitir en paz la reconstrucción de nuestra patria. Apelo al sentido de madurez e inteligencia integral: conciencia venezolanista, conocimiento, coraje y calidad humana para que vayamos hacia adelante dándole una oportunidad a la reunión del deseo de volver a tener un país para todos los que de buena voluntad acuerden avanzar hacia la solución progresiva de nuestra tragedia.

Desatar el nudo gordiano  o romperlo con la espada como lo hizo Alejandro Magno, en Frigia, actual Anatolia en Turquía, han sido alternativas desde el comienzo del desastroso caso venezolano, y que aún lo son. Según logremos entender hacia dónde se hace necesario movernos para soluciones con audacia, y a la vez con la cautela, estaremos más cerca o más lejos de una solución duradera. Ello nos lo continuará demostrando la realidad a cada paso. Si existe voluntad política, la cual exige a su vez una gran madurez personal para escoger opciones, se continuaría abriendo, desde la Asamblea Nacional de Venezuela, una oportunidad que significaría un auténtico movimiento hacia el logro de la Venezuela de libertad, justicia y prosperidad que para todos anhelamos. La abrumadora mayoría de ciudadanos venezolanos desea la paz con orden y justicia. Ello implicará reevaluar pasadas posiciones de varios actores estratégicos, tales como las propias fracciones de la Asamblea Nacional, los integrantes del Tribunal Supremo de Justicia y las Fuerzas Armadas de Venezuela.

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