La realidad es que el responsable de esta inmensa tragedia, Nicolás Maduro, sigue ahí, usurpando el poder. Por eso el dólar se dispara, sube y sube, y como si hablara, nos hace sentir que es imparable. ¿Y por qué? Porque Maduro sigue usurpando el poder.

Mientras esa sea la realidad, la inflación seguirá ¡viento en popa! Nada más en el mes de agosto la devaluación superó 100%. Eso es descomunal, no hay salario que resista esa embestida, menos en un país donde las remuneraciones están por debajo de lo que se denomina “salarios paupérrimos”. “El mingo de la mesa”, o sea la comida, las medicinas y los servicios, se alejan, son inalcanzables. El paralelo hace estragos. El huracán Dorian es pequeño si lo comparamos con el «huracán Maduro», que sigue fijo en el territorio nacional, destrozando lo que queda a su paso.

No hay que ser economista ni clarividente como los analistas que se adelantan a decirnos lo que va a suceder en los próximos años, para advertir que no habrá receta de ningún iluminado economicista que nos ayude a detener la hiperinflación. Mientras Maduro siga usurpando el poder, los desequilibrios se agudizarán porque seguirá imprimiendo dinero inorgánico, seguirá endeudando a la nación, aunque digamos que no es presidente legítimo, pero él se las arregla para conseguir préstamos a costa del desangramiento de lo que nos queda de país. Para un sátrapa sanguinario como Maduro lo que cuenta es poder seguir pagándole a sus proveedores, no importa si el dinero que usa va a profundizar la crisis de esa pobre gente que exclama, asombrado: ¿Un kilo de papas a 30.000 bolos?

La realidad es que Maduro dolariza la economía nacional y que ese signo monetario, que simboliza al imperio que tantas veces acusa de “maluco”, es ahora el regidor de las transacciones en bodegas, abastos, supermercados, farmacias y talleres mecánicos. En medio de esa calamidad cada quien susurra “sálvese quien pueda”. Venezuela sigue en una recesión que no será revertida mientras Maduro continúe usurpando el poder. Las reservas internacionales lucirán cada día más raquíticas y no recuperarán peso, sino después de que Maduro sea expulsado del poder que usurpa.

Pero eso le resbala a Maduro, porque él y su camarilla cuentan con los dólares que produce el cada día más rampante narcotráfico. Si en el año 2018 fueron más de 240 toneladas, este que corre y el que viene serán más de 300 toneladas y con esos réditos más los dólares que obtengan con el trueque de oro, a precio de remate, con sus aliados como Turquía, China, Rusia e Irán, Maduro “tendrá sencillo» para remediar las emergencias.

La guerrilla colombiana seguirá “como Pedro por su casa”, mientras Maduro usurpe el poder.  Sus panas de Hezbolá también serán intocables.

Podemos seguir gritándole al mundo que nos morimos de hambre y la ONU seguirá también contradiciéndose porque un día declara que “nuestra emergencia es compleja” y otro día nos saca de “la lista de los países con peores crisis migratorias”. Migración que no parará mientras Maduro usurpe el poder.

Por eso nuestro mensaje a Juan Guaidó, a casi 8 meses de haber dado el paso de asumir el artículo 233 constitucional, para que tome en cuenta esa sentencia popularizada en una canción: “Dios perdona, pero el tiempo no”.

Es hora de justificar la aplicación del concepto de Responsabilidad de Proteger, del TIAR y de activar el artículo 187.11 de la Constitución.