1.     En el país hay crisis de confianza. A Maduro y a su banda no les cree nadie porque, como dije alguna vez, mienten hasta cuando dicen la verdad. Si hablan es porque quieren ocultar algo; cada gesto es un engaño; cualquier saludo es para centrar la atención en la mano que se agita mientras se mete la otra mano en tu bolsillo. Ni siquiera las alzas de salario son creíbles porque se sabe que los precios se van arriba antes de llegar el aumento. El país no cree en quienes controlan el poder ni en su sangriento teatro.

2.     Para su designio de control se han valido de todos los recursos, uno de los cuales es el lenguaje. Mediante su uso cínico moldean realidades a la carta. Así, la malvada operación de mayor empobrecimiento de la cual se tenga memoria en Venezuela se hace en función de la redención de los pobres; apresar a unos cuantos rojos disidentes en nombre de la lucha contra la corrupción es el velo que pretenden sobre el robo masivo de los dineros de la República; capturar unos kilos de droga es la socarronería que envuelve el tráfico impune. Muchas veces las torceduras del lenguaje envuelven a la oposición; basta pensar que algunos audaces e ignorantes creen que Chávez se ocupó de los pobres.

3.     La tenaz crisis de confianza también abarca a las variadas manifestaciones opositoras. En la oposición no hay unidad porque no hay acuerdo y una razón fundamental para que no haya acuerdo es que no hay confianza. La historia de los años recientes es que muchos de los aliados más cercanos no han cumplido sus compromisos mutuos y lo que sigue es cuidarse del cercano tanto como del contrario, porque a veces se está más próximo a la daga del vecino que a la escopeta enemiga. El elemento central de esa terrible y profunda crisis de confianza es la pérdida del valor de la palabra. Se asegura algo hoy, pero mañana se incumple.

4.     Esta pérdida de confianza es equivalente a la pérdida de certidumbre. Cuando no existen certezas mínimas y los destinatarios se sienten engatusados se produce la distancia, comienza el desamor y, finalmente, a nada de lo que provenga de las fuentes mendaces se le otorga aval alguno.

5.     Esa y no otra es la fuente de la crisis opositora. No es verdad que los ciudadanos se encuentren atrapados en el cuento de la salida rápida: en 20 años se aprende con el cuerpo y con el alma que las salidas no son rápidas. El problema es el de las ofertas engañosas. Haber trastrocado el “cese de la usurpación” por otros objetivos (diálogos, elecciones con el régimen, mamarrachadas como la del 30 de abril) produjo una irreversible pérdida de confianza.

6.     Los mismos actores en el mismo escenario no pueden recuperar la confianza muerta. Solo un escenario diferente y un arreglo diferente de actores puede no recuperar sino construir una nueva confianza. Otra. Eso sí, si se mantiene la palabra.


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