Por la debilidad humana de querer ser rico sin trabajar ni producir nada, obteniendo dinero fácil y rápido, desde tiempos remotos los alquimistas trataron de convertir plomo o mercurio en oro y las monedas han sufrido falsificaciones y fraudes, sin olvidar que estafadores, falsificadores y especuladores, pudieron hacer lo que no lograron los alquimistas: “convertir papel o dígitos binarios en ¿oro? para engañar a los incautos”.

Durante el imperio romano de 15 siglos (27 a. C. hasta 1453) se usaron monedas de: oro, plata, cobre o bronce y se limaban las piezas para quitarles parte del contenido o se disminuía el peso o las proporciones de los metales nobles, siendo esas prácticas causantes de inflación y de la caída del imperio.

Dante Alighieri en la Divina Comedia, publicada en los años 1300, asigna la décima fosa del octavo círculo del infierno para castigar a los tramposos, pero a los falsificadores de monedas les completaba el castigo con sed insaciable e hidropesía, que es una enfermedad desfigurante al inflar como sapos a las personas, quizás en alegoría a la inflación que sufre la economía, por el manejo de dinero sin valor.

En Inglaterra, a causa de la existencia de muchos falsificadores, en 1696 a Sir Isaac Newton, padre de: la física clásica, la teoría gravitatoria y el cálculo diferencial, se le asignó el cargo de director de la casa de la moneda y ahí propuso una paridad oro/plata, sugirió hacer marcas en los bordes de las monedas y envió a varios falsificadores a la horca; pero a pesar de ser un científico, en 1721 perdió 20.000 libras que había invertido en bonos de deuda, con la burbuja especulativa de los mares del sur, afirmando: “puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente”.

David Hume filósofo inglés, en 1752 inspirado por las investigaciones de Newton propone el patrón oro clásico, mediante un mecanismo flujo especie-dinero, para mantener la inflación relativamente estable y generar equilibrio en la balanza de pagos entre países, pero con la excusa del riesgo en el transporte del oro, los bancos centrales se quedaban con él y entregaban pagarés que eran promesas de redención con oro físico y así nace el concepto de reserva fraccionaria, que consiste en hacer promesas de pago por encima de los montos de las reservas reales, creando un tipo de dinero inorgánico, que luego originó el dinero fiat sin respaldo.

El patrón oro estuvo vigente en el siglo XIX hasta 1914, cuando las monedas colapsaron por la primera guerra mundial, aunque en el período entre guerras algunos países regresaron al patrón oro, pero con la segunda guerra mundial las monedas quedaron nuevamente destruidas y en 1944 con los acuerdos de Bretton Woods, se implantó el patrón dólar redimible por oro hasta 1971 y a partir de ese año, todas las monedas de reserva mundial son dinero fiat, donde la promesa es pagar por un billete con otros billetes o compensar cifras con otras cifras, sin que medie algún metal noble como respaldo.

Los objetivos de los bancos centrales son dos: mantener la estabilidad de los precios y conservar el valor de la moneda nacional, pero no son inmunes a actividades fraudulentas y por esa razón, agentes de la economía especulativa quebraron al banco de Inglaterra en 1992, donde participó Mr. George Soros, ganando más de 1.000 millones de dólares en un día, mediante el uso de los fondos de cobertura para apalancarse, vendiendo activos financieros ficticios y manipulando la tasa de cambio de la libra esterlina, con el viejo truco de: tomar préstamos, comprar divisas, hacer ventas masivas y al caer el tipo de cambio, volver a comprar las divisas devaluadas para pagar las deudas y quedarse con la diferencia de precios entre venta y compra, siendo que a esta perversión se le llama orwellianamente inversión y a los especuladores se les llama inversores para engañar a los gobiernos ingenuos, que se dejan manipular por agentes de bancas de inversión, que quiebran bancos centrales y países para pescar en ríos revueltos, mientras los ciudadanos manipulados discuten sobre anacronismos estériles como son izquierda o derecha.

Divisa es toda moneda oficial extranjera distinta a la moneda legal de un país y la relación de paridad de una moneda con otra divisa es su tipo de cambio, siendo que la divisa es un activo para quien la posee y un pasivo para quien la emite.

En latino américa existen tres países con dolarización oficial que son: Panamá desde 1904 por razones de su canal y por malas praxis monetarias-financieras en Ecuador desde 2000 y en El Salvador desde 2001, aunque también existe dolarización no oficial en Argentina y Venezuela.

En Venezuela, entre 1918 y 1973 existió una moneda respaldada y redimible por oro, que mantuvo una inflación promedio anual de 1,3%, un PIB relativamente creciente y una prosperidad económica hasta 1974 cuando se eliminó el bolívar-oro.

Hasta 1983 cualquier ciudadano podía adquirir divisas en las casas de cambio o en las agencias bancarias sin que hubiera restricciones, pero en 1983 se inició la devaluación del bolívar, cuyo tipo de cambio era de 4,30 bs/dólar y al 29 de enero de 2021 es de 182 billones latinos de bs/dólar relativos al año 1983.

Para evitar fugas de divisas se establecieron controles cambiarios en 1983 con Recadi y en 2003 con Cadivi, cuya finalidad era mantener tasas preferenciales para ciertos rubros de importación, pero sus reglas se violaron por especuladores y corruptos, quienes fueron los mayores beneficiarios de las divisas preferenciales que transferían a cuentas de bancos extranjeros, mediante la complicidad con bancas y gobiernos de los países receptores de fondos con origen fraudulento, donde algunos de ellos fueron a su vez estafados por las bancas internacionales a cuenta del bloqueo a Venezuela.

En el año 2012 el BCV publicó el convenio cambiario Nro. 20 donde se permitía a la banca nacional abrir cuentas en divisas dentro del país y fue suscrito por varios bancos, pero algunos de ellos colocaron diversas  excusas para restringir la movilidad de los fondos internamente, aunque de manera expedita procedieron a abrir sucursales en el exterior: Panamá, islas del Caribe o Miami y la recomendación era transferir los fondos hacia esos destinos, siendo que al final muchas de esas sucursales quebraron, como fueron los casos de: Panamá, Curazao, Antigua, República Dominicana y Puerto Rico entre otros, donde los depositantes nacionales tienen sus fondos en el limbo.

Algunos fondos en divisas existentes actualmente en bancos del país, producto del convenio cambiario Nro. 20, han sido retenidos por la banca pública, que ha sido demandada por sus clientes y algunos bancos privados solo reintegran en moneda nacional los saldos de cuentas en divisas, repudiando así el convenio firmado.

A raíz de la hiperinflación, la devaluación de la moneda nacional y la llegada de importantes flujos en remesas de los emigrantes, surge una dolarización de facto y en el año 2018 se publica el convenio cambiario Nro. 1, que reitera la apertura de cuentas en divisas en la banca nacional, pero hasta ahora se está tratando de implantar en algunos bancos, sin que estén claras las reglas con el manejo de los instrumentos activos o pasivos y los medios de movilización de esos fondos a nivel nacional, donde se espera que haya total y absoluta: supervisión, honestidad, libertad y transparencia, para poder: transar, depositar, transferir, pagar y retirar en el tipo de divisa que el cliente estime conveniente y no se cometa el error de crear el corralito argentino, donde se depositen divisas pero solo se pueda retirar en moneda nacional, porque esa acción hará fracasar estas medidas que son de gran utilidad, si realmente se quiere reconstruir la economía nacional, de forma que se ofrezca confianza a: ciudadanos, factores de producción e inversores, porque nadie depositará sus divisas para recibir dinero sin valor y si se actúa de buena fe entre todas las partes, bancos y gobierno podrán cobrar comisiones e impuestos en divisas, si no se les ocurre apretarle el pescuezo a la gallina de los huevos de oro que son los clientes.

Para que el BCV pueda cumplir sus objetivos fortaleciendo la moneda nacional con oro, de modo que el Bolívar logre competir con las demás divisas fiat y para que sea la ley de Gresham quien le indique al ciudadano que moneda atesorar, con los datos disponibles del BCV a la fecha 22 de enero de 2021 hice un ejercicio, cuyas cifras y conclusiones nos indican, cómo se puede regresar al bolívar-oro:

Liquidez monetaria:                           634,7 billones latinos de bolívares

Tipo de cambio:                                1.738.761 bs/dólar

Liquidez expresada en dólares:           365.029.938 dólares

Precio del oro:                                   1.853,60 dólares/onza_troy

Liquidez expresada en oro:                6,12 toneladas

Reservas internacionales (RI):           6.368.000.000 dólares

RI expresadas en oro:                       106,84 toneladas

% Liquidez vs RI en oro:                    5,73%

Con solo 5,73% de las reservas internacionales convertidas en oro que son 6,12 toneladas, se podría respaldar y redimir toda la liquidez monetaria existente al 22 de enero de 2021, quedando 94,27% de las reservas internacionales disponibles para sostener el crecimiento, siendo que en el banco de Inglaterra aún quedan 31 toneladas que pertenecen a Venezuela y también existe una producción mensual importante de oro en el Arco Minero del Orinoco.

Para regresar al bolívar-oro hay que eliminar 6 ceros a la moneda y estas acciones que son absolutamente factibles y soberanas, requieren solo de buena voluntad política, para acabar con los problemas de: hiperinflación, devaluación, recesión, emigración e inequidad y para incentivar la producción nacional, remunerando a sus factores con una moneda honesta, cuyo respaldo sería de 10 miligramos de oro por cada bolívar nuevo y el tipo de cambio sería de 1,68 bs/dólar, siendo que algo similar a este ejercicio se aplicó en 1918, cuando el general Juan Vicente Gómez quien no creía en devaluaciones, respaldó cada Bolívar con 290 miligramos de oro.


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