¿Capacitar al personal? Definitivamente sí. Tener empleados bien formados, con las herramientas necesarias para enfrentar sus trabajos diarios y con la capacidad de resolver ante cualquier imprevisto que pueda presentarse, es un alto valor para cualquier empresa. Y en el contexto actual, ni hablar.

Así que no es suficiente con captar empleados. Formarlos continuamente es una buena estrategia para que se sientan a gusto en sus puestos de trabajo y creen lazos de confianza y lealtad con la compañía. De hecho, constantemente se recomienda la capacitación como una de las estrategias para retener al mejor talento.

Sin embargo, en los presupuestos empresariales, por lo general, la capacitación está considerada como un gasto no innecesario, pero sí muy fuerte de ejecutar para las finanzas. Lo cierto es que debería verse como una inversión que permitirá mejorar los procesos y la producción de la compañía.

En años recientes, las nuevas tecnologías han contribuido a que esos gastos puedan manejarse de una manera más cónsona con los tiempos que vivimos. Por ejemplo, debido a la pandemia se ha consolidado la enseñanza a distancia y esto ha permitido que la realidad virtual se convierta en una de las herramientas más utilizadas para ese fin.

Un estudio de la firma PwC advierte que ese tipo de enseñanza es “más efectiva que las modalidades de capacitación en el aula tradicional y que el aprendizaje online para enseñar conceptos de habilidades blandas”. Es decir, aquello que no necesita un mayor entrenamiento in situ puede perfectamente gestionarse a través de la realidad virtual.

El contenido en cualquier modalidad -presencial, online o realidad virtual- es fundamental para que la capacitación tenga los resultados esperados. Es bueno que los trabajadores se involucren en lo que se le pretende mejorar, haciendo aportes sobre cuáles consideran que deben ser los focos de esos programas. No obstante, el departamento de Recursos Humanos debe también hacer sus análisis sobre cuáles son las debilidades a mejorar. De un cruce de ambas informaciones puede comenzar a elaborarse el contenido.

Las “clases” deben evitar, en lo posible, ser aburridas. Tener constantemente gente bostezando o distraída de lo que se le está compartiendo no garantizará un trabajo efectivo. Los creadores de los contenidos a impartir deben esforzarse por buscar mecanismos que, sin dejar de lado la importancia de lo que se hace, también los hagan más atractivos y cercanos con quienes lo reciben.

Cuando se utiliza realidad virtual puede lograrse más la compenetración de los alumnos con sus instructores. De acuerdo con el estudio PwC, los empleados formados así se centran hasta cuatro veces más que quienes hacían uno online.

Si la formación es presencial, hay que utilizar las herramientas que eso ofrece para conseguir ese foco sin mayores distracciones. Eso sí, cuidando las medidas de bioseguridad para evitar contagios por la COVID-19.

Una vez concluido el entrenamiento es fundamental que se practiquen los nuevos conocimientos adquiridos antes de que los empleados vuelvan a sus labores habituales. Eso permitirá evaluar qué tan funcional y efectivo fue el proceso de capacitación y tomar los correctivos para el futuro. Mientras más se afine, mayores y mejores serán los resultados a largo plazo.

Así que no hay dudas de que con la capacitación todos ganan: la empresa y su personal.

@DavidParedes861

 


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