Julius Robert Oppenheimer, para muchos el padre de la bomba atómica, fue un hombre muy particular. Dotado de una sensibilidad extraordinaria y de una formación académica e intelectual muy sólida. Él dominaba diferentes lenguas, hasta sánscrito, idioma que había aprendido para poder leer el Bhagavad Guitá en original. Un hombre de un talento asombroso, lo cual le valió envidias y tropiezos de todo tipo, hasta casi convertirlo en un proscrito en la década de los años cincuenta del pasado siglo.  Era de una densidad científica y cultural asombrosa. En una ocasión, mientras compartía con su colega Leo Nedelsky le dijo: “Dime, ¿qué tiene que ver la política con la verdad, la bondad y la belleza?”.

Esa frase me viene una y otra vez a la memoria en estos días cuando veo el escenario electoral, y por ende político, que se vive en Venezuela. María Corina Machado y Edmundo González se han convertido en una nueva epifanía de las esperanzas de todo el país. Sin embargo, me aterra que, por obra y gracia de la política bastarda y secular, se conviertan en nuevas cruces del Gólgota particular que el chavismo ha erigido en nuestra tierra.

He visto algunas fotos de ella con caudillitos locales, que posan con aires de vamos a cobrar. Ellos no parecen comprender que esa Venezuela de apellidos, comarcas y negociados no va a volver. No puede retornar. Fue esa nube de entendimiento en la que se sumergieron las élites académicas, económicas, políticas, sindicales, y hasta eclesiásticas, las que hicieron derivar al país al colagogo Chávez. Por lo visto las propiedades purgantes de los rojos rojitos no han sido suficiente.

Bien demostraron en su momento María Mercedes Febres Cordero y Bernardo Márquez, quienes publicaron en International Statistical Review, publicación del International Statistical Institute, fundado en 1885, la organización más antigua y con más prestigio en cuestiones estadísticas a escala mundial, su trabajo A Statistical Approach to Assess Referendum Results: the Venezuelan Recall Referendum 2004  (Un método estadístico para evaluar resultados de referéndum: el referéndum revocatorio venezolano 2004).

En dicho trabajo, ellos, utilizando la data suministrada por el propio Consejo Nacional Electoral, se dedicaron a escarbar, basados en una serie de mecanismos estadísticos, en la búsqueda de posibles anormalidades. Y encontraron centros electorales, con cinco mesas, en las cuales se producían sustanciales diferencias en los resultados de una y otra estación para votar. Es absolutamente imposible, desde el punto de vista matemático y estadístico, que tengas en el mismo sitio un escrutinio donde la oposición obtenía 60% y en otro 40%. ¡Eso es una demostración de una irregularidad! Y encontraron muchos centros de votación con cifras similares.

Traigo esto a colación por la información que recibo de varios casos y de los cuales citaré tres a guisa de ejemplo. Iraima del Valle Quijada de Figueroa –12 años de fallecida– y su hija, Iraima del Valle Figueroa de García –ya en su decimotercer aniversario como difunta– aparecen como votantes activas en la página web del bendito CNE. Pero donde se lucieron fue en el caso de José Gregorio Márquez, víctima del hampa el 9 de marzo de 2015, hace 9 años, quien no solo aparece como votante, sino que también le informan: “Usted fue seleccionado como Miembro de Mesa para el cargo de OCTAVO MIEMBRO SUPLENTE de la mesa 3 de su centro de votación.”

Como muestra adicional invito a entrar a la bendita página y escribir el número de cédula de identidad 40. Verá aparecer en la pantalla que dicho documento pertenece a GUILLERMO JELL VILLEGAS PULIDO, del estado SUCRE, municipio BERMÚDEZ, parroquia SANTA CATALINA y que vota en la UNIDAD EDUCATIVA 1RO DE MAYO. La dirección es: SECTOR 1 DE MAYO IZQUIERDA CALLE BERMÚDEZ. FRENTE CALLE PRINCIPAL DE 1 DE MAYO CLL BERMÚDEZ URB 1RO DE MAYO SEMAFOROS HOSPITAL DE CARUPANO EDIFICIO

Frente a semejantes despropósitos ¿qué se ha hecho para resolver este tipo de situaciones? ¿Hay presencia ciudadana que valga para evitar todas estas tramoyas en las que estos hijos de su madre se han hiperespecializado? Tal vez van a contestar como el iluminado Enrique Naime, quien con aires de sabio ateniense le respondió a Bernardo Márquez cuando le habló, en el año 2004, de las evidencias de fraude: ¿quién es el culpable?

© Alfredo Cedeño

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