Hubo una vez un presidente que, en pleno boom del precio del principal producto de exportación de la nación que gobernaba, decidió, además de hacerle innumerables regalos a países amigos y despilfarrar buena parte de la bonanza en proyectos y gastos sin sentido, que también era un excelente momento para salir de shopping y expropiar cuanta empresa privada pudiera. ¿La razón? Porque le daba la gana. No había ninguna explicación financiera, menos aún de seguridad nacional, simplemente caprichos amparados en supuesta ideología. Lo cierto es que, 10 años después, ese país no solo sufre de su mal tino para escoger al equipo de reemplazo, de sus innumerables errores en materia económica, de una pesada deuda externa, una industria petrolera en muy mal estado y como la guinda a una enorme, costosa y peligrosa torta, de varios procesos judiciales en contra de la nación por no haber pagado lo que expropió.

Obviamente sabemos perfectamente de qué país estamos hablando.

Crystallex es el caso que está de moda. Valiéndose del levantamiento del velo corporativo Citgo-Pdvsa-República, cualquier acreedor puede intentar cobrar las cuentas por cobrar que tenga con Pdvsa y la República, actuando en contra de Citgo. Recientemente un juez en Estados Unidos autorizó a Crystallex a tomar activos de Citgo y cobrarse los cerca de 1.200 millones de dólares que adeuda la República a la minera canadiense. Queda ahora esperar el resultado de la apelación, pero el panorama luce muy negativo para Citgo y Venezuela. Las sanciones complican aún más toda la operación.

Lamentablemente, Venezuela está condenada a perder los pocos activos que tiene en el exterior de mano de los acreedores. Luego de dos años en cesación de pagos, la paciencia de esos acreedores ha sobrepasado todos los límites. Triste e increíblemente, la estrategia del gobierno que declaró el default, para contener posibles demandas y accionesde cobro, ha sido ignorarlos. Ninguna estrategia seria en materia de reestructuración o refinanciamiento de las deudas ha demostrado ni algún asomo de intención al respecto. Eso sin duda es muy grave.

Es cuestión de tiempo para que la República pierda Citgo. Si no es de manos de Crystallex, lo será de parte de algún otro acreedor. La deuda en divisas pudiera ubicarse en torno a los 140.000 millones de dólares, el valor de Citgo es menos de 5% de esa cifra. Para los acreedores pudiera ser una carrera contra el tiempo y contra otros competidores: el que primero logre ponerle sus manos a Citgo cobrará, el que se tarde tendrá que esperar algún desenlace favorable de la crisis política (entendiendo que Maduro nunca podrá pagar la deuda externa venezolana).

No queremos terminar estas líneas sin resaltar lo publicado esta semana por el Fondo Monetario Internacional. Para ellos la crisis económica y humanitaria en Venezuela seguirá empeorando. Están proyectando una nueva contracción del PIB para 2019 de 35% y de 10% para el año 2020. Según sus cálculos, entre 2013 y 2019 la contracción acumulada en nuestro país superaría 60%. Por otra parte, cambiaron (a la baja) su proyección de inflación colocándola en 1.000.000% (de 10.000.000%). Por último, esperan que para fines de 2019 la cifra total de migrantes venezolanos sobrepase los 5 millones, generando “considerables repercusiones en otros países de la región”.