De verdad que estoy harto. Harto, ya me cansé, de preguntarle al mundo por qué y por qué. Harto hasta la coronilla. Primero fue el supuesto hombre murciélago. Un piche imitador con una máscara negra. Con los interiores por encima del pantalón. Y unas alitas ridículas que se quieren parecer  a las mías.  Exhibiendo  unos imaginarios poderes, habilidades y destrezas; todos falsos e inventados. Yo, por mi parte, lo juro ante un puñado de cruces y los distintos dioses, incluyendo a Obbatalá, Shangó, Yemayá, Oshún, Elegguá y Oggún. También a Thor, Balder, Odín, Tyr, Bragi, Heindall, Vidar, Ull y Frigg, lo juro y requetejuro, que lo mío es el Guasón. Lo prefiero mil veces. Además, tiene razones para vengarse de una clase social que lo trató mal. Un hombre auténtico, decidido, de gran personalidad y de una voluntad de acero. Incluso se ganó un Oscar. Es que hasta esa relación personalísima e íntima de Batman con Robin no lucía bien. Luego llegó la Gatúbela, ciertamente bonita, claramente miembro del LGBT, pero con quien el fulano Batman nunca se dio pero ni un besito de mejilla. Vino como la “muerciélaga” Parecen unos chavistas cualquiera: murciélagos, muerciélagas, murcielagues. Otro hecho para el baúl de la sospecha.

Los otros Guasones como Trump, Bolsonaro, el gordito de Corea del Norte Kim Jong-un y el charro López Obrador, de verdad que no arriman nada. El mingo permanece inmóvil, blanco, redondo y retador. Imitaciones balurdas. Pasarán pero no convencerán, como dijo el sabio Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca contra el general fascista José Millán-Astray, bueno, de verdad dijo: “Venceréis, pero no convenceréis”. Ustedes, los humanos, quieren atribuirme a mí, al papá de los helados, la frase “Enfermaréis, pero no todos moriréis”. Los espero en la bajadita, como le dijo Teodoro Petkoff a los resabiados del MAS. Murciélago que se duerme se lo lleva la corriente.

La defensa que nos hace el controvertido y polémico francés  premio Nobel de Medicina de 2008, el doctor Luc Montagnier, es gloriosa y verdadera. Él afirma que el coronavirus no es originario de nuestra familia, grupo histórico que paso a describir con mucho orgullo. Nosotros somos así: Reino, Metazoa. Subreino, Eumetazoa. Rama, Bilateria. Grado, Coelomata. Serie, Deuterostomia. Phylum, Chordata. Subphylum, Gnathostomata. Superclase, Tetrapoda. Clase, Mammalia. Subclase Eutheria. Superorden, Laurasiatheria. Orden Chiroptera. Suborden, Microchiroptera.  Familia, Vespertilionidae. Género, Pipistrellus. Especie, Pipistrellus. Nombre común: Murciélago.

Ustedes creen que con esa nobleza, con esa raigambre, abolengo, fama  y figura, con ese árbol genealógico propio de condes, príncipes, cardenales y reyes, nosotros, los murciélagos, vamos a tener en nuestro ADN un coronavirus. Un bichito feo y mortal. Olvídense. Eso fue fabricado. Manipulado. Creado por el hombre jugando a ser Dios. Tengan en cuenta que solo Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Israel, Rusia y China tienen entre todos más de 1.000 centros de estudios de guerra biológica y bacteriológica y emplean más de 50.000 científicos. Ellos son los culpables. No le echen el carro a unos pobres chinitos que se comen hervidos o fritos a nuestros primos y hermanos. Los chinos tienen comiendo murciélagos como 3.500 años. Muchos de los escritos antiguos, que datan de 1.500 años antes de nuestra era, registran las formas como se alimentaban los jefes de las dinastías Xia, Shang y Zhou. Ahora quieren inventar que tras 3.500 años de estar en las mesas chinas y sus insalubres mercados, ahora es que viene a aparecer en la sangre de mis parientes el coronavirus. Yo te aviso chirulí.

¿A ustedes no les asombra, no los deja perplejos ni atónitos, que en la ciudad donde se escapó el virus, Wuhan, ya no quedan infectados y todo está bajo control, mientras que en Estados Unidos y Europa mueren como moscas?  El virus se cebó sobre todo en las casas de reposo de ancianos. Los acribilló a mansalva.  ¿Van a seguir creyendo que toda esta patraña hospitalaria y médica es casual, es una coincidencia, es el azar? ¡Sigan creyendo! Y ahora, Trump y el yanquismo puro, como les da mucha pena el tremendo lío en que se metieron, andan diciéndole a la gente que se inyecten Pinolín y beban Click, y para colmo sacan unos videos fabricados por la CIA en los que aparecen unos platillos voladores, por favor ¿platillos voladores? ¿Es decir, que yo, el verdadero y único murciélago de Transilvania vengo de Marte? Ya se le ocurrirá a algún desgraciado afirmar bajo juramento que Drácula,  que tiene por cierto unas alas de murciélago como las mías, que es el verdadero animal alado. No me extrañaría que uno de los payasos presidentes que mencioné antes diga que Barnabás Collins es el culpable del covid-19.

Los vampiros sí que son familia. Ellos son quirópteros, filostómidos y desmodontinae, aquí les presento a mis tres amados primos: Desmodus Rotundus, Diphylla  Ecaudata y  Diaemus Youngi. No se asombren. Ya ocurrirá. Les voy a confesar cómo se bate el cobre, se corta el bacalao y se mece la cuna. Los brujos y peachedès chinos fabricaron el coronavirus extrayendo de mi sangre linfocitos, monocitos, neutrófilos, eosinófilos, basófilos y plaquetas.  Los alteraron. Los mezclaron con el VPH y con el AIDS. Es este el verdadero origen, el nacimiento del corona. Y en una combinación de teoría y práctica filosófica y bacteriológica decidieron usufructuar hasta lo imposible las cajas registradoras de los yanquis que, como dice su ex presidente Clinton, están gastando 200 billones de dólares en armamento y no tienen pero ni un cipote social, no tienen nada parecido a un sistema nacional de salud gratuito y popular.

En los últimos 40 años China no se ha metido en asunto bélico alguno, mientras que sus competidores de América van de 20/20. Una guerra cada 2 años. En Estados Unidos, el tratamiento médico de una gripe estacional y ligera cuesta 5.000 dólares. Mientras que los amarillos gastan esos mismos 200 billones en trenes de alta velocidad, puentes, carreteras, plantas nucleares, universidades, investigaciones, edificios, hospitales, plazas, teatros, centros educativos, refinerías, en fin.  Así que los de esa raza encontraron la forma de obligar a los yanquis a gastar más y más en combatir enfermedades y pandemias, mientras que ellos, los fabricantes del virus, tenían de antemano la contra, la vacuna, el antídoto.

Los comunistas chinos, vos sabéis, obligaron a los americanos a gastarse una fortuna, mientras ellos secretamente planificaron toda esta maldad universal. Y se ahorraron un platero. Eso se los digo en serio, en nombre de mi familia Pipistrellus. Aquí termina el cuento, bueno, hay más chismes: como Semtei es húngaro y su abuelo nació en Transilvania, debo confesar que sus agónicas solicitudes y clamores por la unidad venezolana contra el bicho corona serán inútiles. Aunque lo pida la ONU y san Juan baje el dedo.

Los murciélagos venezolanos reunidos en asamblea nacional, bien enterados del asunto, pues sus primos vampiros se lo dijeron todo, nos confesaron haber llegado a las siguientes conclusiones: primero,  la unidad opositora es un sueño, una quimera, y sus partidos políticos  son paradójicamente huéspedes donde se alojan odios, rencillas, incongruencias, disparates y divisiones.  Así que los murciélagos somos inocentes de todas, todas. Segundo, los gobiernos dictatoriales, autoritarios, arbitrarios y despóticos pueden tomar decisiones inmediatas frente a catástrofes o pandemias mientras que los liberales tienen enredos de cualquier tipo. Así que, mientras más fenómenos horribles aparezcan, más posibilidades de éxito tienen los ñángaras que los come ñàngaras. El covid-19, cuya culpa se la atribuyen a mi familia, no es sino la primera arremetida   contra el desorden occidental y el aprovechamiento de las desventajas que se desprenden de una competencia comercial e industrial universal que no consideró nunca la salud gratuita de las mayorías. La salud de masas como una inversión. Se olvidaron de los consejos del negro Obama. Y les decimos a quien quiera oír: es mejor una OMS ligeramente apertrechada que una ONU inexpugnable. Y tercero y principal… esto va para largo. Los chinos son muchos y no se olviden de que inventaron la tortura. El covid-19 es la peor de las torturas.

@eduardo_semtei

 


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