En la era del individualismo se aprecian grandes desafíos frente a nuestros ojos y bajo el ángulo con el cual alzamos las ventanas del alma para mirar aquello a lo que nos enfrentamos, se esconde la interrogante que gregarios y solitarios se hacen con toda sinceridad: ¿Con quién asaltaré los muros?

Los muros pueden ser tantas cosas como: un nuevo ambiente desafiante, retos que te extralimitan en las capacidades que consideras normales, acciones que implican pasar al siguiente nivel con un profundo compromiso contigo mismo y con otros. El entrenamiento, al que de seguro debe exponerse aquel que anhele conquistar lo que se encuentra justo después de dichos muros, o simplemente deslastrarse de los gruesos vestigios de comodidad que la estación actual ofrece.

Conozco un par que seguramente me preguntarían ¿por qué usar el verbo asaltar y no uno menos agresivo como traspasar o superar? La única razón es que hay espacios que para ser conquistados requieren la determinación de un asaltante, de alguien que sabe que no se le dará la bienvenida como a alguien importante, sino que el respeto que recibirá será producto de sus obras en el tiempo. Sin embargo, quien asalta tiene moles de determinación adicionales, ha leudado la poca valentía genética que le fue asignada, y quebranta sus propias estructuras de temor para no paralizarse. Escoge a priori lo que sabe que producirá crecimiento, aunque signifique un desafío mucho mayor, que alternas opciones más sencillas. Todo esto, requiere que se tenga la esencia de un asaltante, no del tipo maleante, sino del aguerrido, ese que llegará y dirá: ¡me quedo! aun cuando no me quieran aquí porque debo terminar mi misión.

Ahora, los verbos traspasar y superar implican ciertas condiciones, una surrealista y la otra subjetiva respectivamente, pero la conquista real de cualquier reto, circunstancia o situación requiere izar bandera visible, donde otros puedan ver que un proceso ya ha sido librado. Entonces, asaltemos con denuedo y determinación aquello que está retando el espíritu, la psiquis y el corazón; quizás grandes sorpresas, beneficios y ganancias inmateriales, no avistables, yacen tras los muros. Luego, después de estar totalmente ganados a la idea de avanzar será necesario determinar con quien ir, si el tal mirará con la misma valentía, o estará dispuesto a saturarse de prestancia, entendiendo tu misión. Acaso, llevará el ritmo del paso asignado, o acunará con el mismo amor el propósito que se te asignó; todas son preguntas válidas en medio de aquello que debe ser tomado en cuenta.

La semilla prestada que pretendo esparcir esta semana, es la de tomar una opción poco usual frente a la campaña agresiva de autosuficiencia y comercialización del amor, irónicamente dirigida a públicos que no están dispuestos a pagar su valor. Sin embargo, me atreveré a ser indiscreta y ofrecer una opción considerada de la boca para afuera, y poco avistada en los corazones. ¿Qué tal si en lugar de solo decirlo tipo mantra, damos acceso real al Creador de intervenir en nuestro reto, allanando caminos, poniendo y quitando acompañantes o redireccionando, lo que implicaría un fallecer en intensiones y propósitos errados que consideramos loables? Un momento así, con total rendición frente al Padre (quien todo lo sabe, todo lo ve y ha estado en nuestro futuro) cambiaría completamente el rumbo de cualquier destino, y tiraría frente a nuestros ojos todo muro, permitiéndonos pasar sobre escombros que simbolicen su magnificencia y evidencien su gloria.

En mi existir propio he tenido la fortuna de ver al Padre de detalles disponible para mí, listo para mostrarse cuando lo hago participe de mi transitar, por eso, hoy planteo que con tus propias palabras y corazón expreses si con Él es con quien quisieras asaltar los muros.

@alelinssey20


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