Gholamreza Ghasemi, piloto iraní que estaba a bordo del avión de Emtrasur

Un millón de hectáreas cultivables es el premio otorgado a Irán por entregar los churupos a tiempo. Pero no es solo eso, tenemos también el avión vetusto varado en Argentina, las refinerías, las ventas de medicina o comida y, desde luego, la perla que no podía faltar: los mecanismos para producir terror.

Pronto, en estos veinte años que durará la vinculación agroalimentaria entre Irán y Venezuela, usaremos burkas indiferentemente hombres y mujeres. Nos iremos convirtiendo en fundamentalistas religiosos, pero no por moda, ni por joda, sino por imposición. Adiós a los avances en las libertades sexuales. Adiós a los ánimos del matrimonio igualitario. Adiós o Alá a la liberación femenina, esa que no solo es la mini falda, o acercarse sola a un bar.

¿Como será la lengua de los iraníes? Pronto nos habituaremos. No solo a la lengua. A todo su cuerpo aceituno. Porque los tenemos adentro. En cada espacio físico nuestro. Traen petróleo cuando falla la producción, o sea permanentemente. Están poniendo a valer las destartaladas estructuras procesadoras de crudo. Son capaces hasta de sembrar. ¿Qué sembrarán? ¿Dátiles? ¿Miedo?

El imponente Nicolás Maduro lo ratificó. Para llevarle la contraria a la Asamblea Nacional buena, valedera, entregará parte sustancial, muy sustancial, supersustancial, del territorio, para que se lo cojan los iraníes por veinte años renovables. 1 millón de hectáreas. El equivalente aproximadamente del estado Táchira según los cálculos de entendidos en la materia geográfica.

No nos ha bastado con tener en los tuétanos la guerrilla colombiana. ¿Se han fijado que nadie asume responsabilidades al respecto. La Fuerza Armada se hace el paisa. Matan guerrilleros, detectan minas, salvan guerrilleros moribundos, pero el alto, tanto como el bajo mando militar, se hace la vista gorda, voltea raudo a cualquier otro lado para esquivar la mirada acerca de lo que ocurre. Poco importa si traen real, si dejan reales. Como en cualquier alcabala. Si entregan el territorio, aunque sea parte fundamental de sus atribuciones, porque para eso están ¿no?, no es con ellos. Con ellos es la dolarización de sus salarios. Las reparticiones de los distintos botines.

La oposición venezolana toda, la Asamblea Nacional electa, vigente, la verdadera, debe enviar un mensaje a todos esos países que nos han infiltrado de manera impuesta, despótica, con toda claridad: aquí ningún convenimiento de entrega eterna de petróleo, de permanencia en nuestras tierras, de circulación libre y acción certera de terroristas o adláteres será reconocido una vez que retornemos a revitalizar los valores democráticos. La remezón será indetenible: fuera todos esos bichos indeseables de aquí. Cuan lejos queda la libertad, la soberanía, los sentimientos patrióticos cultivados desde el siglo XIX para estos entreguistas en el poder con miras totalitarias. Cuan lejos.


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