La proyectada reforma constitucional que le daba o decía darle fundamentación al Estado Comunal propuesto por Chávez Frías recibió una derrota aplastante por la vía de la consulta referendaria en 2007. Oficialmente, la diferencia fue mínima pero todo el mundo sabía que su creador había recibido un contundente y mayoritario rechazo de la población. Fueron horas de una enorme tensión interna, añadida la de la Fuerza Armada Nacional, que no solo pusieron a temblar a los rectores del CNE de entonces, sino que la propia consulta adquirió un sólido resultado plebiscitario que el hijo de Sabaneta aplacó a punta de represión.

Consabido, hicieron caso omiso del asunto, y el régimen impuso poco a poco, arteramente, su proyectada comunalidad a través de las leyes ordinarias, fundamentalmente, las del llamado poder popular; las leyes habilitantes legislativas, que forman parte de su arsenal (como Maduro ahora prepara otro paquete); los artilugios acostumbrados por el TSJ, que avalaban y avalan cualquier disparate jurídico; y la Asamblea Nacional que Chávez Frías dominaba. Le dieron continuidad al camino legal, pero ni siquiera pudieron ni se atrevieron a sacar otra Constitución en la espuria constituyente de 2017, capaz de consagrar ese tal Estado Comunal. Siempre fue la puñalada a traición, la vía preferida. Sin embargo, hoy, se sienten lo suficientemente guapos y apoyados para imponer con sus hechos esa fórmula que los suyos ni siquiera entienden, por absurda, para elevar, exponencialmente la geometría del poder que coloca a los cubanos en el vértice de sus intereses, apetencias y conveniencias.

A los parlamentarios de la AN del 6D pasado no les queda otra cosa que aceptar la imposición, incluyendo a los seudoopositores que tienen miedo de ejercitar el papel teatral de la oposición, así les inventen en un futuro unos tales 5.000 parlamentarios comunales en paralelo. La vocación y la habilidad de las focas se pondrán a prueba en esta etapa, pues el mandato es reforzar el poder central y si les cae algún beneficio, tendrán que jugar a diario la lotería política de sus tormentos. Además, conocen muy bien que el comunalismo no es algo distinto a lo que ocurre en Cuba, como mecanismo de control social, intimidación y represión. Y, en Venezuela, es la tarea que, en última instancia, está destinada a los consejos comunales. En el modelo, lo que importa es tener por cada centímetro del territorio nacional, un comité de defensa de la revolución que abarate los costos de dominio de una población cada vez más escasa y descontenta, por la diáspora que Maduro generó y consagró.

Hemos sufrido las consecuencias del Estado Comunal de facto que se ha impuesto y, por ello, la catástrofe humanitaria actual. Huelga comentar las cifras reales de desnutrición, por no apuntar a las condiciones sanitarias de un país que lidia, heroicamente, con la pandemia. Lo acontecido en la Cota 905, en Petare o en el estado Apure, dice mucho de la comunalidad de las fuerzas policiales y militares que son, únicamente, eficaces y feroces contra la disidencia política. No hay empresa expropiada en pie, competitiva o a medio andar. Toda la estructura estatal ha sido quebrada y las mafias, favorecidas, al fracturar el mercado que las roscas controlan y que son parte todas ellas de esa prueba comunal que han estado tratando de insertar como un supositorio.

No hay novedad en el frente. Sabemos y padecemos ese Estado Comunal que está entre nosotros desde hace muchos años, o desde que se le permitió que La Habana tomara el control, cuando lo que realmente tuvimos que haber impulsado fue la municipalización, para desconcentrar el poder central y así tener un país de real crecimiento tanto social como económico. Nunca será tarde para retomar ese camino de progreso y democracia que tanto necesitamos. Venezuela resiste, insiste y persiste sobre toda esta perversidad y desastre. Más temprano que tarde el tinglado de la comunalidad caerá por su propio peso.

@freddyamarcano

 


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