La situación inédita de emergencia mundial por el coronavirus ha significado un cambio traumático en sociedades democráticas del mundo.  Pero para para nuestra Venezuela, sumida en una crisis sistemática bajo un régimen dictatorial, supone una nueva etapa de recrudecimiento de los graves problemas que venimos sufriendo.

Esta semana en Catia, funcionarios de la FAES y la Policía Nacional Bolivariana cerraron negocios de alimentos y ordenaron a las personas recluirse en sus hogares, en medio de la confusión de los vecinos que no sabían si se había iniciado una nueva etapa aún más extrema en el confinamiento preventivo. Como sabemos, la cuarentena social es imposible de asumir por grandes sectores de la población, para los que quedarse en casa significa prácticamente una condena a morir de hambre. Aunque luego se notificó que la medida se debía a una campaña de limpieza preventiva de los espacios públicos, la zozobra generada aumentó los ya agudos niveles de desconfianza y desconcierto que vivimos.

El régimen ha abordado la emergencia intensificando sus formas de represión, opacidad, exclusión y violación de derechos humanos. Periodistas y trabajadores de la salud han sido perseguidos y detenidos por denunciar las condiciones reales de los sistemas médicos, así como por el cuestionamiento de la información oficial y su tratamiento de la emergencia.

En contraposición, en las comunidades en las que trabajamos, hemos visto el reforzamiento y la creación de redes de apoyo vecinales. En San Isidro en Petare, por ejemplo, los vecinos se han organizado para apoyar a los adultos mayores de la comunidad. En nuestra iniciativa de Alimenta la Solidaridad, las madres, con un gran sentido de responsabilidad y compromiso, se han organizado para tener los almuerzos a tiempo, guardando todas las medidas de higiene preventivas, y en todos los comedores se lleva la comida a los hogares de los niños. En estos momentos es primordial lograr la continuidad de iniciativas de alimentación y salud, que significan el único acceso a comida o tratamientos para muchísimas personas.

Crisis como las que actualmente vivimos deben enfrentarse desde el respeto a los derechos humanos, la democracia y los valores convivenciales. El aprovechamiento que el régimen está haciendo de la emergencia, para fortalecer sus sistemas de control y extremar las violaciones de los derechos humanos y la exclusión política, económica y social, es un acto de irresponsabilidad criminal que solo profundiza la emergencia que sufrimos.

En este sentido, desde la ciudadanía y el liderazgo comunitario es vital que nos organicemos en redes de apoyo solidario y con igual importancia, de información veraz, que nos permitan superar el blackout informativo que produce el régimen. Es importante reproducir información de fuentes confiables y confirmadas y que, en la media de nuestras posibilidades personales, nos apoyemos mancomunadamente de forma abierta e inclusiva.

Vivimos en Venezuela la emergencia del covid-19 sobre la emergencia de la crisis y el autoritarismo. En estos tiempos de incertidumbre y desconcierto debemos volcarnos hacia el otro, desde la convivencia y la solidaridad. En nuestra experiencia en el movimiento Mi Convive hemos asumido esta orientación desde el inicio, y ese ha sido el norte que nos ha permitido a madres, voluntarios, aliados, líderes y comunidades, encontrarnos para superar los problemas y seguir.

robertopatino.com


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