Ilustración: elfinanciero.com.mx

Cuántas veces hemos escuchado la expresión “¿quieres otros resultados?, deja de hacer las mismas prácticas habituales”. Sonará un mantra trillado, para unos, como rédito de publicidad barata. Para otros es una frase enigmática que una y otra vez se intenta aplicarla a la vida diaria; pero luce como un Everest su pronta asimilación. Inclusive, para fariseos, es un instrumento de tortura al prójimo, presto siempre para socavar en el otro cualquier sentido de la autoestima. Así, 31 tras 31, el final de año plena nuestros corazones para adherirnos a las buenas promesas y deseos más recónditos. Llega enero y las realidades muchas veces tuercen aquello que soñamos cuando degustamos las 12 uvas del tiempo. Esto parece repetirse décadas enteras, hasta el punto que, tanto individuos como naciones se pierden en el letargo de una mala resignación. Resilencia, como le llamarían en la actualidad. En fin, si miráramos con suma concentración las veces que hemos repetido este ritual, y lo cotejamos con el rumbo asumido durante muchos años, el balance no luce tan negativo y el tan ansiado anhelo pudiera resultar más bien como la fugacidad de un estado de ánimo exasperado por otros intereses más allá de nuestra propia voluntad.

Sin embargo, sobre todo para quienes creen en la generosidad de Dios, el albergar mejores aspiraciones de cambio a la realidad, es una materia inapelable e ineludible dentro de la carrera de la vida. Por ello, más que sugerir un camino, en este artículo de final de año 2023, con miras a mejorar en 2024; debemos partir en concebir que ni existe la magia ni mucho menos las condenaciones eternas en las penumbras de la miseria. Nadie puede asentir la existencia de esa terrible idea que todo lo que se encuentra bajo el sol ni tiene solución ni es inamovible. Los cambios ocurrirán a las buenas o a las malas. Cuando es por la primera, es consecuencia de una toma de conciencia que moviliza la voluntad personal. Es progresiva y muchas veces los posibles tragos amargos pasan sin generar desgarro interno o un mal sabor del alma. Al contrario, la segunda, por las malas, es inducido por la imposición de otras agendas diferentes a las personales. En este escenario aplica el refrán “o corres o te encaramas”. Sin embargo, como es nuestra divisa, siempre hemos apostado por un optimismo realista, que sea capaz de seguir mirando al firmamento de las nuevas ideas sin dejar de pisar con fuerza la realidad. Por ello, no queremos crear una guía, sino unos consejos que podrán servir o no para usted, respetado lector.

Primero, 2024 es una geografía que no te exige comportamiento heroico ni mucho menos te coloca una mala nota o castigos si mantienes tu propio ritmo. Cuántas veces sientes que si no percibes los cambios te sientes culpable por mantener las cosas iguales. Ese sentimiento es solo eso, una amalgama de bioquímica cerebral que nos juega una mala pasada. Cada año tiene su encanto y sus oportunidades, que, si se aprovechan bien, abren las puertas para la mejor lección de todas las lecciones de vida: la evolución. Se que la cultura occidental nos presiona desde niños para crecer y crecer sin límites, hasta el punto que, el crecimiento se vuelve un frenesí que puede llegar a enfermar. Recuerde que más que crecer, el gran premio por su esfuerzo se llama evolución. Con esta última, por vía accesoria, se consigue otras metas (incluyendo el crecer).

Segundo, estamos contestes que Venezuela vive momentos cercanos a un claroscuro bizarro. La situación nacional es quizá una de las más negativas en toda su historia, pero, no se puede caer en el error que es “la peor de nuestra historia”. Esta frase ha servido muchas veces para que las cosas precisamente no cambien, pues, todos debemos partir que sea cual sea el tiempo, siempre habrá un camino para salir de las adversidades. Cuando se afirma que es lo “peor de nuestra historia”, se introduce un dejo de “excepcionalidad”, entrampándonos en que solo por “acciones excepcionales” se puede superar este tiempo. Esto ha sido la manera para que el estado actual de las cosas se prolonguen ya para sus 5 lustros, que es prácticamente un cuarto del siglo XXI. Por mucho que un estatus quo controle todas las variables, en la medida que más ciudadanos descubran su poder personal para cambiar las cosas, los cambios pueden ocurrir en menos de 12 meses, eso si, sin colocar esperanzas en eventos que pueden salir no del todo bien.

Tercero, es importante dejar a un lado toda noción del “evento cumbre”, de la “elección soñada”, del “ahora sí”, y otras tantas expresiones que terminan por concentrar esperanzas -casi infantiles- en un acto. ¿Cuántas veces no oímos, desde 1998, que en cada año electoral aparece: este año cae? En esta mezcla de mesianismo y sentimientos egoístas de otras agendas, la verdadera realidad es que usted apoye esas mismas agendas con diferentes ropajes sin que obtenga algo palpable a cambio. Recuerde que quien no sigue su propia agenda, por mucho que proteste o rece, seguirá la agenda de otros sin que usted remotamente tenga en cuenta que lo está haciendo. Observe y aprenda a oirse y notará que sí posee internamente material para construir una agenda personal.

Cuarto, los cambios más sorprendentes no ocurren a nivel macro, sino, a nivel cotidiano. Doy un ejemplo. Imagínese una pequeña habitación donde regularmente duerme. ¿Qué sucedería si un día, sencillamente cambia la ubicación de los enseres que se encuentran allí? Como por arte de magia la percepción interna comienza a cambiar y se abre un poder interno para analizar cuáles son los problemas que usted vive, realmente, pudiendo determinar soluciones no pensadas antes. Si lleva con regularidad estos micro cambios, en unos pocos años logrará lo impensable hoy. Y para ello, no necesitará hacerse una promesa interna sin que se rompa con la notoriedad de un primero de enero.

Quinto, quizá lo más importante que deba decir en este final de año: que la guía que propuse en el título de esta columna no existe. Cada uno de nosotros deberá, con base en las lecciones anteriores, ir estableciendo la matriz de nuestra vida, de nuestros cambios y de nuestros propios compases. Así que, si usted se ilusionó con esta columna porque encontraría el Santo Grial, entonces, sencillamente no entendió lo que he querido explicar. Sin embargo, no hay fatalidad ni nefastos desenlaces. Usted puede volver a comenzar a leerla y seguramente encontrará su propia guía para los cambios en 2024, haciendo de este año quizá uno de los mejores de su existencia.


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