Las medidas del viernes rojo se dan en medio de un clima de atomización opositora y de desunión política. Las reacciones de los voceros de los partidos, de vacaciones como la AN, serán como las de Twitter. Todo el mundo expresará su rechazo, pero desde la perspectiva coral y sin armonía alguna.

Pescueceadores y osados de toda laya en las redes han pontificado que esto se trata de un paquetazo “neoliberal”: nada más alejado de la realidad. No hay tal cosa como lo “neoliberal”, que no es más que un vocablo despectivo de la izquierda. Tenía cierta esperanza de que estos terribles años de estatismo hicieran a la oposición formarse y tener un criterio económico apoyado en las tesis de la economía de mercado. Las opiniones que leo revelan que nadie ha abierto un libro sobre economía en los últimos 20 años. Ojalá llegue el momento en Venezuela de contar con una administración liberal. Lo implantado el viernes rojo es estatismo ortodoxo en la ilusa creencia de forzar unos cambios por un voluntarismo opresivo.

El anuncio populista calará hondamente en los beneficiarios del Estado y en los asalariados. Hay una frase de Maduro que hay que examinar con atención: “Si ustedes dolarizaron los precios, yo petrolizo los salarios”. Lo que revela que estas medidas no son más que la asfixia para el sector productivo. Quienes se alegren por el aumento, no se han dado cuenta de que no lo podrán disfrutar, porque no hay forma de que el sector privado asuma este incremento a menos que lo traslade a sus costos, con lo cual tendremos la hiperinflación más asombrosa de la historia económica de la humanidad.

Si esto sucediere, el engranaje económico podrá seguir funcionando aún a costa de las tremendas consecuencias en términos del ascenso de los precios. Pero el régimen querrá seguir controlando los precios con lo cual tendremos cierre de empresas, desempleo  y más miseria. A Fidel Castro le bastó un decreto para eliminar el sector privado en Cuba. Con esta deposición se desmantela lo que quedaba de sector privado en Venezuela.
Respecto al anuncio de la disciplina fiscal, resulta un oxímoron cuando el régimen se compromete a financiar por 3 meses la nómina privada. Adicionalmente, ¿cómo sostendrá su propio incremento salarial con una Pdvsa en el suelo? A costa del dinero inorgánico cuya emisión ahora promete detener.  Lo único que sigue siendo un refugio es el dólar. In God we trust pero con el diablo vivimos. Estas antimedidas serán vitoreadas por el 13% que inexplicablemente sigue todavía a Maduro.

La onda expansiva de celebración podrá quizá multiplicarse entre la grey estatista. Allí reside la apuesta política de Maduro porque esto es un paquetazo político y la tan anunciada radicalización de la revolución. Quienes hagan fiesta con esto, se verán frustrados cuando entiendan que ha llegado la auténtica revolución pero de la pobreza.