Hace pocos días encontré en las redes sociales un video que mostraba una inusual manera de promover la reapertura del Museo Nacional de los Países Bajos, el Rijksmuseum. Es un video de 2013, pero es ahora, 2019, que lo he visto circulando profusamente en las redes sociales.

El Rijksmuseum fue renovado y fue reabierto en 2013 por la reina Beatriz. En él hay más de 5.000 pinturas, destacando La ronda nocturna de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, cuadro que reproduce un suceso cotidiano: una partida de mosqueteros pasando de un oscuro patio a la deslumbradora luz del sol. Rembrandt se apartó de la imagen habitual de estos gremios para representar una escena vista directamente: la guardia deja el cuartel, aprestándose para salir de misión.

El museo también posee esculturas, una exposición sobre ropa y armas, además cuenta con una de las bibliotecas más hermosas del mundo.

Para motivar la visita al museo eligieron el cuadro de Rembrandt, La ronda nocturna, dándole vida al mismo en un centro comercial,y de fondo musical el IV Movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven. Al final, una vez que los artistas que participan en la mise-en-scène se reúnen en el centro del centro comercial, cae una cortina transparente y queda la posición del famoso cuadro de Rembrandt. El resultado es verdaderamente extraordinario.

No es mi intención repetir cansonamente lo importante que es el arte como manifestación de las emociones del ser humano. Y esa importancia lleva aparejada su conservación. Los museos son ventanas abiertas para permitir que se conozcan las obras de valor universal y también local. Por lo tanto, uno de sus desafíos es salvaguardar y difundir el patrimonio cultural del mundo en sus diferentes expresiones.

Con ese afán despertado por el video, encontré también en la red una grabación maravillosa de cuadros del Museo del Prado, Madrid, que está celebrando sus 200 años. Se titula Belleza y locura. Su creador, Rino Stefano Tagliafierro, le da vida y movimiento a un grupo escogido por él de obras del museo, entre ellos Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío, en una grabación fuera de serie producida por El País Semanal.

Alguien podría preguntarse ¿son estos aciagos momentos nuestros adecuados para hablar de arte? ¿De museos?

Comprender a cabalidad la realidad circundante obliga a mirar con atención no solo lo que aparece a simple vista; hay que ahondar en todo aquello que nos trajo hasta aquí, y no hay nada más representativo de una sociedad y su momento preciso que el arte. Este puede semejar un acto particular, sin embargo, se trata de un hecho hondamente social. Nace, florece en una sociedad muy específica, que influye intensamente en su realización y, a la vez, interviene de manera también profunda en ese conglomerado social. Así, vinculando el arte con la historia, damos cuenta de la época y el momento durante los cuales se produjo una determinada obra. Basta con pensar en los cuadros a los que hemos aludido en líneas precedentes para hacernos una idea bastante aproximada de los tiempos en el que fueron creadas.

Pensemos por un momento en el lienzo Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío, Francisco de Goya (1814), pintado como un merecido homenaje a los españoles que murieron fusilados por el ejército francés la noche del 3 de mayo de 1808. Se sabe por un testimonio de su criado Isidro que Goya fue testigo de esos fusilamientos durante esa fatídica noche. Cuenta Isidro que Goya no solo los presenció, sino que a medianoche caminó hasta el lugar donde yacían los ejecutados. Algunos críticos de arte consideran verídica la narración del criado, sobre todo por el dramatismo de la obra de Goya que sugiere que vio de cerca el fatídico suceso. Los fusilamientos son realizados como castigo ejemplarizante por el levantamiento del pueblo madrileño el día anterior, 2 de mayo, también inmortalizado por el pincel de Goya, La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol.

Los acontecimientos plasmados representan dos momentos importantes de la llamada España napoleónica (1808-1814), como fueron los hechos del 2 de mayo: el levantamiento en Madrid en contra del intento de los franceses de sacar a María Luisa de Parma y a su hijo, Francisco de Paula, de la ciudad. Mientras eso sucedía, en Bayona, Carlos IV y Fernando VII abdicaban a favor de Napoleón, quien dejaría el trono a su hermano José Bonaparte, Pepe Botella. Al día siguiente, 3 de mayo, los franceses fusilaron, en varios puntos de Madrid, a los patriotas detenidos tras su alzamiento del día anterior en contra de las tropas francesas.

En 1814, Goya manifiesta su deseo de “perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa”.

Vemos así cómo, mediante lo plasmado en los lienzos, tanto por Rembrandt como por Goya, podemos valorar distintas épocas del acontecer histórico de los Países Bajos y de España. En uno, la cotidianidad; en el otro, la lucha de un pueblo por salvaguardar sus valores patrios.

En nuestra arrasada Venezuela poseemos museos, otrora vistosos y dignos de ser visitados. El Museo de Bellas Artes, diseño arquitectónico de Carlos Raúl Villanueva, con un estilo neoclásico, al igual que el Museo de Ciencias Naturales. El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC), fundado en 1973 por Sofía Ímber y hoy se encuentra en grave deterioro. Incluso se habla de pérdidas de valiosas obras.

Podría seguir enumerando museos locales importantes, pero quiero añadir otro aspecto de nuestro mundo cultural, que marcó un hito en la vida artística internacional: el famoso Festival Internacional de Teatro, fundado por el inolvidable Carlos Giménez, creador de varias instituciones teatrales del país.

Uno de los grandes retos que se nos presenta a quienes hemos hecho del arte, de la literatura, de la filosofía, en fin, de los distintos aspectos de la cultura, nuestra vida, es reconstruir ese tejido y agregar los hilos que le faltan para constituirse en un verdadero eje integrador de la sociedad. Venezuela también está hambrienta de cultura, en mayúscula, sobre todo, hambrienta de filosofía, de amor al saber.