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I learned that courage was not the absence of fear,

but the triumph over it

Nelson Mandela

A propósito de la reciente celebración del Día internacional de Nelson Mandela y las difíciles circunstancias que vivimos en Venezuela, creemos que es un buen momento para hablar de la resistencia civil como estrategia no violenta de cambio y promover una lectura de la historia como sociedades en movimiento.

La resistencia estratégica no violenta es distinta al principio de la no violencia fundamentado en creencias religiosas y éticas contra la violencia, lo cual no quiere decir que, a veces, no vayan unidas. Pero al insistir en su aspecto estratégico resaltamos, sobre todo, su potencial para producir el cambio utilizando medios pacíficos.

La opinión dominante es que los métodos violentos son los más eficaces para forzar un acuerdo y generar los cambios políticos deseados. Sin embargo, el compromiso de una campaña de resistencia civil con métodos no violentos refuerza su legitimidad nacional e internacional y promueve una participación más amplia, lo que se traduce en una mayor presión sobre los gobiernos o las estructuras consideradas injustas.

Por otra parte, reprimir las campañas no violentas puede generar reacciones negativas. La represión se vuelve contra sus perpetradores suscitando, entre otros, el deterioro de la obediencia entre los que apoyan al régimen, la movilización de la población y la condena internacional. Los costos internos y externos del uso de la represión contra movimientos pacíficos puede obligar a un régimen a negociar más fácilmente de lo que lo haría con movimientos violentos (María Stephan and Erica Chenoweth, 2008).

Los libros y periódicos nos ofrecen ejemplos todos los días. La historia, que normalmente leemos como una sucesión de conflictos armados, tiene otra cara: una cronología de luchas no violentas con protagonistas y causas tan diversas como la humanidad misma. Según una reconocida base de datos de la Universidad de Denver, su porcentaje de éxito, a pesar de una pequeña remisión en los últimos años, es casi el doble del de fracaso (Stephan and Chenoweth, 2015).

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo se explica su mayor eficacia relativa? Si aceptamos el axioma que dice que en la política «el poder nunca es dado, siempre es tomado», la conclusión obvia es que los movimientos no violentos han triunfado porque, de algún modo, ejercieron un poder mayor al de sus oponentes. Tienen “una fuerza más poderosa” que las armas.

Esto nos da la clave para comprender que el poder del que hablamos no es el poder definido en términos tradicionales como monopolio de la fuerza bruta o no. Las teorías alternativas han ampliado el concepto de poder centrándose en sus aspectos relacionales y en la fuerza de los débiles, promoviendo la idea de un poder “pluralista”, que se contrapone a aquella de un poder “monolítico”, fijo, del cual solo cambian sus representantes ubicados en el tope de la pirámide social.

Se considera que, en última instancia, el poder reside en el consentimiento de la gente común, ubicada en la base, a someterse a determinadas reglas. Y que cada una de esas personas, en cualquier momento, puede cambiar de parecer y negarse a obedecer, ejerciendo, individual o colectivamente, la cuota de poder que le es inherente. Así, el poder deja de ser una cosa rígida que “pertenece” a una minoría y puede ser redistribuido tantas veces como sea necesario.  

Esto se vincula con la visión constructivista de la paz, la cual no se equipara con la ausencia de conflictos de intereses, inevitables en sociedades complejas, sino con la resolución pacífica de los mismos (Galtung, 1996).

La paz de Maduro es una paz negativa, que apunta a la supresión de los conflictos sin cambiar en nada el escenario de violencia estructural. La paz a la que aspiramos pasa por la resolución de esos conflictos mediante la superación negociada de todo tipo de violencia, una paz positiva, nacida del consenso.

La resistencia civil está moldeando sociedades y gobiernos alrededor del mundo. ¡Adelante Venezuela! Atentos a las convocatorias. ¡Todos a la calle sin miedo! Ya falta menos.

Referencias 

Galtung J. (1996). Peace by peaceful means: Peace and conflict, development and civilization, Sage, London, GB

Stephan and Burrows (2015). Is Authoritarianism Staging a Comeback? Atlantic Council. USA.

Stephan and Chenoweth (2008). Why Civil Resistance Works. The Strategic Logic of Nonviolent Conflict. ICNC.