Más que una pregunta, como la del título de este artículo y la cual  intercambiamos entre la mayoría de los venezolanos cuando desarrollamos la inevitable conversación que siempre gira sobre esta grave crisis, termina  siendo  una reflexión dura y dramática: quedarse en  Venezuela en los actuales momentos es una condena y poder  sobrevivir se escapa cada vez más de nuestras manos.

El gobierno de manera fríamente calculada, en medio de la crisis social más grave por la que atraviesa nuestro país, nos  impone las más nefastas medidas económicas que dejan sin futuro a la mayoría de los ciudadanos que todavía permanecemos en nuestra querida Venezuela, sometida y secuestrada por una cúpula de estirpe totalitaria y obsesionada con la peor de las ideologías que más han hecho daño, no solo en nuestras latitudes sino a nivel mundial, tal como lo ha demostrado la historia. Una ideología que trae “riqueza” solo a quienes ostentan el poder, pero al pueblo soberano –como ellos suelen llamarlo– lo hunden en la miseria y la pobreza extrema, que pareciera que llegó para quedarse de ahora en adelante y más aún si nos resignamos a esta barbarie.

El impacto negativo de esta demencia ideológica sobre el ciudadano común ha sido continuo y progresivo, hasta tal punto que ya no podemos hablar de calidad de vida en ninguno de los aspectos que deberían conllevar a un adecuado equilibrio en relación con un bienestar físico, social y mental, lo cual es fundamental para considerar a un individuo sano, de manera que la mayoría de la población venezolana está enferma.

La implementación de mecanismos de acoso, desidia, indolencia y corrupción, sumados a una hiperinflación desatada que comenzó a principios de este año, ha incidido de manera dramática y trágica en la salud tanto física como mental de la mayoría de los venezolanos.

Según la Organización de las Naciones Unidas, en una declaración reciente, aproximadamente 2,3 millones de venezolanos han abandonado el país; sin embargo, esta cifra es una estimación y quizás pudiera quedarse un poco corta. Expertos en el tema social señalaron recientemente que 40% ha considerado emigrar y 4% está dispuesto a salir en lo que queda del año; por supuesto, es indudable que después de las insólitas, absurdas, malignas, inviables e inentendibles medidas económicas anunciadas el pasado 17 de agosto, un mayor porcentaje de la población considere esta difícil decisión.

Más que emigrar, el venezolano está huyendo despavorido ante un panorama de hambre y enfermedad, ante la incertidumbre y la angustia de no poder afrontar las situaciones rutinarias, las cuales a su vez le permitirían desarrollar una vida productiva y sana junto con su núcleo familiar. De paso, cada día vemos que aumenta el número de familias que dolorosamente se han separado ante la imperiosa necesidad de que la joven generación que la conforma busque en otras fronteras un mejor futuro lleno de oportunidades, a la vez que se impone la necesidad de enviar las remesas que aliviarían un poco las dificultades para el acceso de las necesidades básicas en buena parte de los hogares venezolanos.

La  diáspora venezolana está causando conmoción en países vecinos, ya se ha convertido en una gran preocupación para los gobiernos de la región. Sin embargo, se ha visto una demostración de apoyo en algunos países del continente, como Chile, Perú, Colombia, Ecuador y otros, hacia los migrantes venezolanos que salen a diario y por tierra, pues son notorias las condiciones en las que se encuentran debido a la grave crisis humanitaria que prevalece en Venezuela y que el pronóstico para salir de dicha crisis es cada vez más sombrío. En estos momentos cualquier clase social sale huyendo por las fronteras.

No podemos permitir que esta interrogante de pensar en abandonar el país domine nuestra existencia. Venezuela nos pertenece a la mayoría de los ciudadanos, más de 80%, que queremos vivir en paz, libertad, democracia y que además se nos respeten los derechos humanos más fundamentales, entre ellos el derecho a la vida.

Nuestra Venezuela no puede seguir dominada por una minoría obcecada por mantener el poder con base en una ideología comunista y corrupta, además envilecida por privilegios y riquezas que siempre le pertenecieron al pueblo venezolano. Son otros los que deben irse y sabemos cuáles son.