La violencia se ha hecho presente en todos los ámbitos de nuestra vida. Asociamos el término a hechos relacionados con la criminalidad y la inseguridad, pero lo cierto es que en Venezuela hemos llegado a un punto de enorme peligro. La convivencia se ha erosionado de tal forma que las relaciones sociales, económicas y políticas están cooptadas por la violencia.

El modelo impuesto por el régimen esta signado por ella. El Estado, secuestrado para servir los intereses del grupo en el poder, se ha convertido en su principal promotor. Peor aún, busca normalizarla y convertirla en parte integral del status quo. El régimen pretende que nos acostumbremos a ella y que la aceptemos sin cuestionarla.

Violencia son los operativos de las FAES en las comunidades del país. El asesinato de Fernando Albán y las torturas aplicadas a Lorent Saleh, a Juan Requesens. La represión y hostigamiento a manifestantes y a los grupos que protestan. La promoción de grupos armados irregulares como los que atacaron a María Corina Machado. La connivencia con la impunidad.

Pero violencia también es el control en el acceso a alimentos, medicinas y “ayudas sociales” que el gobierno ejerce sobre las personas para doblegarlas. El colapso premeditado y la administración caótica de servicios básicos de electricidad, agua, gas o transporte que deterioran las condiciones de vida. La presión y cizaña sobre escuelas privadas y centros de educación. Las medidas económicas que empobrecen y atribulan a los venezolanos.

Violencia es la censura, el ocultar e invisibilizar el descontento popular (el Observatorio de Conflictividad, por ejemplo, reportó más de 980 protestas en septiembre que en su gran mayoría no fueron conocidas por la opinión pública), la negación oficial de la tragedia de la diáspora hacia Colombia, Perú, Brasil y Ecuador. El uso de medios públicos por parte del Estado para promover un discurso de guerra, conflicto y fratricidio, a toda hora, diariamente. 

Todo esto conforma un gobierno de la violencia, en el que se estimulan las relaciones de dominación y dependencia y lo militar se impone sobre lo civil. Se desconoce o criminaliza a las víctimas, se violan los derechos humanos por y desde el Estado, se deshumaniza a las personas y se usa la fuerza sin monitoreos ni control, de manera desmedida e injustificada.

Es evidente que es vital para Venezuela el revertir este estado de las cosas. No hay posibilidad de bienestar y desarrollo bajo un modelo de estas características y es necesario un cambio político. Con igual importancia debemos asumir como sociedad la prioridad de este problema e implementar medidas de corto, mediano y largo alcance, que promuevan la reconfiguración del tejido social y la convivencia.

Como muchas organizaciones que hacen vida en el país, en Caracas Mi Convive hemos priorizado el problema de la violencia, y sus ramificaciones en todos los aspectos de nuestra cotidianidad, como uno de los principales factores de la crisis que vivimos.  Por ello hemos trabajado en iniciativas que responden a la violencia desde la participación y articulación de las personas, utilizando los valores convivenciales de solidaridad, el reconocimiento y la vinculación. Respuestas que rompen la cadena de la violencia, oponiéndose a elementos que la estimulan y perpetúan como el asistencialismo, la retaliación, la exclusión, el oportunismo y la imposición.

La organización Alimenta la Solidaridad aborda la crisis alimentaria organizando a las personas, articulándolas entre sí y con otros sectores, y dotándolas de herramientas de sostenibilidad y superación, individual y colectiva. Monitor de Víctimas y la Unidad de Atención a las Víctimas trabajan en la articulación de diversos actores sociales para enfrentar el problema de la violencia a la vez que reconocen, visibilizan y apoyan a las víctimas.

Monitor conecta a periodistas de la fuente de sucesos de diversos medios de comunicación, familiares y allegados de las víctimas y líderes comunitarios, recogiendo y publicando informaciones confiables y generando una base de datos que permita el desarrollo de iniciativas y políticas de reducción de la violencia. La Unidad de Atención comprende un equipo de especialistas y aliados que apoya a los familiares y allegados de las víctimas de homicidio a través de asesoría legal y atención psicológica.

Todos estos esfuerzos responden a una visión, democrática y civil, de convivencia y de desarrollo social, que se opone al modelo actual de hambre destrucción y empobrecimiento. Una visión que se opone a la normalización de la violencia, y se niega a asumirla como fuerza definitoria de nuestra cotidianidad. Una visión que no acepta a este gobierno de violencia y el costo que su permanencia significa para la vida de los venezolanos.

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