La coherencia se basa en la relación lógica entre dos cosas o entre las partes o elementos de algo de modo que no se produce contradicción ni oposición entre ellas. Dicho de otro modo,  es la cualidad de la persona coherente, que actúa en consecuencia con sus ideas o con lo que expresa. Ahora bien, recordemos que al inicio de la juramentación como presidente interino Juan Guaido aseveró que no había posibilidad de diálogo con el régimen de Nicolás Maduro porque este violaba los derechos de los ciudadanos venezolanos, como en efecto lo hacen. Son 20 años en los que han privado  a más de 30 millones de ciudadanos de derechos básicos como son la vida, libertad y propiedad.

El mes pasado los venezolanos nos enteramos de los encuentros entre representantes de la tiranía chavista y del gobierno de Juan Guaidó en Oslo, Noruega, donde según informaciones se buscaban acuerdos para una solución a la crisis. Es inevitable no recordar los anteriores “diálogos” en 2003, 2014 y 2017, con los que el sistema socialista liderado por Maduro ha ganado tiempo y legitimidad y con ello control sobre un país sometido a la dictadura longeva del continente, desde luego me refiero a los Castro.

Los venezolanos hemos entregado toda nuestra confianza a lo que nosotros suponemos que es una “oposición” que lucha con vehemencia para salir de un régimen perverso, pero ha sido gracias a la magnitud de los engaños que hoy en día hay una ciudadanía que exige, cuestiona y duda. No se le puede pedir confianza cuando el mismo presidente interino no es fiel a su palabra y no honra su promesa.

Me gustaría que este artículo lo lean aquellos “periodistas” que acusan a toda voz crítica de G2 cubano solo por no estar de acuerdo con las recientes actuaciones del presidente encargado de Venezuela.  No somos militantes del PSUV, donde no hay voz crítica y todos deben aplaudir sin derecho a cuestionar porque quien tenga la osadía de hacerlo es acusado de “traidor a la patria”, método que han asimilado ciertas personas que integran la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) de acusar de infiltrado, divisionista y tarifado del régimen a todo aquel que exija actuar con coherencia y no prestarse a la nueva estafa del “diálogo”.

No puede haber confianza en cierto sector de la “oposición” cuando nos hablan de que existe un “chavismo democrático” que puede formar parte de un nuevo gobierno de transición. Es una falacia. Solo basta recordar la época de Chávez o Maduro cuando ordenaban expropiar empresas o cerrar algún medio de comunicación y estos personajes gritaban a rabiar: “Así, así, así es que se gobierna”. Y no solo avalaron el saqueo al país, también aprobaron la tortura, el encarcelamiento y la persecución a todo aquel que levantó la voz de protesta.

Sin coherencia no hay confianza, llevamos veinte años entregando un cheque en blanco, como decimos en el  argot popular los venezolanos.  No hay confianza y solo basta con ver en las fronteras cómo huyen los ciudadanos despavoridos de un catástrofe que parece no tener fin.