La devastadora crisis que vivimos se agudiza con la negativa de Nicolás Maduro de abandonar el poder, y proclamarse como presidente en medio del rechazo mayoritario del país y de la comunidad internacional. La continuidad del régimen es también la de su modelo de colapso y caos, que viene desintegrando las condiciones de vida de los venezolanos y cuyos efectos se han desbordado a nivel regional.

En este contexto adverso de crisis y dictadura se están produciendo respuestas desde la sociedad venezolana: la organización de la sociedad civil en redes solidarias, de apoyo y grupos de acción social, en defensa de los derechos humanos y la atención a emergencias como las de alimentos y salud, por ejemplo. Las protestas que buscan vincularse entre sí y lograr el apoyo de otros sectores. La constitución de un Frente Amplio en el que coincidan las fuerzas vivas nacionales.

En el plano político se está produciendo también un momento significativo de reflexión y cambio. El replanteamiento y renovación de liderazgos, estrategias y puntos de vista para lograr la articulación necesaria entre los distinto actores políticos, recuperar las vías democráticas y abordar en lo inmediato la emergencia que estamos viviendo. En este sentido, es de gran significado la nueva conformación de la directiva de la Asamblea Nacional, la última institución pública independiente y elegida por los venezolanos.

Juan Guaidó, su nuevo presidente, al igual que Stalin González y Edinson Ferrer, pertenecen a la generación que ha crecido y se ha formado en la Venezuela de los últimos 30 años. La generación de la que formo parte y que ha vivido los enormes cambios y convulsiones históricas que significaron el largo proyecto fallido de Hugo Chávez, y la deriva dictatorial encabezada por Nicolás Maduro.

Como a todos los venezolanos, estos procesos me han marcado en lo personal y han definido mis aspiraciones. Propició mi involucramiento activo en el movimiento estudiantil universitario a partir de 2007 ante el personalismo militarista que amenazaba la pérdida de derechos democráticos, así como la decisión de formarme en políticas públicas que permitieran contribuir significativamente con el desarrollo social del país.

Como hemos dicho con anterioridad en este espacio, una generación no se define por su edad, sino por sus aportes y puntos de vista, por los actos que produce. Por su capacidad para interpretar las necesidades, expectativas y aspiraciones del país y articularse con este para hacerlas realidad. Nuestro trabajo en el Movimiento Caracas Mi Convive y la Organización Alimenta la Solidaridad, son una expresión de esto. Son muestra de la Venezuela que busca trascender taras como la violencia, la corrupción y la fragmentación social para desarrollar sus inmensas posibilidades de bienestar, inclusión y productividad.

Esta generación encara hoy, como el resto del país, los enormes retos que representa la superación de este momento histórico de profundas e inéditas crisis sociales, políticas y económicas. La amenaza, la violencia y el hostigamiento que vivimos estuvieron presentes en la juramentación de Guaidó el pasado sábado 5 de enero, con el descubrimiento de una granada fragmentaria dentro del Palacio Federal Legislativo. Pero, aun así, el acto se llevó a cabo y contó con la participación de representantes de diversos sectores del país, de la Iglesia y, además, con la importante presencia de embajadores y diplomáticos.

En su discurso, Guaidó llamó a la unidad del país y a la movilización ciudadana para lograr una salida viable a la crisis. Venezuela tiene la necesidad vital de superar el actual modelo destructivo y opresor para generar una transición que nos lleve a un proceso de atención a la emergencia y de construcción de un nuevo proyecto de país, solidario, democrático y productivo. Sin duda, el reto democrático de esta generación es el ser una fuerza articuladora de todos los sectores nacionales para que esto sea posible.

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