Desde hace poco más de dos semanas los ciudadanos venezolanos hemos recibido una dosis más, y revestida de mayor potencia, para que la angustia, ansiedad, miedo y la rabia contenida se exacerben de manera rápida y progresiva.

Las medidas económicas anunciadas por el régimen han generado una situación que, según los expertos, conducirá irremediablemente a un punto de quiebre económico. Más que efectos positivos lo que se perfila es una cadena de fracasos en todos los ámbitos de la vida nacional. Nunca se había visto tanto desabastecimiento de alimentos y medicinas como en estos últimos días, y hay quienes anuncian un peor pronóstico a corto y mediano plazo. Por supuesto, esto va a incidir de manera más dramática en el derecho a la salud.

La medicina venezolana siempre se destacó, antes de que llegara esta nefasta revolución, como un ejemplo de alto nivel científico y académico para nuestro continente e incluso en el ámbito mundial. El progreso desde el punto de vista tecnológico que conllevaba a una adecuada atención al paciente se hacía sentir en nuestros hospitales y centros privados de salud.

La formación y educación de los médicos venezolanos que ingresan a nuestras universidades autónomas y reconocidas, los conduce a egresar no solo con la adecuada preparación y conocimiento para ser aceptados en prestigiosos hospitales y universidades de otros países, sino con un alto valor ético en el ejercicio de la profesión. El norte de prestigiosas  organizaciones  como la Academia Nacional de Medicina, nuestra máxima institución científica y académica, siempre ha estado orientada a la excelencia médica, además de preservar el legado de los grandes médicos ilustres que enaltecieron e impulsaron la medicina en Venezuela. Aun  en esta situación tan caótica mantiene los esfuerzos para que no se pierdan los logros alcanzados y eleva una voz de alerta y de manera contundente de lo que pudiera significar el punto de quiebre para la medicina venezolana.

De igual manera, las sociedades científicas y universidades autónomas se han unido para lograr los mismos objetivos. No obstante, vimos con asombro los anuncios del Ejecutivo nacional en la clausura del Primer Congreso Revolucionario de la Salud, el 24 de agosto, los cuales fueron confusos, improvisados y, por supuesto, llenos de una gran ignorancia de lo que ha significado nuestra medicina, al querer introducir un nuevo “plan de salud” para llegar a un sistema público de salud  bajo el enfoque de Barrio Adentro, con visos de discriminación basados en el nefasto carnet de la patria, llevándose por delante lo establecido en la Constitución.

También expresan un profundo desconocimiento de  la exigente formación académica de quien aspira  a obtener el título de médico: para lograr ese objetivo se deben cumplir de ocho mil a diez mil horas académicas y adquirir en ese periodo las habilidades y destrezas pertinentes desde el punto de vista práctico en cuatro áreas fundamentales: Medicina, Pediatría, Obstetricia y Clínica Quirúrgica. Los médicos integrales comunitarios que emergieron durante esta revolución son formados y entrenados para la atención comunitaria y primaria, no cumplen con el número de horas académicas requeridas, tampoco desarrollan las habilidades y destrezas correspondientes.

Alarma la orden emitida por el  Ejecutivo de que estos médicos ingresen directamente a los posgrados para una especialización médica o quirúrgica, sin tener los requisitos y prelaciones que siempre han exigido las universidades y residencias de posgrados asistenciales reconocidas, lo que muestra una gran irresponsabilidad. No puedo dejar de mencionar las descalificaciones y comparaciones denigrantes del máximo representante del gobierno hacia los médicos venezolanos egresados de  nuestras prestigiosas universidades autónomas. La diáspora médica sigue en aumento, y  son las precarias condiciones de trabajo las únicas responsables que incentivan la búsqueda de un mejor futuro. Orgullosamente son recibidos con los brazos abiertos en otros países gracias a la formación académica que han recibido.

La Academia Nacional de Medicina, la Red de Sociedades Científicas, Universidad Central de Venezuela y la Federación Médica manifestaron públicamente, en un comunicado, su rechazo a las decisiones unilaterales e impositivas del gobierno y, además, indicaron que “insistir en este modelo fracasado solo empeorará los sufrimientos de las personas que vivimos en Venezuela”. No podemos permitir que nuestra medicina sea doblegada por un modelo ideológico y nefasto, que a su vez  está acabando con la calidad de vida de la mayoría de los venezolanos.