La necesidad de cambio de los venezolanos es vital. Queremos una salida a la profunda crisis del país. Superar el colapso de servicios públicos, que se respeten nuestros derechos humanos, restituir la normalidad en nuestras vidas. Esta necesidad vital es impedida por el régimen dictatorial de Nicolás Maduro a través de controles sociales y, sobre todo, de una estrategia de hostigamiento, censura y represión.  

Y a pesar de esto, los venezolanos persistimos.

Según datos del Observatorio Social Humanitario, entre 2018 y 2019 el número de manifestaciones en el país se duplicó de cerca de 3.000 a más de 7.000 protestas. Aproximadamente la mitad son por causas políticas, siendo el resto el conjunto de manifestaciones que se producen por motivos laborales, exigencia de servicios básicos, protestas por alimentación, medicamentos y muchas otras. Estas protestas no violentas se dan en todos los rincones del país. Son más notables las que se suceden en centros urbanos, pero de igual forma se producen muchas otras en pueblos y zonas del interior profundo de Venezuela.

Estas protestas no van a detenerse a pesar de la represión. Continuarán sucediéndose mientras se mantenga el régimen, ejerciendo su modelo de hambre, violencia y destrucción. Los venezolanos no luchamos por un partido o por una ideología, luchamos por nuestras vidas. Por el futuro y el bienestar de nuestras familias. Por un sistema democrático en el que podamos desarrollarnos en plenitud y verdadera libertad.

En la medida en que nos articulemos todos los sectores sociales para extender y ampliar la escala de la protesta, podremos generar las condiciones para la transformación de la realidad. Estableciendo redes de apoyo e información, organizándonos desde las comunidades y urbanizaciones, vinculados no solo en causas particulares sino comunes, contaremos con recursos y herramientas que nos permitan alcanzar los logros que hoy tanto ansiamos. Con igual importancia, sentaremos las bases imprescindibles de encuentro y cohesión necesarias para afrontar la enorme tarea de reconstrucción del país.

La desesperanza y el desánimo ante los embates del régimen son comprensibles. Los hechos cruentos que hemos vivido nos impactan en lo más profundo de nuestras convicciones, de nuestro espíritu. Pero la esperanza debemos construirla no desde expectativas irreales o falsos optimismos, sino desde los hechos que se producen en la realidad. Los venezolanos que salen a denunciar los crímenes del régimen, a exigir el respeto de sus derechos, por la democracia, los venezolanos que somos la gran mayoría del país que en su riqueza y diversidad clama por el cambio, encarnamos esa esperanza.

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