En la era socialista de Hugo Chávez (1999-2013), Venezuela suplía al mercado 3,1 millones de barriles de petróleo por día (mbpd).

Ahora, en 2019, en la era comunista de Nicolás Maduro, apenas el país acomoda en el mercado, y a duras penas, 1,1 mbpd (según la OPEP).

Claramente, el modelo izquierdista no funcionó para gerenciar y gestionar la industria petrolera venezolana.

El presidente de Venezuela, el señor Juan Guaidó, además de expulsar al último vestigio de la dictadura de Chávez/Maduro y reorganizar el país para su pacificación y elecciones libres, tendrá que enfrentar una dura realidad económica: salvar el petróleo venezolano y reorganizar sus medios de producción.

La clave es una reingeniería total del sistema.

Desde un Consejo Nacional de Energía –integrado por notables de la industria– podría encarar el rediseño de los sistemas de producción de petróleo, gas y generación eléctrica. La buena noticia para el presidente Guaidó es que tendrá dinero para paliar la crisis de alimentos en Venezuela y, de manera paralela, reorganizar la industria petrolera.

Hay a disposición del presidente Guaidó –una vez que se deshaga del último resquicio del régimen madurista– el dinero de Pdvsa “congelado” en Estados Unidos (activos por aproximadamente 7.000 millones de dólares y los depósitos que se realizan por las operaciones de la subsidiaria Citgo).

Este cuerpo de notables –que podrían ser venezolanos y amigos latinoamericanos que ayuden a la industria– que integren un Consejo, tendrían la misión principal y prioritaria de:

1) elaborar una nueva ley del petróleo y energía de Venezuela, con enfoque en Pdvsa para su reingeniería total, a fin de ser puesta a consideración de la Asamblea Nacional,

2) elaborar un riguroso análisis contable-financiero de manera de determinar, con precisión, cuánto dinero ingresó y cuánto de ese dinero se dispuso y despilfarró, señalando a los responsables de tal descalabro financiero,

3) reposicionar a Venezuela como país suplidor de crudo, analizando contratos actuales, situación de exportación y relaciones comerciales con Estados Unidos,

4) analizar la situación de las subsidiarias de Pdvsa en Estados Unidos y el manejo de fondos necesarios para la modernización de la industria,

5) proponer y ejecutar, con aprobación presidencial, un plan de inversiones y mejoras tecnológicas y la elaboración de un nuevo “banco” de personas con capacidad de mando gerencial,

6) analizar cuál es la situación financiera con proveedores de dinero de Rusia y China en la industria petrolera y prever la posibilidad de reducir esas dependencias de dinero, analizando si los contratos fueron suscritos con base en la legalidad,

7) calcular el envío de petróleo a Cuba y cobrar por el mismo lo propio a los otros países del Caribe que recibieron petróleo a precios “de regalo” en la era chavista. Y cobrarles retroactivamente y dejar de hacer envíos “de cariño”,

8) elaborar una estrategia de largo plazo para la exploración y explotación de campos en la Faja del Orinoco,

8) elaborar un plan de upgrade, de mejora, modernización e incremento de la capacidad de tecnología y refino en el centro de refinación de Paraguaná, Puerto La Cruz y El Palito y la Refinería Isla en Curazao, operada por Pdvsa,

9) al no haber control cambiario (entiendo que debe dejarse sin efecto el control cambiario vigente desde 2003), se termina la obligación política de Pdvsa de vender sus dólares al Banco Central de Venezuela a precio demasiado bajo, de manera que tendrá dinero (divisas) para su propia modernización,

10) cortar la nómina de empleados que ingresaron por complicidad con el régimen. Basta de ñoquis, como dicen en Argentina, basta de vagos que viven de posiciones laborales del Estado por ser parte “del partido”,

11) analizar la situación de los bonos de la compañía y generar una programación de pagos con base en nuevos ingresos y evitar los default por pagos atrasados,

12) implementar la cero tolerancia a la corrupción. Aquí un apunte: una investigación del Parlamento indicó que 11.000 millones de dólares se perdieron de las arcas del Estado venezolano por malversaciones en Pdvsa en el lapso 2004-2014. ¡Una barbaridad! ¡Ese monto supera las actuales RIN reserva internacional neta de Bolivia!

13) Analizar la industria de gas natural en Venezuela que –aunque no tiene la importancia del petróleo– es otro componente económico que debe ser parte de evaluación y proyección, lo mismo que la industria de generación, distribución y comercialización de electricidad en el país: unificación de un solo ente ejecutivo: un Ministerio de Petróleo, Gas y Energía, al mando de toda la reestructuración del sector.

La industria petrolera venezolana está hecha un desastre, peor aún cuando Maduro entregó el control de Pdvsa a militares (noviembre de 2017).

Lo mismo que la industria eléctrica. Los apagones de luz han sido frecuentes en Venezuela. Todo el sector merece una reingeniería total.

Lo que sí debe ser objeto de muchísima atención es el destino de los –mal calculados– 750.000 millones de dólares por exportaciones de crudo durante una década que fueron recibidos por Venezuela y administrados discrecionalmente por el régimen de Chávez/Maduro.

Cambiando las condiciones del escenario político del comunismo a la libertad, en menos de un año se sentirá la recuperación y reinstitucionalización de Pdvsa. Coincido con los expertos economistas Jesús Casique y con José Toro Hardy, quien calcula que Venezuela necesitaría préstamos por 30.000 millones de dólares y sobre todo un “cambio de políticas” para elevar la producción en 400.000 barriles diarios en un año. Todo el mundo va a invertir nuevamente en un país liberado de las cadenas de la tiranía. No habrá problema de liquidez para nuevas inversiones sabiendo el mundo que Venezuela es –nuevamente– un Estado de Derecho.

Señor presidente Juan Guaidó, me tiene listo para ser parte de los equipos que usted vaya a conformar con el objeto de trabajar por la recuperación de la industria petrolera venezolana. Como latinoamericano me duele muchísimo que el petróleo venezolano y el gas natural boliviano se hayan desperdiciado. Estoy a su orden para trabajar sin pedir ni un centavo por honorarios.