Una suma nada despreciable ha sido ofrecida por el gobierno de Colombia para quien provea información que permita dar con el paradero de Jesús Santrich, antiguo líder guerrillero de las FARC, y parlamentario igualmente dentro de la cuota de las FARC, por fuerza de la Justicia Especial para la Paz  (JEP). El delincuente se encuentra oculto en algún lugar de Colombia o quizá ya en el exterior, como prófugo de la justicia.

La tarea de encontrarlo será harto complicada porque el insurgente no solo tendrá tras sí a las fuerzas del orden de Colombia sino a las de Estados Unidos, país que lo ha solicitado en extradición. Ahora, además, Interpol se encargará de ubicarlo en el mundo entero, para ser exactos, en 194 países a través de lo que se conoce como una circular roja de captura emanada del organismo.

Algo le hace suponer al mandatario burlado por el antisocial, a Iván Duque, que Santrich, cuyo verdadero nombre es Seuxis Paucías Hernández Solarte, pudiera encontrarse en suelo venezolano y razones no le faltan. Si en algún lugar pudiera sentirse a salvo el guerrillero, tanto de una extradición como de un atentado en su contra, es en las intrincadas selvas de Colombia que conoce harto bien este personaje por la cantidad de años que se mantuvo en la lucha narcoguerrillera en el Caribe, el nororiente colombiano y el departamento de Caquetá. Solo que el hombre de marras tiene severos problemas visuales y en su huida debe ser acompañado de los lazarillos que le faciliten la huida o el escondite y quienes igualmente se juegan la vida en su colaboración con él.

Del lado venezolano haría falta una colaboración activa de las autoridades fronterizas y militares, lo cual no es imposible dada la estrecha colaboración de estas fuerzas con la insurgencia colombiana, particularmente del ELN por las razones estrictamente crematísticas que tienen que ver con la complicidad en el narconegocio. A pesar de que Santrich es un engendro de las FARC , los dineros que ha manejado y que deben estar a buen resguardo podrían ser tan atractivos para muchos venezolanos de casta revolucionaria como el millón de dólares que ofrece la policía del país por su captura.

La Corte Suprema de Justicia colombiana investigaba a Santrich por su participación en el tráfico de cocaína a Estados Unidos. Había solicitado formalmente que rindiera indagatoria pero días antes de su comparecencia el guerrillero-parlamentario desapareció.

Santrich detentaba una curul en el Congreso por el partido de las FARC en el momento en que fue citado por el Alto Tribunal y, al no comparecer injustificadamente, se hizo reo de una orden de captura. Desde su puesto en el Congreso Santrich, quien es además miembro de la cúpula del partido FARC, se había dado a la tarea, desde su escaño, de soliviantar los ánimos de un país que se encuentra ya muy dividido por los perversos resultados del proceso de paz.

El caso es que Santrich se las debe a muchos. Sus deudas con Colombia, con Estados Unidos y con el mundo son inmensas. A Colombia por la inmensa cantidad de delitos atroces cometidos durante todos los años en que fue parte activa de la violencia guerrillera, a Estados Unidos por su participación activa en el suministro de drogas a ese país, pero igualmente a los suyos, a aquellos insurgentes de su propio grupo armado que representó cuando fue uno de sus voceros en las negociaciones de La Habana. Tan es asi que su propio partido político se ha deslindado de él en esta ocasión. Este nuevo movimiento del cuestionado personaje es el detalle que faltaba para terminar de darle soporte a los detractores de la JEP y a los enemigos de la componenda de La Habana.

¿Es Venezuela la tierra prometida para un personaje de esta calaña?. Por supuesto que sí. Pero una complicidad del gobierno de Maduro o de su estamento militar con este criminal sería el eslabón que hace falta para que el presidente de los colombianos se anime a actuar más duramente en cuanto a la defenestración de Nicolás Maduro.