El 5 de julio de 2019 no se ha leído el Acta de la Independencia.

El mito de origen, el valor que otorgó la identidad nacional ha sido motivo de confrontación imaginaria en un contexto de profilaxis psicosocial que rodea el imaginario colectivo y la praxis del comportamiento como modo y medio generador de sistemas políticos en confrontación.

Representada por dos jefes de Estado, el presidente y el presidente interino, en la relación general de las fuerzas y del respectivo soporte de pueblo, se introduce la amenaza de disolución del Estado sobre el único principio admitido y casi siempre respetado en el contexto de las naciones: la “soberanía” percibida como capacidad de crear hechos, influencia, condicionamientos políticos, económicos y sociales formalmente existentes.

Democrática o dictatorial, fundamentada sobre leyes que no son respetadas, la República se presenta como un gobierno que lucha en contra de sus ciudadanos, que los tortura para intimidarlos, para ejercer el control de una sociedad civil privada de sus derechos, naturales o adquiridos según el derecho individual, teocrático y doméstico, que quiere dar con la razón o la prudencia de la racionalidad del modo de ser del derecho sobre el cual se rige.

Es el caso de recordar que en la filosofía del derecho se analiza la diferencia entre la sociedad teocrática, en la que la autoridad política, considerada emanada de Dios, se ejerce por sus ministros; de la sociedad doméstica, que defiende lo relativo al hogar y la familia; la sociedad civil, que según Antonio Rosmini tiene la finalidad de “levar los obstáculos y disponer con sensatez aquella circunstancias que resulten más favorables para que las dos primeras sociedades conserven, aumenten, disfruten bienes y derechos que son propios”, es decir, que por su institucionalidad y naturaleza ejerce la preservación de las dos primeras debido a su universalidad, supremacía y perpetuidad. Universalidad, porque tiene por finalidad regular todos los derechos de los asociados; supremacía, porque es soberana sobre las otras sociedades parciales establecidas entre individuos o familias; perpetuidad, porque perpetua en el tiempo las intenciones de los asociados, de los ciudadanos que la componen.

Sin una ideología vinculante ni una estructura partidista para proteger intereses propios o particulares, el orden y la lógica del sistema social conciben lo plural y lo flexible, la heterogeneidad que distingue la verdadera democracia como método por el cual la gobernabilidad es la articulación de un sistema de cohesión de la estructura social anclada al derecho y a la ética. Deriva que la acción de la sociedad civil distingue la gobernabilidad no solo con aporte de nuevas estrategias y soluciones, sino que le hace asumir el valor de un paradigma por el cual se planifica la vida y la perspectiva económica, social y cultural del país mediante impactos interactivos y armónicos entre la ciudadanía y las instituciones, estructurando un cambio social que no se limita a la sustitución del ejercicio del poder.

Por las interacciones, las sustancialidades que impulsa la gobernabilidad deriva, en conformidad con el principio de entalpía de la termodinámica (Gibbs, 1870), aquella fuerza por la cual la expansión y estabilización que producen algunos factores –tecnología, ciencia, economía, servicios, rubros potenciales– que más que por su posición interna, con la presión exterior que ejercitan, impactan con la política, determinando un nuevo equilibrio dirigido a los objetivos estratégicos en un contexto de legalidad y estabilidad democrática.

De este modo se puede definir un desarrollo posible a través de la afirmación de un positivismo que redescubre en el “ser del hombre”, en el ciudadano, el origen de las ideas que sobrepasan el empirismo: el nivel al cual el hombre había sido llevado por el criticismo kantiano regresa por exigencia de la crítica misma con la cual es obligado a negar el presunto valor del pensamiento único castro social comunista bolivariano y redescubre los fundamentos racionales de la gestión del poder político finalizado al bien común.

Se crean así las condiciones de aquella estabilidad y gobernanza del Estado fundamentales para propiciar las inversiones productivas y que requieren también, en una Venezuela ocupada por fuerzas irregulares de cualquier tipo, la militarización de los territorios por la Fuerza Armada de la República, para protegerlos como parte de la esencia genético estructural que puede permitir la recuperación de la nación e impedir la fase imperialista del capitalismo que caracteriza las expresiones extremas del liberalismo de extrema derecha y del social comunismo.

Es este un modo sobrio y civilizatorio que anula, o cuanto menos limita el riesgo que corre el país frente al uso ilícito e insensato de la explotación irracional de los recursos naturales y de los territorios estratégicos, de la instauración de los monopolios de los grandes mercados para reprimir todo foro de desestabilización y en la búsqueda de un nuevo ordenamiento socioeconómico a través de la puesta en marcha de las actividades industriales y agroalimentarias, que permitan a través del trabajo reconquistar una autonomía sectorial en el difícil recorrido hacia la conquista de “una nueva independencia”.

Por supuesto, el aparato comunicacional (televisión, periódicos, revistas, radios, redes sociales, ThinkTanks) asume una importancia vital para la difusión y persuasión transparente hacia las perspectivas de renovación: como ha demostrado el sistema castrocomunista bolivariano, otorga un formidable poder geopolítico para difundir temas, versiones e interpretaciones que han tenido la capacidad de monopolizar la opinión pública nacional e internacional, permeándola en una evidente alquimia de mentiras presentadas como absolutas e incontestables verdades y viceversa. Además, luego de que Edward Snowden abriera en 2013 la caja de Pandora sobre el espionaje informativo y la vigilancia masiva desplegada en la información, es necesaria una vigilancia especial para que la desinformación no obstaculice los planes de la posible recuperación del país.

En la posmodernidad, la sociedad civil en la multiplicidad de sus expresiones puede cumplir la tarea de proteger y mejorar los derechos de todos, sin vínculos con ideologías e intereses políticos partidistas o particulares. Como afirmaba el ya citado Rosmini en 1830: “La finalidad de la sociedad civil es regular las modalidades de los derechos de todos al bien común con una tendencia continua a la paridad de la cuota parte” que pertenece a cada quien.