Ya lo habíamos mencionado en las semanas precedentes, la transición que vive Venezuela es un momento clave para determinar la clase de país que queremos ser en el futuro y allí necesitamos la opinión y participación de todos. Enero de 2019 podrá ser recordado como el mes que trajo de vuelta el optimismo, pero vale reflexionar sobre el acaparamiento de la opinión intelectual, y es que pareciera que solo podemos decir lo que conviene políticamente en este momento, lo que, si bien algunos lectores lo considerarán acertado en vista de la delicada situación de nuestro país, no podemos olvidar que la asfixia hacia a la libertad de opinión es precisamente una de las cosas que hemos criticado al chavismo. Cada venezolano en cada rincón del territorio ha tenido una vivencia diferente estos últimos 20 años, sería una pena que un grupito pretenda monopolizar el contenido de las leyes, de los proyectos nacionales y de lo que podemos y no podemos decir de todo ello. Ya sabemos que el problema en Venezuela no es jurídico, pero si de verdad aspiramos a restablecer un orden constitucional y un Estado de Derecho, tenemos que actuar en consecuencia y ello implica respetar las reglas jurídicas –al menos desde ahora–, la supremacía constitucional y el derecho internacional, sería una paradoja restablecer el orden jurídico si todo lo queremos resolver a lo politiquero, es decir, como convenga en el momento.

Plan País

El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, presentó el pasado 31 de enero de 2019 un proyecto denominado Plan País, la Venezuela que viene, donde primero se hace un recuento de cómo llegamos al lugar donde estamos, donde se destacan las políticas fallidas del chavismo, la corrupción, la inexistencia de poderes públicos independientes, para luego proponer cómo salir de esto.

Tiene que alegrarnos saber que ya se está trabajando por una mejor Venezuela y aunque sean necesarios varios años de trabajo duro para volver a estar como estábamos hace 20 años, no cabe duda que es mucho más inspirador levantarse por la mañana sabiendo que el país donde vives está evolucionando.

El texto del plan parte de un Estado que esté al servicio de la gente, donde se respetan los derechos, con políticas eficientes y que garantice condiciones para que la sociedad pueda desenvolverse libremente. Luego se hace énfasis en el ciudadano “empoderado”, haciendo referencia a los mecanismos de mercado, las libertades económicas, una política social solidaria y la reinserción en el concierto de las naciones libres. La parte económica es la más significativa porque desde allí se construirá todo lo demás, en consecuencia, se plantean como medidas a corto plazo: estabilizar la economía, acceder a la banca multilateral, levantar controles y medidas arbitrarias, controlar la inflación, promover la inversión internacional, etcétera.

Para que esto sea exitoso será necesario seguridad jurídica, disciplina fiscal, pero en especial un cambio de mentalidad a largo plazo. Empecemos por tratar de entender que hay que pagar el valor real de las cosas, lo que implica disminuir los subsidios a su mínima expresión, hay que pagar los servicios domiciliarios, la gasolina y demás bienes, no podemos seguir subsidiando todo con petróleo porque, aunque nunca se debió hacer, ya no somos un país petrolero; tomará muchos años volver a tener la producción e industria de hace 20 años y aunque recuperemos esas condiciones, no tenemos idea de cómo se comportará el mercado en el futuro, estaremos años pagando a chinos y rusos el dinero que le prestaron a Chávez y además tendremos que observar qué estará haciendo la competencia, tanto la petrolera como la de energías alternativas. El plan habla de reestructurar Pdvsa, pero apartando el hecho de que está en bancarrota, si realmente fue utilizada para blanqueo de capitales y tráfico de drogas es mejor liquidarla y hacer una empresa nueva, de lo contrario sus activos siempre estarán sujetos a confiscaciones internacionales. El Plan País debe evitar el error de apostarlo todo en la industria petrolera.

La necesidad de atender la crisis humanitaria es lógicamente una prioridad del Plan País propuesto, así como restablecer el acceso a bienes y servicios públicos de calidad, donde sabemos que los desechos (basura), el agua “potable” y las epidemias tendrán que ser el punto de partida, puesto que desde allí se construye todo el sistema de salud. Por su parte, la luz eléctrica, destruida y colapsada por la ineficiencia y la corrupción, es igualmente trascendental no solo para la calidad de vida sino también para reactivar la economía, un país con apagones incesantes e incapacidad de generación no puede crecer económicamente, el vínculo es proporcional. Es razonable que se proponga mantener el subsidio de servicios a poblaciones de escasos recursos, pero esperemos que gradualmente con la recuperación económica eso se vaya rectificando y no se mantenga infinitamente por conveniencia política y populista.

La seguridad ciudadana es otro punto clave del plan propuesto, se parte de recuperar el sistema de administración de justicia (enfocado en el aspecto criminal, pero debemos apuntar a todo el Poder Judicial), desmilitarizar, despolitizar y descentralizar los cuerpos de seguridad es algo básico y acertadamente propuesto. El aspecto de “inteligencia” requerirá de un profundo trabajo porque todo el Poder Público y fuerzas de seguridad han sido seguramente penetrados por fuerzas extranjeras, narcotráfico y posiblemente terrorismo.

Reflexiones finales

El Plan País, que es algo que vemos con ilusión –y así tiene que ser–, debe ser tomado con seriedad, porque puede dictar la Venezuela que seremos los próximos años. Si bien hay muchas cosas que aplaudir, debe también llevarnos a la reflexión el hecho de que hace hincapié en el caos generado por el chavismo estos últimos 20 años, pero omite las causas que generaron al chavismo.

Pretender ser la Venezuela de los ochenta y noventa sería simplemente demostrar que no hemos aprendido nada y que el momento nos excedió. Cierto que esa Venezuela fue espectacular, pero ese lugar no existe, hagamos los cambios que debemos hacer, empecemos por la liberación de ese montón de actividades económicas reservadas al Estado; sí, el petróleo y otras industrias no deben estar reservadas al Estado porque entonces el Estado venezolano seguirá controlando toda la riqueza y si controla toda la riqueza pues todos vamos a depender directa o indirectamente del gobierno y de los políticos y cuando ello ocurre los ciudadanos difícilmente son libres.

Acabemos ya con esos privilegios absurdos del Estado frente a los ciudadanos (muy pocos se justifican), no más contratos privilegiados, no más desigualdad en el proceso judicial, si de verdad queremos una Venezuela libre, el ciudadano, individualmente concebido, es la raíz que debemos regar. Proteger al individuo, no al Estado.

Dejo para el final lo más importante de todo, la educación, parafraseando a Confucio: solo con la educación es posible lograr la igualdad entre los hombres. Creo que 2.500 años después podemos intentarlo.

De verdad, si hacemos lo correcto, la Venezuela que viene será aún mejor.