Israel se paró el jueves 2 de mayo para recordar a los 6 millones de judíos asesinados durante el Holocausto, Shoá, en una ceremonia especial según el calendario hebreo.

Inmóviles, en silencio, algunos serios, otros compungidos o con la mano en el corazón, los israelíes recordaban a las víctimas de ese oscuro episodio de la Segunda Guerra Mundial con la activación de las sirenas antiaéreas a las 10:00 de la mañana, describió la agencia de noticias Efe.

El transporte público también se detuvo, así como muchos automóviles privados e incluso ambulancias, cuyos conductores se orillaron en la carretera y salieron para participar en el emotivo gesto de dos minutos que marcó los actos de ese día.

El presidente Reuvén Rivlin y el primer ministro Benjamin Netanyahu depositaron luego una ofrenda floral en el Museo del Holocausto, Yad Vashem, lugar de los actos oficiales de recuerdo que comenzaron el miércoles primero de mayo en la noche.

Una de las más solemnes del calendario hebreo, la ceremonia se inició con el acto en el que 6 sobrevivientes encienden 6 antorchas por los 6 millones de muertos.

El recital de los nombres de los fallecidos resonó luego en las paredes del Salón del Recuerdo.

El Museo del Holocausto ha hecho esfuerzos denodados para identificar a todos los judíos asesinados por los nazis. El propósito es dar un rostro a las víctimas, y hasta ahora esa lista incluye a más de cuatro millones y medio de personas.

“Cada persona tiene un nombre. Pero hay muchos nombres que no llegaremos a conocer, a pesar de los interminables esfuerzos por encontrarles”, lamentó Rivlin, citado por Efe.

Cuando estuvimos el Museo del Holocausto en 1989, en ocasión de una visita a Israel en misión periodística, nos conmovió el recinto dedicado al millón y medio de niños mártires.

Allí, una voz anónima va diciendo con emoción contenida nombres, edad y lugar donde vivían niños judíos asesinados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La luz de una vela, reproducida como una constelación por espejos invisibles en medio de la penumbra profunda, se le une para conformar un ambiente sobrecogedor.

Es parte del Museo del Holocausto erigido en Jerusalén como prueba de que el asesinato en masa contra los judíos fue parte de un proceso y no la obra de un loco que terminó con su muerte.

6 millones de judíos, entre ellos millón y medio de niños, fueron asesinados sistemáticamente, víctimas de un plan diabólico, inédito en la historia de la humanidad, para liquidar a todo un pueblo.

Al Museo del Holocausto se llega por la Avenida de los Justos, en honor de los extranjeros que de alguna manera salvaron de la muerte a muchos judíos.

A lo largo de la vía están los nombres de 1.500 de esos justos de todo el mundo, y desde allí se observa una réplica del gueto de Varsovia y el muro que lo rodea.

Dentro del museo el visitante encuentra la prueba irrefutable del plan nazi de exterminio, en un ciclo de muerte terrible que va desde la desmoralización hasta la destrucción física.

Está la imagen caricaturesca de un judío en los textos escolares adulterados en los cuales se sembró el odio desde edad muy temprana en el pueblo alemán.

Están también las imágenes de tantas vejaciones, hambre y miseria. Las ejecuciones sumarias y las cámaras tenebrosas de la muerte.

Hay 100.000 volúmenes que recogen, por ejemplo, los juicios de Nuremberg contra criminales de guerra e incluso argumentos que pretenden negar el plan macabro de Adolfo Hitler.

Los doce años de pesadilla del Holocausto han sido registrados a través del tiempo en numerosos artículos, libros y testimonios personales, basados en anotaciones judías y alemanas de los hechos.

Buena parte de ese material es el resultado de numerosos juicios penales a los que fueron sometidos criminales de guerra nazis, tanto en Alemania Federal como en el resto del mundo.

Pero el visitante del Museo del Holocausto descubre también la resistencia judía, que luchó contra la opresión en los guetos, campos de concentración y bosques de Europa, y de la que se sabe menos porque muy pocos sobrevivieron.

En el museo, esa actitud tenaz frente a los nazis está representada por el símbolo de la resistencia del gueto de Varsovia y ante esa representación formidable se comprende mejor la inspiración del pueblo israelí en su lucha de estos tiempos por la existencia nacional en paz.

Este 2 de mayo también se conmemoró el levantamiento del gueto de Varsovia, la rebelión judía contra los nazis de la Polonia ocupada de 1943 que intentó impedir el traslado de la población que quedaba al campo de exterminio de Treblinka.

Una minoría en medio de una población hostil, o indiferente en términos generales, los judíos europeos enfrentaron su destino virtualmente solos, mientras que el mundo libre callaba.

De casi 7 millones de judíos, en comunidades que habían sido las mayores y más activas del mundo, sobrevivieron apenas 250.000.

El resto del mundo rinde homenaje a la Memoria de la Víctimas del Holocausto el 27 de enero, el día en que en 1945 las tropas soviéticas liberaron Auschwitz.

En Viena expone hasta el 31 de mayo próximo una muestra de grandes retratos de sobrevivientes del Holocausto, obra el fotógrafo y realizador de cine ítalo-alemán Luigi Toscano, con el fin de luchar contra el olvido del genocidio.

La muestra fue inaugurada por el presidente federal austriaco, Alexander van der Bellen, en víspera del 74° aniversario este 8 de mayo del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa y con ello del Holocausto.

Todas las personas retratadas tienen ahora entre 85 y 96 años de edad, como la estadounidense de origen vienés Susan Cernyak, sobreviviente de Auschwitz, que ofreció a la muestra esta frase: “Si nos olvidamos del pasado, estaremos condenados a repetirlo”.

En la ceremonia del pasado 2 de mayo en Israel, el presidente Rivlin y el primer ministro Netanyahu advirtieron de los peligros del antisemitismo en el mundo.

En las redes sociales el hashtag #NeverAgain (nunca más) extendió el recuerdo más allá de las fronteras de ese país.

Esos recuerdos son muy importantes para la vigencia de los derechos humanos, porque todavía hay gente en el mundo que niega que existió Auschwitz o el gas Ziklon B. Y también hay dictadores antisemitas aliados de terroristas.

Pero Yad Mordejai, el primer comandante judío del levantamiento del gueto de Varsovia –ese episodio histórico que en Israel se niegan a olvidar– y los niños mártires del Museo del Holocausto son testigos de lo que nunca más debe ocurrir.