La aparición acelerada de una agrupación de milicias con 2,2 millones de integrantes de acuerdo con cifras suministradas por el gobierno nacional y que alcanzará 3 millones a fines del año 2019 es una iniciativa política que requiere un profundo análisis a la luz de los cambios políticos, económicos y tecnológicos de los últimos 50 años, que han reducido este tipo de ejércitos a muy escasos países en el mundo en las dimensiones en que se plantea el Ministerio de Defensa en Venezuela.

Ciertamente, la idea de la Milicia en Venezuela tiene antecedentes históricos desde la época de la Colonia, siendo muchos blancos criollos que participaron en la guerra de Independencia oficiales de la misma.

Históricamente se puede aplicar este término a todas aquellas agrupaciones de ciudadanos libres que asumían la defensa de un Estado, por lo cual existen variadas interpretaciones sobre grandes ejércitos formados en la antigüedad, si soldados que dejaban las armas en épocas de cosechas para ir al campo podían ser antecedentes históricos de milicias. Es en Suiza y Estados Unidos (Minutemen) donde se desarrollan más profundamente estas ideas de ciudadanía y defensa militar hasta la llegada de era contemporánea 

En el actual período histórico se considera el primer ejército de ciudadanos modernos al levantado durante la Revolución francesa para enfrentarse a los ataques de las monarquías europeas que intentaron acabar con la misma, siendo por cierto Francisco de Miranda uno de los primeros comandantes en este tipo de agrupación de masas, que posteriormente, gracias a la figura de Napoleón Bonaparte, demostró su efectividad y superioridad operacional.

En el siglo XX, la idea de un ejército ciudadano de tales dimensiones, de 10% de la población encuadrada, adiestrada, equipada para una movilización militar inmediata es una política extremadamente costosa en materia de defensa, pues requiere unos elevados niveles de inversión que solo economías muy sólidas pueden mantener en el tiempo a costa de la calidad de vida de la población.

Solamente Israel, Corea del Norte y Suiza hasta los años noventa se plantean este tipo de modelo de defensa masivo con resultados variados en cuanto al impacto social.

Suiza, que durante décadas ha encabezado el ranking de nivel de vida en el mundo, entendió que los gastos militares de un ejército de ciudadanos que llegaba a 15% de la población se estaba disparando por el aumento exponencial de los costos del armamento de última tecnología y por ello el aumento de los costos de capacitación de las tropas en tal cantidad.

En el caso de Corea del Norte, este esfuerzo es posible debido a que el Estado como tal está vertebrado con base en sus fuerzas armadas y todo el país funciona como un inmenso cuartel militar, dado que el servicio militar dura 10 años y absorbe la mayor parte de los recursos económicos y humanos de dicho país, en pocas palabras, funciona como una economía de guerra desde los años cincuenta del siglo pasado esperando una guerra con Estados Unidos, Corea del Sur y Japón

Israel es sin duda el caso militar más exitoso del siglo XX, la idea del ciudadano-soldado está arraigada desde la creación del Estado en 1948. Con la notable excepción de los israelíes de origen árabe y los grupos ultra ortodoxos, por lo cual es la otra nación junto con Corea del Norte donde se puede movilizar 10%-15% de la población en caso de emergencia. Esto es posible porque los reservistas pasan una gran cantidad de días al año en adiestramiento y lo más importante, por el  apoyo financiero de Estados Unidos, que hace posible el equipamiento militar de Israel y su operatividad. De no ser así, se hubiera quebrantado la economía israelí, tal como se destruyó la Unión Soviética por los gastos militares en fuerzas convencionales y no convencionales.   

En los países de la OTAN desde hace muchos años se estableció el objetivo de crear ejércitos profesionales y eliminar el servicio militar obligatorio, a pesar de las amenazas militares soviéticas en el pasado y rusas en el presente. Nadie se imagina a Alemania planteando un ejército de 9 millones de soldados ni a Francia o el Reino Unido un ejército de 6 millones, ni siquiera los países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia), Polonia, Rumania o la República Checa, que sufrieron ocupaciones militares soviéticas durante décadas, han caído en esta idea suicida para sus economías nacionales.

Fuera de la OTAN, países con grandes ejércitos como China, la India o Pakistán, no podrían siquiera imaginar un ejército de milicias de 400 millones, 200 millones y 50 millones de milicianos, no porque no dispongan de los recursos humanos, sino porque entienden el costo financiero de tal iniciática de seguridad y defensa. Tal situación se aplica también a países muy poblados como Brasil, Indonesia o Nigeria.

Es entonces cuando aterrizamos en la actual realidad económica y social de  Venezuela, con una economía destruida y unos servicios públicos en exponencial deterioro, cuando se lanza la idea de crear este ejército de 3 millones de milicianos en medio de millones de personas desesperadas por la hiperinflación, que están pensando en huir del país si no se produce un cambio en la conducción de las políticas publicas.

Es evidente que si el gobierno nacional está hablando en serio, tal esfuerzo solo es posible estructurando sobre las actuales ruinas institucionales un modelo de Estado muy parecido al de la República Democrática y Popular de Corea, lo que pareciera ser cierto con el anuncio de convertir las 51.743 unidades de defensa integral en unidades económicas productivas.

Es obvio que con la dinámica desatada por estas políticas, es cuestión de tiempo para que en las 99 áreas de defensa integral su comando termine suplantando a los alcaldes y en las 8 regiones de defensa integral se termine suplantando a los gobernadores, por lo cual en cuestión de meses la Milicia Nacional terminará por asumir todas las funciones y competencias especificas de estados, municipios y ministerios, siendo el comandante en jefe el supremo general de toda la sociedad de acuerdo con esta tesis.