Dedico este artículo a Roberto Marrero como leal luchador de nuestra causa de libertad y democracia para Venezuela! Recuerdo, sin aspaviento de amenaza repentina sino consciente a Cabello, que la integridad física y moral de Roberto, corre por tu cuenta. 

            ¡Cuando hacemos silencio, en determinadas ocasiones, también nos expresamos! Esta pasada semana, disculpen amigos lectores, no me manifesté a través de este medio con mi acostumbrado artículo semanal. Varias circunstancias me absolvieron de ese pecado que para mí constituye el no expresarme semanalmente por este medio de lucha como lo es El Nacional. Lucha sin tregua, sin cuartel, en la que cada día la realidad nos urge a adentrarnos, más y más. No es posible ser venezolana o venezolano de bien, y aun más allá, ser ciudadano responsable, y no tomar parte en la determinación del  rumbo de libertad vital para todos en estos próximos tiempos.

Nada ni nadie puede dividir nuestra acción, cuando ella está basada en principios y valores universales; que podemos bautizar de la trilogía “D”: a) Derechos humanos; b) Dignidad para vivir, es decir sin discriminaciones y en libertad y c) Democracia. 

El resultado de un largo proceso civilizatorio nos trajo desde la esclavitud, con oprobiosas instituciones establecidas en mentes retorcidas de entonces, como el derecho de pernada o prima note por ejemplo, otras basuras, hasta más allá de la Revolución Industrial en pleno siglo XVIII Y XIX, como el mantenimiento de la esclavitud. En lucha incesante dentro de la evolución histórica las sociedades humanas fueron venciendo el atraso para establecer los derechos humanos universales de mujeres y hombres libres, en cualquier lugar del planeta. ¡Hoy el aplicar el deber de proteger en Venezuela es el reto de esa humanidad!

Sin embargo, aún hoy es inconcebible que existan países como Cuba que, a través del desarrollo de métodos de represión sistemática y control social puedan no solo exportar, hasta llegar a dominar otros países,  mediante gobernantes títeres que han sido asimilados a su modelo de neomonárquico tiránico y hereditario; que es como se ha comportado, establecido y administrado el modelo castrista de Sistema de Estado Totalitario.

Hoy Venezuela, como en el siglo XIX de nuestra independencia, ha sido convertida nuevamente en pieza en el tablero mundial de la lucha por el poder político, con base en las zonas de influencia de las potencias existentes en el globo terráqueo, debe reconocer dicha realidad y jugar su lucha por la libertad de acuerdo con los códigos que nos posibiliten exitosa actuación operacional de liberación de nuestra patria.

Los aliados hacen, como es lógico sus cálculos y precisiones para prever las consecuencias de sus determinaciones. Nosotros debemos mejorar nuestra comunicación interna entre los patriotas frente a los castristas y sus cómplices, así como la comunicación comprometida, no dubitativa y si muy cabal para con nuestros aliados. 

El asunto se trata, como lo hemos afirmado y explicado en múltiples ocasiones, de una realidad de naturaleza conspirativa internacional del crimen organizado en mafias que explotan diferentes fuentes de enriquecimiento desde Venezuela, tales como: el uso de nuestro territorio para el  narcotráfico mundial, la extracción del oro, otros minerales diversos, lo que resta de la capacidad de producción de crudos, el manejo de negociados de lavado y triangulación de activos etc. 

La cosa es clara: ¡crimen organizado no sale de sus posiciones de poder con estrategias pacifistas ni de acumulaciones de fuerzas ciudadanas desarmadas! Es la sociedad civil y militar que se organiza y da la pelea en el terreno de la sobrevivencia del orden civilizado y de preservación de sus familias, que ya desean protegerse dentro su territorio antes de huir, emigrar o volver a él, antes que sucumbir permanentemente a la esclavitud frente a pequeñas cúpulas que dirigen un sistema de dominación basado en el miedo, la organización de minorías armadas y la represión sistemática con la cual controlan al territorio y a las evidentes amplias mayorías  a las que esclavizan. Por ello solo el lema de Miranda es aplicable ante tal realidad: “Muera la tiranía, viva la libertad”.

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