Los venezolanos estamos expuestos a muchos riesgos causados por diferentes circunstancias adversas. En la actualidad, no solo la crisis económica y la hiperinflación nos agobian, también eventos de la naturaleza que se pueden presentar y los cuales nuestro país no está exento de sufrirlos, con consecuencias impredecibles que pueden repercutir en la vida de las personas, y más todavía ante la ausencia de una respuesta de atención oportuna por parte de las autoridades pertinentes y en medio de una crisis humanitaria sin precedentes en la historia de Venezuela.

La emergencia humanitaria compleja que atraviesa nuestro país, según expertos, es un impedimento de gran relevancia para poder controlar situaciones de riesgo antes, durante y después de dichos eventos. No se pueden realizar acciones efectivas de prevención y protección a una población determinada y afectada de manera alarmante por cualquier desastre natural. Las inundaciones son unas de las calamidades que se presentan con mayor frecuencia a escala mundial, ocasionadas no solo por precipitaciones lluviosas intensas y prolongadas, también por crecidas de los ríos que ocasionan dichas precipitaciones y en el caso de Venezuela, lamentablemente hace pocos meses la crecida del río Orinoco y otros más fue alarmante este año.

Desde el pasado mes de junio se pronosticó la situación que se podía presentar, sobre todo en aquellos estados que estaban en riesgo y que podían ser afectados de manera directa, se estaba advirtiendo del paso de unas cuantas ondas tropicales, desde esa fecha. Efectivamente, pasó lo que se había anunciado. Seis estados del país como son: Bolívar, Amazonas, Apure, Delta Amacuro, Guárico y Táchira sufrieron estragos en algunos de sus municipios, incluso se reseñó en los medios que el número de damnificados pudiera haber llegado a 60.000, desde el pasado mes de agosto.

Esto implica que se les debe proporcionar refugios temporales, los cuales a su vez ocasionan riesgos de enfermedades en las personas que habitan dichos refugios, por las condiciones de hacinamiento y la precariedad de la infraestructura que pudieran tener los albergues o edificaciones utilizados para este fin. Se debe resaltar que estos refugios deben ser temporales, ya que se le tiene que ofrecer soluciones definitivas de vivienda a los damnificados. Lamentablemente, estos refugios se convierten en permanentes debido a la falta de respuesta del gobierno de turno ante estas situaciones de emergencia. No podemos dejar de mencionar lo acontecido igualmente en algunas zonas del estado Vargas; ocurrió prácticamente un deslave ocasionado por una lluvia intensa y prolongada que ocasionó, lamentablemente, tres fallecidos.

Es indudable el gran impacto negativo que tienen estos eventos sobre la salud; hay efectos inmediatos como lo es primordialmente el riesgo de pérdida de vidas humanas, por lo que es importante la respuesta oportuna de las autoridades de los gobiernos regionales que se traduce en evacuación o desalojo de manera rápida de los habitantes que viven en las zonas de riesgo, respuesta que no observamos en el momento que se requería.

Otro de los efectos es la aparición o proliferación de epidemias, las cuales incluso ya estaban presentes, ya conocemos la grave situación epidemiológica del país. El aumento de los casos de dengue, paludismo y demás enfermedades transmitidas por vectores o mosquitos, diarreas agudas, leptospirosis, enfermedad que puede ser mortal. Repunte de enfermedades infectocontagiosas, las cuales se presentan más en los refugios temporales como: sarna, influenza, tuberculosis, sarampión, difteria, en fin, enfermedades que han resurgido de manera alarmante a escala nacional, por lo que estos eventos son un caldo de cultivo para las afecciones mencionadas.

Quisiera resaltar el abandono de las poblaciones indígenas, sobre todo en Delta Amacuro, las cuales quedan totalmente incomunicadas para la ayuda oportuna, prácticamente se mantiene la emergencia actualmente en dicho estado por estas inundaciones.

Venezuela colapsa por todos lados; fuimos testigos recientemente del caos que se produjo en la ciudad capital por las lluvias intensas, importante redes viales se inundaron completamente por falta de atención y mantenimiento de los desagües y alcantarillas. No obstante, vimos con asombro la cuantiosa donación que ofreció el Estado venezolano al pueblo de Indonesia por una emergencia humanitaria, justamente en el momento de estos acontecimientos en nuestro país.

Venezuela vive en una constante emergencia humanitaria, sin obtener la adecuada acción que se requiere para la solución de la misma. Es pertinente recordar un dicho muy popular que refleja la realidad de quienes tristemente “gobiernan” en nuestro país: “Claridad en la calle y oscuridad en su casa”.