Definitivamente necesitamos desarrollar con la mayor amplitud posible la comprensión sobre la utilidad pública que tiene el ejercicio del poder, en cualquier aspecto del mismo, político, económico, social, religioso o militar; nuestra sociedad no puede ni debe seguir arrastrada por las interpretaciones tan estrechas y primitivas que tienes sus élites sobre la función del poder.

Los sucesos que hoy nos conmueven tienen la particularidad de provenir de un profundo desorden estructural, en el cual el factor económico es posiblemente el más importante de los componentes presentes en la explicación de la problemática en discusión. Hoy el activo informado y participante de nuestra colectividad creo que entiende que necesitamos con prontitud un crecimiento económico sustentable que nos aporte alimentos y bienes de consumo cotidiano elaborados por nosotros mismos.

Sin embargo, superar las deformaciones conductuales presentes en nuestra comunidad en materia de consumo, demanda de un desarrollo cultural superior en el cual el comportamiento del liderazgo es muy importante, no tendremos un desarrollo turístico de importancia mientras que el cuerpo dirigente venezolano siga marcando el destino mayamero o madrileño como el manjar de los dioses.

Crecimiento económico destinado a recuperar la perspectiva de un país, en el cual la aspiración a la superación personal, soportada por el trabajo productivo destinado a la prosperidad de la nación, pueda funcionar con efectividad al lado de la inversión de capital destinado también al desarrollo de nuestra república.

Se ha convertido en una exigencia inaplazable la construcción de una solución política efectiva, democrática y pacífica al profundo deterioro que agita y enardece a la comunidad, daños que han adquirido una profundidad sorprendente, y cuya gravedad sobrepasa lo que en la vida cotidiana podemos apreciar en forma individual.

En nuestro Estado se libra una batalla nada deseada y muy poco gloriosa en contra del derecho a la vida de nuestros ciudadanos. Desde hace unos años las políticas públicas que conduce el Ejecutivo en muy poco se corresponden con las aspiraciones de nuestra población, creándose incluso una situación catastrófica en la cual se comprometen exigencias vitales para los venezolanos.

Es una verdad a la vista, absolutamente inocultable, que nuestra patria, nuestra existencia incluso, demanda de un nuevo contrato social, en el cual se privilegie como el principal aspecto de la vida pública de los venezolanos su irrenunciable derecho a una vida en la cual se integren los derechos a la libertad, a la equidad y a la prosperidad.