That know I not” (1) (Anthony Burgess)

Esta mañana leo en un diario nacional la columna de Elvira Lindo en la que rememora la amarga sensación que tuvo de niña al observar la violencia de los abusones. La escritora gaditana cuenta cómo se envilece la gente al formar parte de un grupo y se ve suficientemente fuerte como para lanzar la piedra y esconder la mano. (Elvira Lindo, “Pornoviolencia para niños”; El País, 14.07.2019)

En el fondo, el acoso de la grey a un individuo –en el caso referido por Lindo, a una adolescente– no es sino una lapidación. La escena que narra la autora se complica por culpa de una palabra equivocada que siempre deja en mal lugar al género femenino. Digo equivocada, y tendría que decir también injusta. Parece casi imposible cumplir algún día aquel maravilloso lema revolucionario francés de liberté, egalité, fraternité de clase y de género.

Creo que nos hace falta aprender mucho acerca de la sexualidad. Me refiero a la sexualidad femenina y masculina, principalmente. Algo no funciona bien en la sociedad cuando una mujer no puede ir sola y tranquila por la calle –la calle de todos– a cualquier hora. No es natural ni es normal que alguien (mayormente de género masculino) se moleste por la vestimenta de una joven porque le resulte demasiado atrevida, insinuante o sexy. Habrá que disfrutar de una sociedad bien educada y preparada para aceptar la diferencia, nos guste o no nos guste. Indudablemente, hay espacios e instituciones que exigen un atuendo apropiado, ya que no es lo mismo acudir a un concierto de música al aire libre que ir a una biblioteca o a la iglesia, por ejemplo.

Los medios de comunicación informan estos días de agresiones sexuales y violaciones a niñas y mujeres cometidas por grupos de adolescentes y hombres, y en algunos casos, menores. (Andrea de Lucas, “Las agresiones en manada se disparan en 2019”El País, 5.06.2019). Los abusones no son más dignos de respeto que las víctimas. Hay quien ignora y pretende que olvidemos nosotros la dignidad del otro. Ese ignorante nunca es la víctima. Los que abusan de una persona se aprovechan de su “fortaleza” física y numérica, el anonimato de pertenecer a un grupo y el respaldo del rebaño. Está claro que la libertad sexual sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país, y creo que en otros países del mundo. Si la escuela, la familia y la sociedad moderna tratan la sexualidad abiertamente y sin prejuicios podríamos empezar a entendernos y evitar los abusos y la violencia. Claro que una sociedad, una familia y una escuela sin moralidad, primaria y acobardada da rienda suelta a los ignorantes permitiéndoles obrar según sus instintos más primitivos.

La identidad borrosa del grupo anula la identidad improbable que desconocen estando en soledad. Y a uno le reconforta ser cada día un poco más individualista.

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(1) “Eso no lo sé” (Anthony Burgess)