El disfrute al combinar la comida y el vino tiene como objetivo el realzar el sabor de ambos y disfrutar al máximo al ingerirlos juntos. Aunque el término maridaje es muy utilizado en la gastronomía mundial, ha resultado polémico, ya que muchos autores, críticos y aficionados, lo asocian con el matrimonio, por lo que prefieren el término “armonía”, que indica la unión, conformidad y correspondencia, entre una cosa y otra, aunque para los amantes del buen comer, significa mucho más.

Antiguamente, en lugar de seguir normas, los platos tradicionales se combinaban solo con los vinos de su zona de producción, los cuales en muchos casos pareciese que se hubiesen elaborado el uno para el otro; siendo algo moderno, el arte de combinarlos con otros vinos.

El maridaje o armonía, ocurre por la reacción de ciertos elementos del vino y el alimento al unirse; lo cual puede producir sensaciones que harán del comer, un disfrute gastronómico. Se genera una potenciación de las sensaciones, causada  por la simbiosis perfecta entre los productos creados por el arte enológico y el arte culinario; cuya percepción dependerá del umbral de sensibilidad de cada quien. 

Al crear esta fusión, hay que considerar el conjunto de sensaciones producidas por aromas y por sabores: ácidos, salados, dulces, grasos y amargos; y las sensaciones táctiles como astringencia, untuosidad y textura; su percepción dependerá de la correcta temperatura de servicio del vino y de la comida.

En general la mayoría de los maridajes o armonías, ocurren por asociación y sinergia; pudiéndose definir, por afinidad o por contraste. Por afinidad cuando combinamos por ejemplo, vinos blancos con comidas de sabores suaves, como entradas, quesos suaves, cremas, pastas con salsas suaves, pescados, además de algunos mariscos y frutos de mar; o vinos tintos acuerpados y tánicos con alimentos de sabores fuertes y grasos como quesos madurados, carnes rojas, embutidos y fiambres; o vinos dulces con postres.

Cuando se fusionan elementos opuestos, se puede producir una deliciosa  armonía o maridaje por contraste, como por ejemplo, un espumoso brut con un postre, o un queso azul con un vino de vendimia tardía u otro vino dulce licoroso de buen cuerpo.     

Finalmente la idea es realzar sabores, los maridajes o armonías son muy personales, lo más importante  es disfrutar el momento, la compañía y por supuesto la comida y el buen vino. ¡Salud!

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