I

Estuve leyendo sobre los hechos que llevaron a la definitiva destitución de Lucio Gutiérrez en Ecuador, un presidente de origen militar que aprovechó su poder para voltear las instituciones a su favor, violar los derechos humanos y convertirse en un dictadorzuelo.

Gutiérrez intentó todo lo que ya los venezolanos hemos visto, pero como a veces no le prestamos atención a las historias de nuestros vecinos, quizás no estemos enterados de que fue destituido por el propio Congreso. Por supuesto que antes tuvieron que suceder algunas cosas, como que los militares, aunque tardaron, se dieron cuenta de los desmanes presidenciales.

Lo cierto es que los parlamentarios ecuatorianos en tiempos de Gutiérrez se reunieron en la sede del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina y decidieron su destitución. En su lugar quedó el vicepresidente (¡ay!, confieso que esta salida me da pánico), pero al final se resolvieron nuevas elecciones.

Fue una decisión valiente de un Congreso que había cometido errores antes y que había contribuido en cierta forma a que el aspirante a dictador se desbocara. Pero rectificar es de sabios, y, en esta ocasión que les cuento, redundó en beneficio de todos los ecuatorianos.

II

Compartimos mucha historia con países como Perú, pero ahora debemos sumar una más. La verdad hay que reconocer que el G2 cubano se está superando a sí mismo con lo que está poniendo en práctica aquí en Venezuela. Fujimori se quedó pendejo. Se trata de un Fujimorazo continuado.

Cuando el presidente Alberto Fujimori decidió disolver el Congreso e intervenir el Poder Judicial de Perú, toda Latinoamérica alzó su voz, pues se trataba de un “autogolpe”. Yo, por cierto, era periodista de Internacional en El Diario de Caracas y ya había pasado la intentona golpista de Hugo Chávez, allá por 1992.

Lo cierto es que Fujimori tuvo la idea de resolver sus discordias con el Poder Legislativo peruano simplemente borrándolo del mapa, y eso que muchos identificaron como un golpe autoinflingido en realidad fue un golpe contra uno de los poderes del Estado que no le servía a sus intereses.

Muy poco pudo contar Fujimori después de semejante desmán, y creo que no hemos olvidado su destino. Pero tiendo a creer que nuestros vecinos-hermanos de más al sur han tenido más pantalones que nosotros para resolver las crisis.

Sobre todo porque ahora andan con el cuento del delito de “odio continuado”, del que confieso ser culpable, por cierto. Parece que esta última escalada inventada por los cubanos les va dar, al final, el resultado deseado, disolver la piedra en el zapato, digo, la Asamblea Nacional. Me imagino a Fujimori leyendo las noticias y, hombre de extrema derecha como era, diciendo: “¡Los cubanos lograron superarme!”.

III

No hay dudas de que el objetivo de ¿Maduro? (G2) es disolver el único poder legítimo que queda en Venezuela. Lamentablemente, lo están logrando.

Imagino que, aunque estén todos refugiados, escondidos o exiliados, la tecnología los puede reunir en un salón de conferencias virtual para seguir dándole la pelea a este régimen asesino.

Temo por sus vidas, sí. Pero sé que ese cuento del odio continuado lo que hace es poner en evidencia las marramucias de un grupo de delincuentes que pretende seguir chupándonos la sangre para enriquecerse hasta más no poder.

Algunos consideran que eso de que los parlamentarios insistan en ingresar al Palacio Legislativo es parte de la estrategia de mostrar, de provocar a un régimen que no tiene escrúpulos. Pero también sé que la gente, la que camina por las calles llenas de basura, la que hace las colas conmigo para comprar un pedacito de carne, la que busca desesperadamente cómo sobrevivir, esa gente quiere acciones contundentes.

¿No es ya demasiado pedir? Muchos están exhaustos y a veces eso puede más que la rabia que sentimos por dentro. Sé que la pregunta más recurrente es ¿hasta cuándo?

Hay gente, como la admirada Susana Raffalli, que insiste en que hay crisis que no pueden esperar. Eso lo vengo diciendo hace mucho tiempo.

Espero el gesto, la acción contundente. El golpe continuado del régimen casi nos tiene noqueados. ¿Cómo respondemos?

@anammatute