Francia superó ya los escollos de la primera vuelta electoral y el resultado se escribirá en la historia de las izquierdas mundiales.  Ya es posible predecir que en la segunda vuelta del día 7 de mayo se le cerrarán las puertas a la candidatura de Marine Le Pen y también se anticipa una elección con una alta participación del electorado.

Una interpretación de la Victoria del joven Emmanuel Macronen esta vuelta – un antiguo banquero sin sólida carrera política, proveniente de un movimiento con solo un año de existencia – nos lleva a una primera conclusión y es  que, por una parte, los franceses no están dispuestos a pagar el costo de una retirada del esquema europeo y que por el otro, que los esquemas populistas tampoco consiguen motivar a la nación gala, después de experiencias significativas en otros lugares del planeta y del fracaso del socialismo en la Francia de hoy.

Pero lo más elocuente es que son los partidos tradicionales quienes recibieron la gran paliza   y que se le abre la puerta a un paracaidista que ha generado un fenómeno aluvional, una apuesta electoral de resultado gubernamental impredecible pero que muestra el hartazgo del colectivo en relación a la actuación de los partidos del “establishment”·. Lo que es diáfano es que los dos partidos que manejaron los hilos del poder en Francia por seis décadas perdieron el agarre del electorado.

La enseñanza es que las poblaciones se hartan de las promesas incumplidas de lado y lado y penalizan a sus protagonistas.  Más de la mitad de la población francesa se acercó a las urnas a dejar lo anterior bien claro. Ni los republicanos del centro ni los socialistas de la izquierda irán al baile. El peor desastre electoral es el de la izquierda junto con el negativo balance de la población en torno a la presidencia de Francois Hollande.  El  candidato socialista, Benoit Hamon,  apenas atrajo 6,35% de los votos.

Queda por preguntarse lo que ocurrirá con la integración europea. Una salida de Francia habría sido una catástrofe económica y política de envergadura y ese habría sido el resultado de esta contienda si los dos que van a medirse en pocas semanas hubieran sido Le Pen y Mélenchon. Hay algo de ganancioso, pues, en esta decisión de la Francia pedestre que es el haber evitado que el peor escenario se produjera.

Para la segunda vuelta, este tema del Brexit francés y el tratamiento del terrorismo estarán de primeros en la lista y es ello que hace pensar que Le Pen no tiene consigo las cartas del triunfo, además de la cayapa colectiva que se armará para bloquearle el paso.

Dentro de nuestra propia circunstancia, mirarse en el espejo de esta votación no es equivocado. Son los incumplimientos de los partidos que han gobernado Francia lo que ha llevado al electorado a inclinarse a otorgarle una opción a una candidatura fresca pero riesgosa y a defenestrar a los culpables de los males del país. 


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