Fedecámaras cumple 75 años. La mejor forma de celebrarlo ha sido, como efectivamente lo han hecho sus integrantes, preguntándose cuál debe ser hoy su participación en la reconstrucción del país.

Luego del tropiezo de 2002, cuando una parte de su dirigencia cedió a la tentación de convertirse en actor político, Fedecámaras ha venido ajustando su rumbo y renovando su compromiso con lo que es su misión: “Fortalecer el sistema empresarial venezolano sobre la base de los principios de la libertad económica y la democracia”.

La definición de los valores sobre los cuales Fedecámaras aspira a construir su acción se corresponden plenamente con lo que Venezuela reclama hoy como país: libertad, democracia real, derechos ciudadanos, prosperidad y bienestarLa firmeza, la actitud propositiva, la capacidad de resistencia, la persistencia en tiempos de nubarrones, le han valido en los últimos años una renovación de confianza y un cambio en la percepción de la comunidad nacional, incluso de quienes, estimulados por una prédica revanchista, pudieron haberla visto con recelo, distancia, hostilidad o antipatía. Hoy es vista con razón como el aliado para crecer. La recuperación nacional pasa, efectivamente, por la vigencia de un conjunto de valores compartidos, entre ellos el respeto a la propiedad privada, la asunción de la racionalidad económica, la creación de confianza, el estímulo a la libre iniciativa.

La deformación estatista que ha llevado al gobierno a tratar de asumir el rol de empresario y a limitar el diálogo con este sector a una estrategia para obtener silencio o aquiescencia solo ha conducido a un multiplicado fracaso, el de la economía productiva de manera global y, de manera más concreta, al fracaso del Estado en su función de adopción de adecuadas políticas públicas y al de los sectores empresarial y laboral por la pretensión estatal de dominio o tutelaje. La política oficial ha atentado contra la independencia y la capacidad de crecimiento de los sectores empresarial y laboral. Los gobiernos autoritarios o dependientes de la corrupción estimulan el negociado, no la producción; alimentan la conducta del acomodo, no la del trabajo productivo. Una ideología que recela del logro, la riqueza, el crecimiento, solo puede aspirar a la mediocridad, los igualitarismos, el sometimiento, la obediencia. Se confunde gobernar con mandar. La consecuencia termina siendo falta de gobierno, caos, destrucción del aparato productivo.

Si en algún momento de la vida del país la conducta empresarial se aproximó a la tendencia de crecer a la sombra del poder, hoy se reafirma su posición de independencia y su compromiso de servir fundamentalmente al desarrollo económico y social del país. Menos tributario del Estado y con una vinculación más clara con el movimiento laboral, el sector empresarial ha entendido que le corresponde construir sus propias fortalezas desde la racionalidad de la economía, la producción, la eficiencia, la competitividad, la participación en la formulación de políticas públicas, el robustecimiento de su alianza con el sector laboral.

Su reto ahora es crecer, insertar al país en las nuevas dimensiones que plantea la globalización. La concepción de la economía con una visión exclusivamente nacional ha dejado de tener sentido y vigencia. La realidad de un intercambio comercial cada vez más dinámico y exigente impone como nunca antes la visión de una economía exportadora, terreno en el que cuentan los recursos naturales pero mucho más la competitividad, la capacidad de innovación y renovación.

El fortalecimiento de Fedecámaras pasa, desde luego, por ser fiel a sí misma, a su adhesión a los principios de responsabilidad social, a su voluntad de asumir riesgos y superar desafíos, construir país y construir futuro, emprender, innovar. Y pasa por su voluntad de diálogo social, un diálogo que permita escuchar al país, hacerse eco de sus necesidades, descubrir sus oportunidades, potenciar sus talentos, poner en línea sus planes de crecimiento con los planes de la nación. Ese es su papel en la gigantesca tarea de reconstrucción que Venezuela necesita.

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