No hay hoy en Venezuela nada más democrático y despolarizado que la emergencia económica y social. Salvo el conocido grupito de oligarcas que se han enriquecido obscenamente con la actual situación –algunos dentro del aparato del Estado y otros contando con la complicidad de este– todos los demás venezolanos son a diario víctimas de ese cocktail miserable de inseguridad, hiperinflación, escasez e indefensión que caracteriza la cotidianidad de nuestro maltratado país.

Frente a esta crisis que no establece diferencias ni discrimina, los venezolanos han salido a la calle desde hace rato. Solo en el pasado mes de enero las manifestaciones de conflictividad se elevaron a 2.573, lo cual equivale a 86 protestas diarias en todo el país, y significa un incremento de 360% en comparación con el mismo mes pero del año pasado. Venezuela hierve todos los días en expresiones de descontento y reclamo social, a pesar de la represión gobiernera y de la estrategia de invisibilidad aplicada desde muchos medios de comunicación.

Para evitar que la acumulación de estos focos de conflictividad se conecte entre sí y alcance la fortaleza de presión política necesaria para terminar de lograr los cambios que la sociedad reclama, el gobierno de Maduro y sus aliados vuelven a rescatar la vieja receta fascista de la polarización. La estrategia consiste en dividir intencionalmente a un país donde todos sufren, en 2 bloques políticamente enfrentados por supuestas razones ideológicas: izquierda contra derecha, ricos contra pobres, patriotas contra traidores. Así, el objetivo de la polarización es lograr que la frustración popular generalizada se dirija hacia un enemigo artificial –los otros venezolanos– y no hacia el gobierno, responsable principal de los sufrimientos del pueblo.

Esta conocida estrategia de los manuales del militarismo fascista, a pesar de predecible y gastada, resulta todavía eficaz para los objetivos de dominación. Por eso preocupa la insistencia de algunos sectores opositores, seguramente bien intencionados, en caer inocentemente en la trampa del gobierno y prestarse a su viejo juego de polarización y división política. La falsa y artificial polarización también sirve para justificar las cómodas posturas de algunos opinadores y organizaciones. Este gastado cliché del pasado, según el cual lo que sufrimos en Venezuela se reduce a una confrontación entre contrarios políticos, y que en alguna oportunidad sirvió a ciertas personas y grupos, hoy les sigue siendo útil para disfrazar su pereza intelectual de no querer actualizarse a las nuevas realidades, para esconder su cobardía personal o para tapar la vergüenza de reconocer que han estado durante mucho tiempo equivocados.

Hay que insistir en que quienes sufren este gobierno son casi todos los venezolanos, exceptuando de nuevo a los ricos y oligarcas que todos conocemos. No se trata de una batalla entre dos facciones que pugnan por el poder político. Se trata de la lucha épica de un inmenso país sufriente que decidió enfrentar a quienes pretenden seguirse enriqueciendo con el sufrimiento y dolor de los demás. Es la rebelión popular frente a una dictadura que asesina indígenas y quema comida y medicinas con tal de conservar sus beneficios.

Frente a la estrategia gobiernera de la polarización política artificial para intentar restarle fuerza y articulación a la frustración social, lo inteligente es dirigir los esfuerzos a que progresivamente toda la población perciba que la única polarización real hoy en Venezuela es la de los opresores contra los oprimidos, la de los explotadores contra los explotados, la de quienes ríen contra los que lloran, no importa su creencia o parcialidad. ¿Qué significa esto desde el punto de vista práctico? Sin menoscabo de otras sugerencias, se trata de insistir en fortalecer la conexión con las organizaciones populares, acompañar y hacer conectar entre sí las múltiples manifestaciones de protesta social y de lucha por los vulnerados derechos de la gente, analizar cada expresión de protesta y convertirse en los abogados defensores de quienes reclaman, sin importar su afiliación política; utilizar la excelente plataforma de  los Frentes Amplios Venezuela Libre en cada estado para convertirlos en tribunas de defensa de los derechos populares amenazados, y de encuentro de las propuestas y demandas de los distintos sectores en situación de conflictividad.

La mejor forma de acelerar y hacer viable los cambios que nuestro país con urgencia requiere, es acompañando la organización y las luchas de la gente por los problemas que hoy sufren. El objetivo debe ser que la gente sufra menos, y que sepa que hay quienes los defiendan. Y apostar por crear, frente a la estrategia de polarización política artificial del régimen, una inteligente repolarización social, pero entre afectados por la crisis y quienes la generan en beneficio de sus propios intereses.