Dicen que los vieron al salir de una oficina de un centro comercial de Caracas. Iban junto a otros disidentes, después de horas de reunión en las que discutieron y analizaron la crisis que vive el chavismo.

¿Qué planifican Elías Jaua y Aristóbulo Istúriz? ¿Miran hacia los lados y se preparan para saltar del barco, sabedores de que no hay vuelta de hoja y que lo único que les queda es ganar tiempo?

El acercamiento de ambos personeros con Héctor Navarro, Ana Elisa Osorio y Juan Barreto, con los que se han visto frecuentemente, resulta harto sospechoso, sobre todo porque a estas alturas cualquier cosa es plausible y en las últimas semanas el ambiente se ha alborotado. Las conversaciones en Barbados han dado un vuelco al panorama político y ya no se ve tan lejana una posible salida electoral.

«De Jaua podemos esperar cualquier cosa», aseguró alguien ligado al gobierno. «Tiene tiempo buscando alianzas porque es un niño malcriado y como lo han dejado fuera del juego quiere ver cómo se vuelve a meter en la pomada», explicó.

De Istúriz, que la semana pasada acompañó a Nicolás Maduro en un acto, advirtieron que en cualquier momento se pone una franela en apoyo a Donald Trump: «Solo se tiene que mirar hacia atrás y comprobarás que el negrito ha sido de todo, y seguro que no tiene problemas en volverse a saltar la talanquera».

Confirmaron de puertas adentro del PSUV que todo está muy complicado y que no tienen miramientos para acusar de cualquier cosa a la gente y cortar cabezas. «Aquí no se juega carrito. Nos tienen vigilados a todos y muchos no han tirado la toalla porque la presión es muy grande para ellos y su familia», subrayaron.

El informe de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, definitivamente cambió todo. Habrá que esperar las próximas semanas para ver por dónde se vislumbra el desenlace, pero la política como arte de la negociación nuevamente está en la palestra, y el tablero puede moverse de cualquier forma. De un día para otro todo puede cambiar.