El Estado de Bienestar o Estado Benefactor se originó en 1883, cuando el canciller de Alemania, Otto von Bismarck, lo impuso mediante un seguro social que cubría las enfermedades de los trabajadores. Luego, años más tarde, se extendió a pensiones, seguro de desempleo, etc.  El nombre Estado de Bienestar se presenta por primera vez en el Reino Unido en 1942, asociado con el Informe Beveridge, el cual planteaba la responsabilidad gubernamental en el bienestar del individuo “desde la cuna hasta la tumba”.

Con el Estado Benefactor o de Bienestar han surgido varios mitos o falsas creencias. Uno de ellos es que gracias al dicho “welfare state” los europeos viven bien. No, viven bien gracias  a la Revolución Industrial que impulsó el crecimiento económico y sacó a las gentes de su miseria centenaria de los campos. Luego de que se hicieron prósperos los europeos, poco a poco fueron construyendo esa armazón de gastos, y subsidios que ahora con el envejecimiento de las poblaciones del viejo continente se están agotando. Es gracias a la fortaleza de sus economías debido al capitalismo como se puede mantener ese “welfare state” tan costoso. Un ejemplo palpable de ello es que España durante los años 1959-1974 estuvo creciendo en lo productivo y aumentando su base material, posteriormente así pudo, después de que la democracia se impuso en el llamado período de la transición, implantar su Estado Benefactor. Antes era imposible.

En el Reino Unido el gasto social como porcentaje del producto nacional bruto pasó de un 4% en 1910 a 29% en 1975.   Recientemente se reconoce que el Gasto Público en Gran Bretaña alcanza un porcentaje de 41% sobre el PIB. Mientras que Estados Unidos con enormes compromisos en el sector defensa gasta en salud un 14,38%, y su gasto público asciende a 35,14%.

Para quienes creen que el Estado de Bienestar no ha llegado a América Latina podemos ver el caso de Argentina que gastaba hasta más en salud que España en el año 2019. La nación argentina ha visto con horror que a medida que gasta más en los rubros de salud, pensiones, y educación ha aumentado la pobreza. También Brasil tuvo que reformar recientemente su sistema de pensiones de retiro porque estaba al borde del colapso. Hasta hace poco, era posible que los brasileños se jubilaran con poco más de 50 años de edad, pues el antiguo sistema permitía hacerlo tras contribuir durante al menos tres décadas.  Sin embargo, el texto aprobado impone una edad mínima de jubilación de 62 años para las mujeres y de 65 para los hombres, con un tiempo mínimo de contribución de 15 y 20 años, respectivamente.

Así   mismo, otros opinadores de oficio  hasta han asegurado que en Venezuela, no había Estado de Bienestar, tenemos que en este país los militares se retiran casi siempre a los 50 o 52 años de edad. De igual forma en Venezuela la educación en su totalidad (primaria, secundaria, y universitaria) es gratuita desde hace muchísimos años.  Por si todo esto hubiese sido poco, el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez envió a cientos de estudiantes venezolanos a Estados Unidos y a Europa en estudios de pre grado y posgrado, con lo cual fortalecería el capital humano.

Adicionalmente, existe un sistema de hospitales públicos financiados por el Ejecutivo Nacional y el Instituto de los Seguros Sociales, que estén casi destruidos sin insumos, pero esto ocurre desde hace 10 o 15 años.  Esto es, la democracia civil (1959-1999) en Venezuela construyó 196 hospitales frente a los que había anteriormente 47.

En este contexto, es bueno recordar que en Venezuela, se construyeron en ese mismo lapso 1.431.601 viviendas populares por los gobiernos democráticos en comparación a las 25.579 que había anteriormente.  Últimamente, es de lamentar que los que cotizamos al IVSS durante muchos años, ahora el pago de la pensión jubilatoria no alcanza sino para comprar un dulce y un café en una panadería, gracias al proceso de hiperinflación y devaluación al que nos ha sometido el gobierno madurista. Como si esto fuera poco, durante muchísimos años el Estado venezolano, en vista de sus elevados ingresos fiscales provenientes del petróleo, mantuvo al país sin casi impuestos, así cuando Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno quiso introducir el IVA se formó un berrinche descomunal y grandes fuerzas lo pudieron sacar del gobierno injustamente antes de la finalización de su mandato.

El sistema es costoso, ya Argentina tiene una presión tributaria ligeramente superior a la de Estados Unidos, y Grecia que acaba de salir de una crisis descomunal tiene una presión tributaria superior a la de Estados Unidos, y Japón.  Francia por supuesto es el país que más presión fiscal tiene (véase cuadro2). Argentina también gasta más en educación que Estados Unidos, que España y que Grecia. Así, pues, que también América Latina tiene su Estado “Benefactor” no tan grande o tan bueno como el europeo porque es costoso. México gasta más en educación que España y Japón (véase cuadro 3) e inclusive más que el promedio del mundo. Tampoco, amparan como una vacuna estos Estados de “bienestar o de beneficencia” contra una dictadura comunista. En Cuba antes de Fidel Castro existía un sistema mutualista de salud el cual era económico y mediante él muchos ciudadanos de recursos medios y modestos, todo eso se acabó con la entrada de la revolución. En Grecia después de la gran caída de su economía gracias a un Estado providencia, la política se ha vuelto difícil y en su congreso se han radicalizado los partidos políticos. En Chile, que es el país latinoamericano con menores niveles de pobreza, de hambre, y el segundo en esperanza de vida, está asediado por el extremismo y la izquierda irredenta. Quizá el mejor ejemplo, ocurrió en Argentina con la guerra civil no declarada mediante la cual los militares mataron a troskistas, montoneros, guevaristas, y éstos eliminaron a 10.000 personas con actos de terrorismo y simples asesinatos y secuestros.

Por último, y no por ello menos importante, tenemos que durante los años 1999-2019, la Unión Europea aumentó su producto interno bruto por habitante, en términos reales, en un 1,33%; Estados Unidos en 1,28%; América Latina en 1,33%. Mientras que Hong Kong lo hizo en 2,8%; Corea del Sur en 3,5%; y Singapur en 3,1%.  Si bien no pudimos obtener del Banco Mundial las cifras del crecimiento de la economía de Taiwán, según una información de ABC de Madrid, entre 1950 y 2000, la economía de la isla creció a un ritmo medio del 8,2%, que luego se ralentizó al 3,8% entre los años 2000 y 2014. Tras un pírrico 0,8% en 2015, repuntó hasta el 2,6% de 2018. Taiwán es el supermacho en este grupo de países, con 1 millón de empresarios.

 


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