El modelo destructivo del régimen nos ha sumido en el caos y en el colapso. No tiene sentido evaluar las medidas gubernamentales desde los criterios de efectividad o pertinencia, porque no responden a una visión de desarrollo y búsqueda de soluciones a la crisis. Están diseñados para asegurar la permanencia de un grupo en el poder bajo un sistema predatorio y de dominación, en detrimento de las condiciones de vida de los venezolanos.

La actual crisis económica y social que nos golpea es consecuencia de esto. El marco hiperinflacionario, los controles de precios y cambio, la fijación de salarios, el ataque a la producción nacional y la estatización de empresas, por nombrar unos pocos, expresan la intención devastadora del gobierno. Generan una situación que facilita al régimen el imponer a la sociedad relaciones asistencialistas, de dependencia y clientelares.

Las narrativas oficiales de la guerra económica y el bloqueo internacional son falsas. Buscan explotar el reducido apoyo de la base dura de la llamada “revolución” y achacar la responsabilidad del grupo en el poder por la crisis a otros actores, dentro y fuera del país. De igual forma, fomentan la fragmentación y la incertidumbre, a la vez que profundizan taras que hemos arrastrando como la visión rentista de la economía y el paternalismo del Estado.

En contraposición, diferentes sectores del país han venido desarrollando planes de recuperación económica y de respuesta inmediata a la emergencia nacional. Economistas, instituciones académicas como la UCAB, proyectos de la Asamblea Nacional dirigidos por José Guerra o del sector privado como Conindustria dan cuenta de las distintas respuestas que se están generando para superar la terrible situación en la que nos encontramos.

Estos proyectos muestran el reconocimiento de la necesidad de dar un cambio de 180° grados a la visión y manejo de la economía que nos permita, no solo salir de la emergencia de la crisis sino sentar las bases para la reconstrucción del país. Necesidad que es bloqueada desde el régimen y que solo se hará posible con un cambio político.

La visión de una economía productiva, que estimule el desarrollo y el bienestar social y que supere modelos rentistas, asistenciales y clientelares, ha sido parte integral de nuestro trabajo en las comunidades. Para ello es fundamental que los procesos de empoderamiento a las personas establezcan la formación profesional, planes de acceso al mercado laboral, y la estimulación de emprendimientos que permitan el beneficio de individuos y grupos.

En nuestro caso, la organización Alimenta la Solidaridad funciona con el establecimiento de relaciones productivas con proveedores, el aprovechamiento de donaciones y la implementación de proyectos que ayuden a financiar a los comedores y permitan el desarrollo de quienes participan en estos.

Realizamos talleres de capacitación con profesionales como el reconocido chef Francisco Abenante, planes de trabajo con la cadena de pastelerías Danubio y hemos creado Sustento, un servicio comidas. En diciembre realizamos la actividad del Hallacazo. Estos dos últimos cuentan con la participación de madres de Alimenta La Solidaridad, y constituyen emprendimientos sostenibles que brindan medios económicos a sus integrantes, así como fondos que contribuyen a Alimenta.

Estos proyectos son maquetas, muestran otras formas posibles de políticas públicas y económicas, democráticas y productivas, en las que se articulan diversos sectores y las personas participan, de forma activa y real, en evolución y el desarrollo peno de sus capacidades.

Es una vía a la que aspira la gran mayoría de los venezolanos. Una economía desde y para la gente, que nos permita superar la dantesca realidad que está padeciendo Venezuela.

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