Semanas interminables que van pasando para todos aquellos que sufren el  inclemente ritmo del desfallecimiento. Se fue mayo. Transcurre la segunda semana de este junio raudo y lento a la vez. Así se van agotando de a poco las esperanzas de superar esta catástrofe humana que es Venezuela cada día, más y más. Ya hacia el fin del primer semestre de 2019, y sin que nadie quiera reconocerlo “porque la esperanza es lo último que se pierde” se siente que podría perderse por más que décadas, entre coca y lavado, la Venezuela bonita y de esperanza que aún vive en nuestro recuerdo, en nuestra alma nacional, de lo que empezamos alguna vez a ser y se fue perdiendo en medio de la corrupción y del “bochinche, bochinche, bochinche”.

               No hay que esperar nada de ningún político, decía un comprensiblemente afectado y amargado anciano, al que entrevistaban por estos días,  ¡en uno de estos canales que repiten el refrito noticioso y trágico de un hambre de más de una semana! En su rostro arrugado como ciruela pasa pareció dibujarse, más que por los años y por el padecimiento de esa atormentante hambre, por la amargura de la traición del latrocinio convertido en riqueza de unos pocos “boliburgueses». ¡Pocos para el mal de muchos!  frase inversa a la ética de amor verdadero que exclamó Neomar Lander, que increpándonos a luchar nos dijo que la «lucha de pocos sea para la libertad de todos». 

                Colaboracionistas y banqueros repartidos por distintos lugares del planeta tierra hoy mantienen cuentas de lo que han usufructuado orgiásticamente de la rebatiña del impúdico castro-comunismo, chavista y madurista que secuestró a Venezuela. La han violado incesantemente durante estos veinte años, sin que la respuesta de dignidad de una gloriosa historia militar del ejercito forjador de libertades se haya materializado en la liberación para salvar a nuestra nación venezolana. No hay excusa posible. No hay razonamiento ni lógica política, ni militar, ni constitucional. La defensa armada de la nación está a cargo en primer término de los profesionales de la carrera militar, y de todos los patriotas civiles también, por supuesto. Esa defensa hasta ahora ha sido traicionada y defraudada.

              ¿Que hacer con el problema venezolano? se preguntan muchos de los que suponemos podrían tener buenas intenciones de resolver la catastrófica realidad. De inicio se equivocan quienes así piensan. No han entendido que el problema es en toda, y de toda la región. Es nuestro problema, y a la vez el problema de América, y del mundo del mundo civilizado en su interrelacion global. 

             El efecto internacional mas evidente y complejo resultante, después de las muertes por el lento pero seguro genocidio que provocan, son las incontrolables migraciones que aunque sabemos tienen un origen multifactorial, todos concuerdan en que también una dimensión común: ¡donde no hay libertad no hay calidad de vida suficiente! Donde no hay instituciones para la modernidad, la gente continuará emigrando, como pueda, en busca de orden,  de seguridad para proveerse de alimentación, trabajo, vida digna. Ello es  consustancial a la condición humana.

Enfoquémonos por ahora en la realidad de la región suramericana y veamos la influencia de la aún no verdaderamente resuelta problemática de Colombia,  en primer término. Con su guerra irregular, todavía inacabada, Colombia transfirió a Venezuela una población estimada de unos cuatro millones de habitantes. En un más silencioso desplazamiento, pero constante y progresivo, que el que ahora ocurre a la inversa, los colombianos buscaron en Venezuela desde los sesenta, setenta y hasta finales de los ochenta una esperanza de mejor vida. Y la obtuvieron.  En una economía petrolera y una sociedad democráticamente mas prometedora entonces, como la otrora democracia venezolana, se podía progresar, y ya después de esas tres décadas aproximadamente la cuarta población venezolana era de origen colombiano; y que junto a millones de hermanos de venidos de Europa, y de recónditos lugares, hasta de Asía, emigraron para vivir una nueva esperanza en Venezuela.

Hoy, nuestra Venezuela, convertida en estropajo con el que se lavan «agravios y miserias» del pasado de todo un mundo corrompido por la droga, que va desde México a  Centro América, y del Caribe por toda Suramérica, ¿cómo creemos todavía que el crimen organizado internacional del narcotráfico, con sus ingentes recursos millonarios y del narco lavado, puede considerarse un problema venezolano?

La mutación de los carteles de la droga desde la lucha criminal convencional hasta ir a por el control político de países, pasó del secuestro y trata de personas y cobro de vacunas hasta producir la integración criminal de mafias del narco lavado y tráfico de la prostitución de “alta pureza de piel”. ¡Con más que coyotes, que hacen de las suyas impunemente, desde presidentes de países hasta presidentes de bancos han sido «embarrados» con dinero sucio del narco lavado. Grandes firmas de «asesoría»y bancas de inversión, inmobiliarias, y otras; son en realidad grandes centros de lavado de capitales sucios del mundo.

Gracias al esfuerzo de las FFAA venezolanas, con la regia formación que tuvieron en sus hogares de origen, y luego en las academias militares de entonces, fueron convertidos en competentes oficiales, sub oficiales y tropas profesionales, como base militar apropiada para la defensa de la constitución y las leyes.  Ellas enfrentaron exitosamente la subversión comunista y la entonces incipiente narco guerrilla colombiana. Esto aunado a la conciencia de una brillante generación política, con Rómulo Betancourt a la cabeza. 

La primera conclusión a la que podemos llegar es sobre los valores históricos inspiradores de nuestra propia doctrina de seguridad y defensa nacionales. Por aquel tiempo se unieron con la doctrina de contención comunista de nuestro aliado y principal socio comercial: los Estados Unidos de America. Así se logró mantener a raya los intentos de incursiones de la Cuba castrista en nuestro territorio, con respaldo de la Unión Soviética. Todo lo anterior nos indica que hay que volver a preguntarse por las raíces de nuestra fundación republicana libertaria, y por tanto por nuestra verdadera doctrina militar venezolana. Por ello debemos preguntarnos hoy corajudamente¿Dónde está Miranda?

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