Hay que empezar reiterando cuáles son las perversiones del régimen venezolano que ha ido transformándose desde una supuesta democracia, para acabar siendo una dictadura que comete crímenes de lesa humanidad, con los agravantes de una situación económica desastrosa y unos niveles de delincuencia e inseguridad ciudadana que son de los peores del mundo, provocando que haya más de 4 millones de venezolanos en la diáspora, sin dejar de mencionar que mantiene unos niveles de corrupción brutales. Situación que afortunadamente ya toda la población conoce, al menos 90% de la misma.

Ya están trazadas las líneas para el cambio con el eje cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. La realidad es que en este punto el actual gobierno chavista puede ser definido como un Estado fallido en la peor de las depresiones económicas, sociales y políticas y que no tiene más salida que abandonar el gobierno, que como ya se ha reiterado, será por las buenas o por las malas.

Estoy casi seguro que será por las buenas, porque no es fácil entender que los dirigentes actuales, que saben mejor que nosotros todos los desastres que han generado y la inviabilidad absoluta de su sistema, quieran suicidarse y pagar duramente todas las responsabilidades de sus acciones como criminales de lesa humanidad.

Me extraña los que se anclan en el pesimismo y apuestan a que jamás el chavismo se irá por las buenas de Venezuela. Ya no sé si detrás de ese pesimismo a veces lo que hay son aviesos intereses de defender un sistema político decadente que es una verdadera máquina de sufrimiento, ya no solo para los venezolanos sino para muchos países de su entorno y, en general, para una gran parte del mundo que tiene su vista puesta en los hechos y en la situación que vive el pueblo venezolano.

Hay además algunos que no solo niegan la posibilidad de una salida por las buenas, sino que además se intentan oponer a cualquier acción exterior que presione, provoque o intervenga en favor del cambio, de manera que ellos mismos están fabricando un bucle en el que condenan a los venezolanos a una situación sin salida y además cada momento que pasa la dimensión de destrozo, el sufrimiento y la tortura es mayor.

El ex presidente español Felipe González advirtió hace unas semanas, de manera muy acertada: “No aceptaré la excusa que después de Stalin o de Hitler muchos empleaban diciendo ‘no podíamos ni imaginar, nosotros no lo sabíamos, no lo veíamos” aludiendo claramente a que la realidad de Venezuela es tan evidente que nadie puede permanecer al margen.

Estoy convencido, como ha dicho el presidente encargado Juan Guaidó, que antes de diciembre se habrán ido o habrán sido expulsados los chavistas del poder, creo que incluso pudiera ser en los próximos dos o tres meses, pero en todo caso creo que además de ser así es casi una obligación pensar de esta manera, ya que el pensar positivamente en el cambio lo favorece y sin duda, el pesimismo de algunos ayuda, no tanto a la perpetuación del destrozo social, económico y político de Venezuela ya que esto es imposible, sino a agravarlo, a prolongarlo y a distanciar en el tiempo la salida del mismo.

No solo debemos estar seguros de que salimos de esta, sino que además la salida dará un gran cambio al país, a toda la zona limítrofe, a la mayor parte de Suramérica y otros países fuertemente presionados por la diáspora, sino que habrá una evolución política espectacular recuperando una total democracia y libertades políticas y sociales de todos los ciudadanos y el comienzo de una nueva época económica en rápida evolución hacia el progreso.

Venezuela cuenta y contará con el apoyo de muchos países, la simpatía de una gran parte de los ciudadanos del mundo y con todos los elementos, que ahora no se pueden apreciar, de todos los grandes valores que hasta hace dos décadas tenía Venezuela y que recuperará, la inmensidad y belleza de su país, la riqueza y el potencial de su agricultura, sus reservas de petróleo, la preparación cultural y educativa de sus ciudadanos, su historia de funcionamiento democrático y la capacidad emprendedora de sus empresarios, por citar algunos elementos. El hecho es que de este lado del puente tenemos el infierno, y del otro el paraíso, lo que tenemos que hacer es cruzarlo y trabajar duro para conseguirlo y que los ciudadanos están dispuestos a realizar con bastante esfuerzo. Seguro que se conseguirá en menos tiempo de lo que la gente imagina.

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