La calidad de la atención médica se ha venido deteriorando de manera dramática y progresiva; obviamente este declive no se debe a la falta de capacidad y preparación de los médicos venezolanos que egresan de las facultades de medicina de nuestras universidades tradicionales, reconocidas y autónomas. La causa fundamental es la carencia de recursos, herramientas de diagnóstico e insumos de todo tipo, lo que a su vez está conduciendo a una situación grave e insostenible en los hospitales públicos e incluso en los centros de atención privados, afectados igualmente por esta escasez.

Esto último lo hemos reiterado en numerosas oportunidades. La diáspora médica se está exacerbando cada vez más, y un ejemplo de la excelente preparación de los médicos venezolanos es la receptividad que han recibido fuera de nuestras fronteras donde son aceptados para que ofrezcan sus servicios. Algunos han brillado por su talento y han recibido reconocimientos en importantes hospitales del exterior. No obstante, los profesionales de la medicina que se mantienen ejerciendo en Venezuela tienen que sortear todo tipo de dificultades para atender a los pacientes e incluso salvarles la vida, y así caen simultáneamente en los riesgos que ello significa, ya que recae sobre ellos y el personal de enfermería la responsabilidad de la atención directa del paciente.

De manera injusta se han dado casos de agresión, violencia o denuncias penales en contra de este personal por parte de personas o familiares de algún paciente, como respuesta al fallecimiento de su ser querido, entendiendo por supuesto el gran dolor que sienten en ese momento, ya que no pudo ser debida y oportunamente atendido debido a la caótica y grave crisis de salud por la que atravesamos y de la cual el único y total responsable es el “gobierno”.

Según expertos que han estudiado los factores de riesgo que pueden afectar la calidad de la asistencia médica en los hospitales, no solo incide la escasez de insumos médicos, sino que todos ellos se consideran edificaciones muy complejas en su infraestructura, como es el sistema eléctrico que incluye plantas eléctricas de emergencia, aire acondicionado, ascensores, dotación de agua, equipos de diagnóstico, fallas en las tomas de gases medicinales, y últimamente en el suministro de oxígeno etc., son solo algunos aspectos en relación con la complejidad de dichos centros, y si estos no funcionan adecuadamente también inciden en poder ofrecer una adecuada asistencia médica con oportunidad y calidad.

Hemos visto en las reseñas de noticias, por ejemplo, cómo se afecta el funcionamiento hospitalario en todo el país con las fallas del servicio eléctrico, las cuales son constantes e inciden en servicios vitales como unidades de terapia intensiva y neonatal, servicios de emergencia y quirófanos, y el riesgo que implica incluso para la vida del paciente la importancia de que las plantas eléctricas funcionen con la suficiente autonomía, la cual debe ser de por lo menos 72 horas ante una interrupción del servicio de electricidad y que pueda ser prolongado. Lamentablemente, el deterioro de dichas plantas está presente en la mayoría de los hospitales.

En relación con lo mencionado anteriormente, un prestigioso grupo de ingenieros de la Universidad Simón Bolívar, expertos en infraestructura hospitalaria, consideran que en 90% de los hospitales el sistema eléctrico está comprometido.

También es de suma importancia resaltar la dotación de agua a los hospitales. Hay un alto riesgo de la contaminación del agua que llega a los centros de salud y la rotura de tuberías de aguas servidas en servicios de hospitalización, las cuales no se reparan. Esto incide en el aumento de infecciones intrahospitalarias. La falta de mantenimiento correctivo y preventivo está a la orden del día.

Si bien el proceso médico tiene un gran peso con relación a la asistencia del paciente, hay que considerar que la atención médica debe acompañarse de un componente, a su vez importante, como lo es una adecuada tecnología e infraestructura hospitalaria; por más conocimientos que se tenga, reiterando el ejemplo de nuestros médicos venezolanos, nunca se alcanzará una adecuada calidad en la asistencia medica si no se tiene la tecnología a la mano. Los riesgos seguirán multiplicándose y estamos claros sobre quiénes debe recaer la responsabilidad, y no es precisamente en los médicos. Es indudable el compromiso que asume el Estado al ingresar el paciente a un centro hospitalario, y del cual siempre ha estado lejos de cumplir.