El covid-19 es el asunto prioritario y central hacia el cual deben ser dirigidas las acciones del Estado y la sociedad. Al final, como era esperable, los científicos han tenido la razón: lo peor estaba por venir. Y en esa nueva desventura andamos  en las peores condiciones posibles. Observando los efectos del virus en países en mejores condiciones que el nuestro –sumido, de antemano, en una emergencia humanitaria compleja– es lógico considerar que estamos en vísperas una tragedia colosal. Lo humano, lo sensato y patriótico es que el gobierno de facto y el gobierno interino puedan arbitrar fórmulas de cooperación para posibilitar que toda la ayuda internacional posible y los recursos necesarios vengan cuanto antes. Solos no podemos vista la magnitud del asunto y la devastación a la ha sido sometida la nación.

El presidente Guaidó (a quien como ciudadano y militante democrático respaldo sin fisuras) incurre de nuevo en el error de estimular falsas expectativas en relación con el tiempo y ocurrencia del necesario cambio político al diagnosticar al régimen chavista como uno “agonizante” cuando no hay certeza sobre su fin en el corto plazo. Tampoco debe comprometerse con anuncios en temas sobre los cuales no  tiene competencia ni capacidad de garantizar resultados, nos referimos en concreto al tema de Directv. La creación de expectativas no cumplidas ha sido un desacierto político y comunicacional de la dirección de las fuerzas democráticas porque devalúan la palabra  del presidente y de quienes dirigen,  estimulan  desaliento, pesimismo y desmovilización en la mayoría partidaria del cambio;  recursos que trabaja sin descanso el régimen.

El escenario de encuentro propiciado por el Reino de Noruega para construir una salida negociada a la crisis política venezolana no debe ser despreciado ni subestimado. Es conveniente para los intereses del país la existencia del mismo; siempre y cuando sirva para su propósito y objetivo central. Lo inaceptable para las fuerzas democráticas por perjudicial a los intereses del país y al deseo de los venezolanos de resolver la crisis política es que el mecanismo Noruega solo sirva para que el régimen gane tiempo.

En días pasados los rectores del CNE  Rafael Simón Jiménez y Juan Carlos Delpino (principal el primero y suplente el segundo), quienes se  arrogan, sin fundamento, representar a las fuerzas democráticas, incurrieron en sendas gaffe, que de no serlo por quienes desempeñan el rol aludido no serían más que travesuras sin consecuencias.

El rector  Jiménez aludió en una entrevista pública que este CNE estaba para materializar y aplicar los acuerdos de la Mesa de Diálogo –mejor conocida como “la mesita”. Escenario en el cual acuerdan asuntos de interés nacional e internacional (por sus efectos y consecuencias) un gobierno cuestionado y repudiado por una amplísima mayoría social debido a su carencia de legitimidad de origen y gestión y unos partidos carentes de representatividad socio política. Nada dice el rector de marras sobre la legalidad o pertinencia de lo allí resuelto y santificado por el tsj (modificar sustantivamente la legislación electoral seis meses antes del proceso…), tampoco muestra actitud de independencia en el ejercicio del cargo, más bien pareciera que se asume cual escribano de la tal mesita.

El rector  Delpino declaró hace poco la siguiente perla: “Aumentar el número de diputados no es ilegal aunque contraríe la ley”. Está absolutamente fuera de lugar ese aserto; la legalidad vigente está para cumplirse y no para ser violada precisamente por quienes juran cumplir y hacer cumplirla. Uno se pregunta en qué estaba pensando o pretende hacer Delpino cuando cometió de palabra un acto de potencial prevaricación.

Los criterios expresados por Jiménez y Delpino  cuestionan la idoneidad  de ambos para desempeñar la altísima función para la fueron designados.

¿Quién protege a Rafael Ramírez? Este personaje es después de Chávez y ahora Maduro el responsable principal de la destrucción de Pdvsa por su desastrosa y corrupta gestión con las conocidas consecuencias del caso. Ramírez se pasea libremente por Europa y se da el tupé de declarar y pontificar como si nunca hubiera roto un plato; está, supuestamente, incurso en delitos (algunos de ámbito internacional): lavado de dinero, cohecho, prevaricación…

Felicitaciones a El Nacional por cumplir 77 años. Es un diario marcador de época por su calidad, y en las presentes circunstancias aciagas para Venezuela uno de los pocos   que resisten con ahínco y determinación el monopolio comunicacional impuesto por la dictadura chaviana. ¡Larga vida a El Nacional!


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