Las filas para entrar en las tiendas de las grandes marcas en ciudades como París, Londres y Nueva York, por solo citar algunas, son la mejor muestra de la manera como los chinos viajan y gastan cuando viajan.

Cerca de 120 millones de ciudadanos chinos se aventuran anualmente fuera de sus fronteras en viajes de placer, y saber conocer sus usos y costumbres cuando se encuentran fuera de su zona de confort puede redundar en un buen beneficio para los actores del sector turístico mundial. Apenas en 2013 esa cifra de viajeros era 30% más pequeña y la tendencia sigue siendo creciente. Hoy por hoy, se cuenta un turista chino por cada 17 que se desplazan por el mundo.

En 2015, año en que fueron publicadas las últimas estadísticas de la Organización Mundial del Turismo, los viajeros provenientes de este origen habían dejado ingresos en los países de destino por 300.000 millones de dólares, un per cápita grueso de 2.000 dólares por cada chino que toma sus maletas, erogado en pasajes aéreos, terrestres y marítimos, alojamiento, comida y gasto de diversión. Una cifra para hacer salivar a cualquiera. Al compararlo con lo que gasta un americano para el mismo fin –casi un tercio de este monto– queda claro que el esfuerzo de atracción de clientes se debe ubicar mucho más del lado asiático que occidental.

Además, la avidez que la exploración del mundo está generando entre los chinos hace que su gasto sea cada día mayor. Solo entre 2014 y 2015, este gasto creció 24,5% al lado de 8,8% de los norteamericanos. No es necesario recalcar el impacto que este gasto puede generar en los países de destino y el interés que debe despertar este flujo humano a nivel de los gobiernos.

Aun hoy, sin embargo, el destino preferido de los viajeros chinos siguen siendo los países vecinos del Asia. Más de 70% de ellos se sienten atraídos, por razones de costo y culturales, por las regiones aledañas.

Pero más importante que conocer los números de los movimientos humanos que se generan en China para fines vacacionales es conocer su manera de gastar en diversión y su gasto en artículos que los acompañan de vuelta al terruño.

Las opciones de destinos que se les presentan son accesibles a todos los bolsillos, pero es evidente que no todos gastan por igual. Un alto componente del turismo eroga sus gastos de alojamiento e incluso de alimentación en el propio suelo patrio y llevan muy contados su “pocket money” o dinero de bolsillo. Sin embargo, al escalar en la pirámide social se nota que el chino de clase media –también muy abultado en número– ahorra para sus viajes y gasta en el país de destino en artículos para traer de vuelta, los que, al ser exhibidos, establecen una diferencia cualitativa con sus pares sociales.

Los franceses son los primeros que han entendido y que se preparan para capitalizar el fenómeno. Es que uno de cada tres viajeros incluye al hexágono entre su destino. Se trata de un destino romántico y cultural y lleva implícito el componente de lujo que hace ganar prestigio social. Por ello no existe tienda de gran marca que no contrate personal chino para sus altas temporadas de viajes –Año Nuevo chino en enero-febrero y la Semana Dorada de septiembre-octubre–.

Y no hay que extrañarse si en los hoteles de gran prestigio uno encuentra una tetera de hierro colado estratégicamente ubicada en cada habitación.


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