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Querido líder:

Yo lo admiro porque usted y los amigos que lo mantienen en el poder, como buenos toreros, han logrado lidiar con la oposición de la derecha apátrida que está acompañada por la del centro traidora y por la izquierda moderada burguesa, es decir, por 87% de los venezolanos.

Lo que más he admirado en este tiempo convulso y gracias a su sapiencia infinita es que decidió que ya no le gustaba la Constitución de su comandante eterno (¿se acuerda?, el que nació en Sabaneta de Barinas), quien decía: “Esta es la mejor Constitución del mundo”. Sin embargo, usted, mi admirado comandante en jefe, dijo que había que cambiarla por otra que fuera la más mejor del mundo. Para eso, con el TSJ que nombró, montó una Asamblea Nacional paralela a la legítima y la nombró legítima y a la legítima, la declaró ilegítima. Nunca había visto algo tan maquiavélicamente bien hecho. De ñapa, sus amigos nombraron al fiscal general, al contralor y al defensor del pueblo.

Estoy emocionado querido líder y sin que me malinterprete, confieso que me gustaría invitarlo a bailar porque es que ¡usted sí que tiene son! Inventa vainas que parecen que son verdaderas aunque todo el mundo sabe que no lo son.

Dígame cuando el otro día –¡es que usted no deja de sorprenderme!– unos muchachitos en el destruido, abandonado y malogrado Hospital de Niños morían por falta de tratamiento a pesar de los esfuerzos de los médicos héroes y usted, orondo y rodeado de militares, dijo que iba a inaugurar una fábrica de ametralladoras y mostró en cámara unas motos rarísimas que, según sus palabras, “fueron hechas con material de desecho” y les instalaron un lanzagranadas y una ametralladora. ¡Genial! Esa vaina no se le ocurre a nadie, pero la cosa no quedó allí. Me encantó cuando dijo que iba a mandar esas motos a los barrios con 10.000 simuladores de tiros “para que el pueblo agarre puntería”. ¡Tremenda idea! mi querido comandante en jefe, lo único, y perdone que humildemente le sugiera algo, es que creo que hay que tener cuidado para que a los malandros no se les ocurra atracar con lanzagranadas y ametralladoras.

Otra idea extraordinaria es la de dejar a la gente sin dinero en efectivo. Usted está dando una lección de comunismo, es malo que el pueblo se acostumbre a tener plata para comprar las cosas que quiera porque lo ideal es que mendiguen la bolsa de comida que les regala. Lo del Metro que nunca funciona también le está quedando sensacional, es ideal para que los venezolanos hagan ejercicio. Lo del apagón de cuatro días, ¡ni hablar! y qué bellas se ven las estructuras de cemento por donde iba a pasar un tren que costó 10.000.000.000 de dólares y que hoy, ornamentalmente, decoran la autopista desde Aragua hasta Carabobo y desde Petare hasta Guarenas. Fíjese que en Egipto tuvieron que esperar 4.000 años para que las cosas se arruinaran, en cambio usted ya las construye hechas ruinas.

Ah, no, pero dónde me deja eso de que la gente se quede sin gasolina. ¡Eso sí que no tiene nombre!, qué venganza tan sabrosa para ese 87% de venezolanos que no lo quieren y para quienes lo quieren también. ¡Bien hecho! ¡Se lo tienen merecido! Eso es terapia ocupacional, pues en lugar de estar maquinando en cómo salir de usted, ellos se mantendrán ocupados durante tiempo infinito haciendo cola.

Y hablando de cola, lo de poner durante horas y a veces hasta días a los abuelitos en una interminable fila india como cuando eran niños de kinder para cobrar una pensión que no alcanza para comprar un pollo, es sencillamente extraordinario y plausible, porque tengo entendido que esos viejitos fueron adecos y copeyanos y eso hay que pagarlo.

Querido líder, usted se ha convertido en un mago extraordinario: mete la mano en el petróleo y lo desaparece, mete la mano en el cemento y lo desaparece, mete la mano en los pasaportes y los desaparece para siempre, a menos que los de la derecha se bajen mínimo con 1.000 dólares. Mete la mano en las siembras de caña de Aragua que tenían 300 años y en un santiamén convierte aquella belleza en un tierrero infértil. Mete la mano en las empresas básicas de aluminio y acero y más nunca nadie ve una cabilla ni un simple papel de aluminio. ¡Usted logró tamaña proeza!, desaparecer la mayor reserva de gas del planeta de un solo tiro. Pero lo más arrecho es cuando usted agarra preso a los diputados con inmunidad parlamentaria… ¡zuás!, también los desaparece.

¡Usted es grande, hermano! Tan grande como el extraordinario Harry Houdini, aquel mago escapista del siglo pasado quien, amarrado, encadenado y sumergido en un pipote gigante de agua, siempre lograba huir. A Houdini le salieron bien sus trucos de escapismo hasta que un día se ahogó ante los ojos atónitos del público y de sus ayudantes, quienes por cierto no hicieron nada para salvarlo. Dios me lo salve a usted.

Bueno, mi querido Kim Jong-un, me despido diciendo como usted siempre dice: “La lucha sigue”. ¡Claro que sigue y va muy bien!

Y tocando otro tema, me tiene preocupado otro mago buenísimo  que apareció por allí, uno de apellido Guaidó que… ¡Ay, se me acabó la página!